|
«Salid
al camino, hermanos, que no amanece por nada».
José Antonio Labordeta,
Compañeros, 1978.
1. Introducción
La arriería
fue una de las principales actividades económicas
en Naval (Figura 1), junto con su afamada sal y su igualmente
apreciada alfarería (Figura 2). Este hecho estaba
propiciado por la ubicación estratégica
de la localidad, a caballo entre la montaña y
la tierra plana (Figura 3). Los condicionamientos históricos,
los factores agrícolas y geográficos,
los modos de vida, las mercancías, el declive
del oficio y su relevancia cultural fueron objeto de
estudios pioneros (Cajal, 1969; Fuster, 1983), además
de otros publicados posteriormente sobre los moros de
Naval (Nabal en aragonés) (Conte, 2013)
y sobre otros aspectos de los arrieros navaleses (Rodríguez,
2009).

Figura 1. Vista general
de Naval desde el Santuario de Los Dolores. Archivo
Casa Susana (Naval).
Por lo que respecta
a la alfarería de Naval, se remite a las personas
interesadas en el tema al estudio de la profesora María
Isabel Alvaro (1971) así como al corto del etnólogo
altoaragonés Eugenio Monesma (1989).

Figura 2. Fuente de
la Calle Mayor de Naval (1918), restaurada con las tres
actividades de la villa:
la sal, la alfarería y la arriería (representada
por el carro). Archivo Casa Susana.

Figura 3. Ubicación
estratégica de Naval (flecha blanca), entre Somontano,
Sobrarbe y Ribagorza.
Detalle del mapa de la provincia de Huesca, Ministerio
de Obras Públicas, 1965.
Uno de los últimos
arrieros activos fue Mariano (o Marianer) de
Casa Casolas de Naval (Figura 4). El contenido que sigue
a continuación surge de las extensas charlas
mantenidas en enero de 2010 con su hija, Carmen Santaliestra
Sánchez (mi madre). Ella, que nació en
julio de 1932, tenía entonces 77 años.
Carmen conoció a diversos arrieros de Naval en
activo: Casolas, Banastón,
Cardelina, Susana, Luquetas,
L’Aguador...

Figura 4. Mariano Santaliestra
Lacoma, Marianer. Archivo Casa Susana.
2. El personaje
Mariano Santaliestra
Lacoma, nació en Naval el 7 de julio de 1900,
en casa Casolas (Figura 5), hogar de una reconocida
familia de arrieros. Su madre era Joaquina Lacoma Lacambra
(Figura 6), nacida en 1876, de Casa Casolas de Naval,
e hija a su vez de Mariano Lacoma (de Angüés)
y Joaquina Lacambra (La Mipanesa), de Casa
Francho Cambra de Mipanas. Su padre, Francisco Santaliestra
Ferrer (mi bisabuelo) era de Casa La Totona de Lo
Grau (El Grado) y de oficio carbonero; y, a su
vez, hijo de Margarita Ferrer y de Francisco Santaliestra,
ambos de Lo Grau.

Figura 5. Casa Casolas
de Naval, esquinera entre la Calle Mayor y la calle
Nueva. Archivo Casa Susana.
Siendo muy joven, en
torno a los 18 años, se quedó sin padre,
que falleció prematuramente en el año
de la gripe (1918), enfermedad de la que fueron víctimas
muchos arrieros de oficio. Marianer tuvo que
suceder en el oficio de la arriería a su padre
para sacar adelante la casa, en la que vivía
con su madre, su abuela materna, que ya era muy mayor,
su hermana María, nacida en 1905, y su hermano
Francisco Francher, nacido en 1911, y que acabaría
convirtiéndose en el tión de la casa (Figura
7).

Figura 6. Joaquina
Lacambra Lacoma, madre de Marianer. Archivo
Casa Susana.

Figura 7. Francisco
Santaliestra Lacoma, Francher, hermano de Marianer.
Fuente: Eugenio Monesma.
Se casó en los
años veinte del siglo pasado con Presentación
Sánchez Torres, nacida en 1902 en Casa Sánchez
de Hoz de Barbastro (Figura 8). Se instalaron en Casa
Casolas de Naval, donde tuvieron dos hijas: Presentación,
que nació el 31 de julio de 1929 (Figura 9) y
Carmen, que lo hizo el 16 de julio de 1932 (Figura 10).
Lamentablemente, su esposa falleció el 22 de
febrero de 1935, con apenas 33 años, quedando
viudo con dos niñas de poco más de 2 y
5 años respectivamente, y con su madre, que se
encargó de su crianza y educación.

Figura 8. Presentación
Sánchez Torres, esposa de Marianer.
Archivo Casa Susana.

Figura 9. Presentación
Santaliestra, hija de Marianer, con su esposo
Ramón Fuster Bafaluy, de Lo Grau.
Archivo Casa Susana.
Tras muchos años
de ejercicio como arriero, con una epidemia de gripe
española, una guerra civil y una posguerra
de por medio, Marianer falleció en Naval
el 26 de noviembre de 1965, apenas unos meses después
de que lo hiciera su madre, Joaquina Lacoma, el 24 de
junio de ese mismo año.

Figura 10. Carmen Santaliestra,
hija pequeña de Marianer, que casaría
con el
arriero José Fuster. Archivo Casa Susana.
3. Productos
Antes de la Guerra,
Casolas llevaba a la montaña aceite
de Naval. Tenían dos depósitos en casa
y lo iba subiendo en los viajes, aunque Carmen ya no
fue testigo de esa época. Todavía se conserva
uno de esos depósitos en la despensa o masador
de Casa Casolas de Naval (Figura 11). El aceite lo llevaban
en crabunas, una especie de boticos de piel
al efecto. En los años cincuenta se constituyó
una cooperativa alrededor del molino oleario de Naval
(Figura 12).

Figura 11. Depósito
de aceite en el masador de Casa Casolas.
Archivo Casa Susana.

Figura 12. Rueda del
molino oleario de Naval, conservada en su ubicación
original en la Calle Mayor.
Archivo Casa Susana.
Durante muchos años
subió vajilla de Naval (Figura 13). Hubo una
gran producción en los años treinta y
en los años siguientes a la guerra civil, con
hasta 14 talleres a pleno rendimiento (Figura 14). Todo
empezó a cambiar a partir de los años
60, con la aparición de la porcelana metálica
y la generalización de las cocinas, primero eléctricas
y después de butano. Los arrieros compraban a
los olleros, en los alfares de Atoriz, Palomera, Funfún,
Gonzalo o Buetas (Figura 15), entre otros. Se compraban
cazoletas por cuentos de a 16 piezas,
de a 14 piezas, etc. (ver anexo
al final del capítulo). La vajilla cerámica
la transportaba en todos sus viajes, excepto en el que
hacía en invierno (Figura 16). Por el contrario,
Marianer nunca transportó sal.

Figura 13. Piezas cerámicas
de Naval.

Figura 14. Colectivización
de la actividad alfarera durante la guerra civil.
Concentración de alfareros en el alfar de los
Echevarría-Trillo.

Figura 15. Alfarería
de Paco Buetas, Naval. Archivo Casa Susana.

Figura 16. Piezas cerámicas
en la chaminera de Casa Casolas.
Archivo Casa Susana.
El viaje del invierno
se hacía con productos de casa, especialmente
los orejones y las figas. En el verano se secaban
las tiras de melocotón y los higos con los que
se elaboraban esos productos en la falsa de la casa,
un amplio mirador con tres grandes cañizos (Figura
17). Los orejones los introducían en sacos limpios
donde los transportaban a granel, aunque los vendían
por kilos, es decir, al por menor. Con esos estupendos
higos y orejones, fruto de las figueras y melocotoneros
caseros de Pisa, Guibano, etc. (Figura 18), Marianer
sacaba un viaje buenísimo, pero solo uno.

Figura 17. Falsa de
Casa Casolas con cañizo para el secado de figas
y orejones.
Archivo Casa Susana (Naval).

Figura 18. Pajar, era
y huerto de Casolas. Archivo Casa Susana.
El trueque estaba muy
bien considerado en Casa Casolas porque suponía
una doble ganancia. Él llevaba esos productos
y, a cambio, recogía pieles, judías blancas
(largas y boliches), lana, quesos, huevos y,
ocasionalmente, perchas. Las judías las bajaba
en sacos arroceros y luego los particulares las iban
a comprar a su casa, por almudes. Los quesos curados
de las ovejas de la montaña los vendía
en Naval, especialmente en verano, y más ocasionalmente
en Hoz de Barbastro. La lana de los valles de Broto
y Vallibió era particularmente buena,
y bajaron mucha; la utilizaban, entre otras cosas, para
hacer colchones y, curiosamente, cuando las parejas
se casaban era típico barar un colchón
de lana nueva. Los productos que no servían para
casa los adineraba en Jánovas y otros
lugares, durante el viaje de vuelta.
4. Rutas
Casolas siembre
iba y recorría las mismas rutas: Val de Broto
y Vallibió (Fanlo, Sarbisé,
Broto, Oto, etc.). Iba con un carro de arriero y dos
caballerías: dos mulos (machos) y, en
la última época, un macho y un
burro. En el camino de subida hasta Mediano o Jánovas
(Mesón de Frechín) le acompañaba
su hermano Francher; desde allí éste
se volvía con una de las dos caballerías
para poder seguir trabajando en la casa.
Marianer de
Casolas paraba con el carro en Sarbisé
desde donde organizaba el reparto: en el mulo, con cargas,
iba a los pueblos de alrededor, por los caminos de herradura.
En los últimos años, transportes Viñola
le dejaba los higos allí. El lugar era Casa Gayán
(o Gallán) de Sarbisé (Figura
19), donde era muy querido; de esa casa (Fernando) bajaron
varias veces a comprar caballerías a Barbastro
y siempre paraban en Casa Casolas de Nabal.
Y Mariano siempre paraba esa casa, que se convirtió
en su centro de operaciones, y desde allí hacía
todas sus pequeñas rutas por los estrechos caminos
rurales.

Figura 19. Casa Gayán
de Sarbisé, en la actualidad.
5. Las caballerías
Las caballerías
las compraba en las ferias de Barbastro, reemplazándolas
cuando se hacían viejas. El año que se
cambiaba una caballería suponía dos o
tres años de estrecheces. En aquella época
era mucho más importante comprar unas caballerías
que comprar un coche; de hecho, muchas casas carecían
de ellas. Cuando estaban en casa, sin trabajar, consumían
hierba y paja; cuando llevaban carga o labraban se les
daba pienso o grano (ordio). En Casa Casolas,
la cuadra y la cochera estaban anejos al patio donde
se criaban y se cuidaban (Figura 20).

Figura 20. Cochera
aneja a patio y cuadra en casa Casolas.
Archivo Casa Susana.
6. Guerra y
posguerra
Los años de
la Guerra Civil en Naval (1936-1938), toda la familia
se refugió en una caseta de la partida de Guibano,
donde tenían una buena finca. Allí estuvieron
con otra familia, Casa Zamoreta, con la que tenían
parentesco al estar casada su hermana María en
esa casa, con Paulino González. Mientras, su
casa de la calle Mayor fue cuidada por los de Casa Puyuelo
y no destrozaron nada, a diferencia de lo que ocurrió
en otras casas. Naval fue frente durante la guerra y
en la partida de Pisa se construyeron trincheras y fortificaciones
(Figura 21). En abril de 1938 acabó la guerra
en la localidad y pudieron volver a sus casas.

Figura 21. Panel explicativo
de las fortificaciones de la Guerra Civil en Naval.
Tras la Guerra Civil,
los arrieros reanudaron sus viajes y de entonces son
los recuerdos de Carmen. Marianer bajaba también
patatas durante esos primeros años de posguerra;
luego ya sembraron en casa. En aquel periodo tenían
que llevar un salvoconducto que les expedían
en el cuartel de la Guardia Civil de Naval (alguna vez
fue Carmen a buscarlo, con 15 años o así).
Los arrieros pasaban varios controles, uno de ellos
en Boltaña. Cuando bajaban les revisaban exhaustivamente
toda la carga.
Cuando Marianer
iniciaba su viaje de regreso con el carro desde L’Aínsa
llegaba sobre las tres de la tarde a casa; si salía
del Mesón de Frechín llegaba cuando ya
oscurecía. De niñas, sus hijas Presen
y Carmen salían a esperarlo a la era El Estozador,
y cuando lo veían llegar por la carretera del
Alto del Pino, se echaban a correr hasta que lo alcanzaban.
Les hacía una gran ilusión. Siempre llevaba
cosas, «bajaba bella
res, patatas, pieles, comida abundante…»
recuerda Carmen.
En el año 1949,
su hija (Carmen) comenzó a festejar
con José Fuster (Casa Susana) (Figura 22). José
partenecía a otra familia de arrieros, de la
que se tratará en el próximo capítulo.
En Casa Casolas se pusieron contentos porque entonces
los arrieros vivían bien, manejaban dinero y
no les faltaba de nada; sobre todo en aquellos años
de posguerra, tan duros. Mi madre tenía 16 años
y, cuando anoté estos recuerdos, tenía
77. Tras la boda de Carmen y José en 1953, Marianer
se llegó a juntar con su yerno en sus viajes
a la montaña. También coincidía
a veces con Banastón, otro arriero de
Naval, que en alguna ocasión «le
cogía la ruta», es decir que
le comía el terreno con el consiguiente enfado.

Figura 22. Carmen (hija
de Marianer) y José, festejando, en
torno a 1950.
Archivo Casa Susana.
Casolas ejerció
muchos años, hasta pocos antes de su muerte.
En algún caso llegó a llevar a vender
loza basta blanca. Los últimos años ya
solo hacía el viaje de invierno, de las figas
y los orejones, pero ya no en su carro y con sus caballerías
sino en el bus de línea. Su último
viaje sería hacia 1960-1961. Durante sus últimos
años finales estuvo enfermo del corazón
y de los bronquios, teniendo que dejar de fumar, cuando
ya no tenía remedio, hasta su muerte. Casa Casolas
continuó con Presen y Ramón,
junto a tío Francisco (Figura 23).

Figura 23. Grupo de
vecinos en la calle Mayor de Naval, frente a Casa Casolas.
7. Anécdotas
En una ocasión,
bajando de Sarbisé, le salió
uno al paso, con la cara tapada, y le pidió la
cartera; Marianer le dijo «espere,
que la tengo atrás del carro».
Sacó la barra o trabuco del carro y así
que lo vio el asaltador, se escapó por «una
marguin para abajo, garras pa que me querez».
En el primer viaje
que hizo a la montaña tras enviudar, le decían:
«En medio de todo, has teniu suerte, que tan quedau
dos mozetas y en acabarás teniendo 4 de hijos».
Ya viudo pero mozo de buena planta y guapo, estando
en la cama del mesón de Aínsa con una
mujer, les crujió ruidosamente el somier; según
Carmen «les puson una
trampa». Hablando de mujeres, había
una choben de Buesa, Cesárea Guaso,
con la que Marianer, ya viudo, mantenía
relaciones durante sus viajes. Un domingo ella se presentó
en su casa de Naval porque tenía que hablar con
él. La abuela preparó cena y mandó
a Carmen (a la sazón con 10-11 años) al
Café de Palo a buscar a Marianer. Tras
cenar, Marianer se fue de nuevo al Café.
La abuela dispuso que Cesárea durmiera en la
habitación de Francher, que estaba en
la mili, y se quedó atenta ojo avizor. Marianer
llegó tarde, subió y se metió en
la habitación donde pernoctaba la choben. Ipso
facto, l’agüela se levantó y
dijo: «Marianer, que
en esta casa no se ha visto nunca una vergüenza
como esta». Asinas, que tuvieron
que dormir cada uno en su habitación. A la mañana
siguiente, la choben de Buesa, pronto y sin
despedirse, se marchó en el coche de línea
cara ta Boltaña. En la guía de
los papeles de ventas del arriero, aparecía el
nombre de la choben, a la que había
vendido en viajes anteriores y se supone que lo haría
también después de aquel episodio.
8. Referencias
Alvaro, M. I. 1971-74.
La ollería de Naval (Huesca). Argensola,
71-78: 71-94.
Cajal, P. 1969.
X siglos de historia
de Naval (Huesca) y sus Salinas y anecdotario del autor.
Edición del autor, Barcelona.
Conte, A. 2013. Los
moros de Naval (Nabal) en los siglos XV y XVI. Aragón
en la Edad Media XXIV: 91-139.
Fuster, V. 1983. Una
tradición extinguida: los arrieros de Naval.
IV Congreso Nacional de Artes y costumbres populares,
179-194, I.F.C. Zaragoza.
Monesma, E. 1991.
Los hornos de Naval. Video disponible en YouTube.
https://www.youtube.com/watch?v=XbnrXBMvzQQ
Rodríguez,
J. M. 2009. Arrieros en Serrablo. La sal y el origen
de la arriería: Naval, centro salinero del Alto
Aragón. Serrablo, 152: 21-24.
|