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4. Epidemias: un lastre para el tránsito de personas y mercancías
  Juan Miguel Rodríguez Gómez
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Anexo. De los santos protectores a los santos barbudos

«Pero algo tiene el Santo [San Antón] cuando todavía se le venera. A lo mejor es porque todos somos un poco arrieros, que vamos de jornada por este mundo, aunque no llevemos reata ni caminemos junto a ella». Chavala, 2012.

Durante las épocas de epidemias, las ciudades, villas y pueblos del Alto Aragón se encomendaron a numerosas vírgenes, santos y santas. Entre todo el santoral, San Sebastián, San Fabián y San Roque fueron, por antonomasia, los santos protectores en las épocas en las que las olas infecciosas diezmaban Europa.

San Sebastián fue, sin duda, el más demandado en tales circunstancias. Para muchos, la peste era como una lluvia de flechas que Dios, encolerizado, lanzaba contra los hombres como castigo por sus pecados. Esta visión tiene su origen en la antigua Grecia, donde se describe a Apolo disparando flechas infectadas con la peste sobre el campamento griego durante la Guerra de Troya. La iconografía nos suele presentar a San Sebastián recibiendo las flechas en su cuerpo, protegiendo así a quienes le invocan. La tradición atribuye a su intercesión el fin de la peste que devastara Roma en el año 680. A partir de ese momento, San Sebastián fue considerado como el principal abogado contra la peste y otras enfermedades infecciosas.

El culto de San Sebastián ha estado siempre unido al de San Fabián. Los martirologios más antiguos ponían ya juntos sus nombres y juntos permanecen aún en las letanías de los santos. Juntos permanecieron como los santos de la peste y juntos se celebran cada 20 de enero. Aquellas poblaciones que veían acercarse una epidemia a sus límites recurrían a la intercesión de estos santos para que pasase de largo; si, a pesar de todo, la epidemia azotaba la localidad se les rezaba para que se fuese lo antes posible. Pequeñas localidades quedaron sin vecinos como consecuencia de las epidemias. A modo de ejemplo, un documento del siglo XVI dice que «en 1.518 se encendió en todo Aragón un accidente pestilencial, y especialmente en este partido de Huesca, que se amortaron muchos lugares como Basques, Arnillas, Clivito, Quinto y otros». Otras, de mayor entidad, vieron como su población se redujo notablemente: «En 1.599 murió la tercera parte de los moradores de Loporzano a resultas de una epidemia y que el contagio duró seis meses y medio justo. Al remitir la peste los supervivientes acordaron celebrar una fiesta anual en honor de los santos Fabián y Sebastián». La temible peste que afectó a Laluenga se detuvo un 20 de enero, festividad de ambos santos; por este motivo se les tomó por patronos.

Las fiestas en honor a San Sebastián y San Fabián siguen estando muy extendidas en el Alto Aragón. La lista de pueblos que, de una forma u otra, las siguen celebrando es realmente amplia: Abiego, Aínsa, Alcubierre, Alerre, Almunia de San Juan, Alquézar, Ansó, Azanuy, Azlor, Bierge, Biescas, Biniés, Biscarrués, Castejón de Monegros, Costean, Eriste, Escarrilla, Guasa, Guaso, Iscles, Labuerda, Laluenga, Lagunarrota, Lanaja, La Puebla de Fantova, La Puebla de Roda, Lasieso, Linás de Broto, Luzán, Morrano, Naval, Oliván, Orna, Osso, Peraltilla, Radiquero, Sabiñánigo Alto, Selgua, Tamarite, Tierrantona, Usón, Villarreal de la Canal, Viu de Linás y Yésero. El sentido purificador del fuego tenía un especial significado el día de estos santos. En muchos de estos lugares se encendían las típicas hogueras mientras que en otros plantaban un pino que quemaban para prevenir o hacer desaparecer las pestes. También encendían hogueras en Aragüés del Puerto, Azara, Bailo, Banastás, Barbuñales, Binacua, Buera, Castiello de Jaca, Colungo, Fago, Gurrea de Gállego, Huerta de Vero, Lascellas, Ponzano, Panticosa, Peralta de Alcofea, Pertusa, Pozán de Vero, Rodellar, Santa Cilia de Jaca, Santa Cruz de la Serós, Torres de Alcanadre, Torres de Barbués, Villanúa...

Tampoco son pocos los pueblos que tienen una ermita dedicada a los santos Sebastián y Fabián (juntos o por separado) (Figura 1). De hecho, el culto a los santos de la peste arraiga en los siglos XV y XVI como devoción omnipresente en ermitas alejadas de los núcleos de población. Sirvan como ejemplos Albelda, Arbués, Javierregay, Oto, Martés, Usón, Radiquero… A otra ermita de San Sebastián acuden conjuntamente de Ejep, Perarrúa, Torre de Obato, Arués y El Mon mientras que en Laguarres van con los de Pociello. El día de los santos Sebastián y Fabián, los pueblos de Fiscal, Berroy, Borrastre, San Juste, Lardiés y Arresa iban a la ermita de San Salvador y San Miguel mientras que los de Baldellou iban de romería a la ermita de la Virgen de Vilavella. Ese mismo día, Angüés celebraba su feria anual.

En muchos otros casos, han desaparecido o no se celebran con la profusión de festejos de antaño por celebrarse en una estación desapacible y por la despoblación: Agüero, Aineto, Anzánigo, Artasona, Beranuy, Binué, Canfranc, Chía, Formigales, Igriés, Jasa, Javierregay, Lagunarrota, Lastanosa, Lecina, Liesa, Ligüerre de Cinca, Literá, Loporzano, Riglos o Santaliestra y San Quílez. Asimismo, le festejaban en los actuales despoblados de Bolturina, Caserras del Castillo, Grustán, Jánovas, Olaria, Sarsa de Surta, Soperún, Tierrantona y Trillo.

Figura 1. Retablo de San Fabián y San Sebastián. Ermita de San Fabián y San Sebastián, Radiquero, 1917. Maestro Pedro García de Benabarre, segunda mitad del siglo XV. El retablo fue destruido en 1936. Archivo Mas.

Curiosamente, en algún caso, las celebraciones tienen su origen en fechas bastante más recientes. Así, la festividad de San Sebastián adquirió rango de fiesta local en Grañén después de que la epidemia de gripe de 1918, que tanto afectó a muchos pueblos limítrofes, apenas tuviera incidencia en esa villa.

San Roque, el tercero de estos santos liberadores de la peste, llega más tarde pero su devoción también fue popular, sobre todo a partir del siglo XVII (Figura 2). Según la tradición hagiográfica, Roque, de origen francés pronto decidió llevar una vida de peregrino. En sus andanzas por Italia, encontró una ciudad devastada por la peste: poniendo en peligro su propia vida asistió y animó a los enfermos y curó a muchos de ellos. Después continuó su peregrinación y en Plasencia sintió los primeros síntomas de la enfermedad. Se retiró a un bosque para morir en soledad y no contagiar a nadie. En su retiro, un perro lo alimentaba llevándole pan todos los días, y un ángel curaba sus heridas. Es uno de los santos más fácilmente reconocibles de la iconografía cristiana ya que es el único que muestra en el muslo un bubón pestilente y, además, está acompañado por un perro que lleva un pan en la boca.

En consecuencia, la devoción a San Roque como abogado contra la peste estaba más que justificada. Sin embargo, fue la universal devoción a San Sebastián, venerado como abogado contra las epidemias desde hace mucho tiempo atrás, la que postergó un tanto la popularidad de San Roque. No obstante, muchos pueblos del Somontano celebran fiestas en honor a San Sebastián, el 20 de enero, y a San Roque, el 16 de agosto, encendiendo en ambos casos hogueras en las que arde un fuego purificador (Figuras 2 y 3).

Figura 2. San Roque y San Sebastián. Calvera, siglo XVI. Museo Diocesano de Barbastro. Juan M. Rodríguez.

Figura 3. Ermita de San Roque en La Puebla de Castro, antiguo punto clave en las comunicaciones entre Barbastro y la Ribagorza. Juan M. Rodríguez.

San Sebastián tiene el honor de pertenecer a otro club selecto, por el que existe gran devoción en todo Sobrarbe: Los santos barbudos. Le acompañan San Victorián (12 de enero) y San Antón (17 de enero). En algunos sitios añaden a San Vicente Mártir (o de Huesca) (22 de enero), a San Blas (3 de febrero) e incluso a otros santos. La tradición asocia el frío de mediados de enero con la barba de los santos. Ya lo dice el refrán «por San Antonio hace un frío del demonio; por San Sebastián, un frío que no se puede aguantar, y por San Vicente, el sol toca los torrentes, y allá donde no toque, no plantes ni casa, ni árbol, ni viña». Si revisamos la iconografía, resulta evidente que San Victorián y San Antón siempre hacen gala de una copiosa barba, mientras que la de San Blas es más modesta y está más cuidada. Pero San Vicente y, especialmente, San Sebastián se presentan con caras completamente lampiñas. No obstante, siempre serán santos barbudos, no como ese tal San Roque al que, a pesar de su buena barba, se le exilió al mes de agosto ¡a quién se le ocurre, con el calor que hace entonces! En muchas localidades se realizan hogueras en honor de unos u otros, aunque San Sebastián y San Antón se llevan la palma (Figura 4). Como se indica en el cartel anunciador de 2023, «las hogueras reviven la tradición del fuego, símbolo solar. Mientras la tierra duerme, el fuego calienta los hogares, purifica las almas, protege contra los maleficios y trae la bendición sobre las personas, los animales y las cosechas».

Figura 4. Al calor de los santos barbudos. La tradición se mantiene en Sobrarbe. Cartel de hogueras en 2023 (Oficina Municipal de Turismo de Aínsa).

San Antón tiene un privilegio añadido ya que, era junto con San Hipólito (aunque este en menor medida), el gran protector de los animales, especialmente de las caballerías, tan importantes antaño para la economía del Alto Aragón. Por lo tanto, no es de extrañar que sea especialmente venerado en Naval, gran centro arriero del Alto Aragón. De hecho, es el patrón del Barrio de Cotón, el bario más antiguo de Naval y donde se concentraban los míticos moros de Naval. Por supuesto, se hace una hoguera en el barrio, al lado mismo de la capilla de San Antón, un pequeño edificio rectangular de nave única y bóveda de cañón del siglo XVII. La capilla prácticamente colinda con Casa Luquetas, sinónimo de gran saga de arrieros. ¡Cuántos pucheros vendió el mítico Leoncio Lacambra en Arcusa, Matidero, Laguarta, Sarsa de Surta…! (Figura 5). Precisamente, en esa casa se celebra una gran comida de hermandad de los navaleses en honor a San Antón, con los hijos de Leoncio como organizadores de lujo.

Figura 5. Fiesta de San Antón 2023 en el barrio de Cotón (Naval). La hoguera se está preparando. Enfrente Casa Luquetas y a la derecha la capilla de San Antón. Juan M. Rodríguez.


Referencias

Adell, J.A., García, C. San Sebastián. Blog de José A. Adell y Celedonio García. 17 de enero de 2011. http://garcia-adell.blogspot.com.es/2008/01/san-sebastin.html

Chavala, M.A. 2012. Santos capotudos, arrieros y carreteros. Diario del Alto Aragón, 29 de enero de 2012.