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Anexo. De los
santos protectores a los santos barbudos
«Pero
algo tiene el Santo [San Antón] cuando
todavía se le venera. A lo mejor es porque todos
somos un poco arrieros, que vamos de jornada por este
mundo, aunque no llevemos reata ni caminemos junto a
ella». Chavala, 2012.
Durante las épocas
de epidemias, las ciudades, villas y pueblos del Alto
Aragón se encomendaron a numerosas vírgenes,
santos y santas. Entre todo el santoral, San Sebastián,
San Fabián y San Roque fueron, por antonomasia,
los santos protectores en las épocas en las que
las olas infecciosas diezmaban Europa.
San Sebastián
fue, sin duda, el más demandado en tales circunstancias.
Para muchos, la peste era como una lluvia de flechas
que Dios, encolerizado, lanzaba contra los hombres como
castigo por sus pecados. Esta visión tiene su
origen en la antigua Grecia, donde se describe a Apolo
disparando flechas infectadas con la peste sobre el
campamento griego durante la Guerra de Troya. La iconografía
nos suele presentar a San Sebastián recibiendo
las flechas en su cuerpo, protegiendo así a quienes
le invocan. La tradición atribuye a su intercesión
el fin de la peste que devastara Roma en el año
680. A partir de ese momento, San Sebastián fue
considerado como el principal abogado contra la peste
y otras enfermedades infecciosas.
El culto de San Sebastián
ha estado siempre unido al de San Fabián. Los
martirologios más antiguos ponían ya juntos
sus nombres y juntos permanecen aún en las letanías
de los santos. Juntos permanecieron como los santos
de la peste y juntos se celebran cada 20 de enero. Aquellas
poblaciones que veían acercarse una epidemia
a sus límites recurrían a la intercesión
de estos santos para que pasase de largo; si, a pesar
de todo, la epidemia azotaba la localidad se les rezaba
para que se fuese lo antes posible. Pequeñas
localidades quedaron sin vecinos como consecuencia de
las epidemias. A modo de ejemplo, un documento del siglo
XVI dice que «en 1.518
se encendió en todo Aragón un accidente
pestilencial, y especialmente en este partido de Huesca,
que se amortaron muchos lugares como Basques, Arnillas,
Clivito, Quinto y otros». Otras, de
mayor entidad, vieron como su población se redujo
notablemente: «En 1.599
murió la tercera parte de los moradores de Loporzano
a resultas de una epidemia y que el contagio duró
seis meses y medio justo. Al remitir la peste los supervivientes
acordaron celebrar una fiesta anual en honor de los
santos Fabián y Sebastián».
La temible peste que afectó a Laluenga se detuvo
un 20 de enero, festividad de ambos santos; por este
motivo se les tomó por patronos.
Las fiestas en honor
a San Sebastián y San Fabián siguen estando
muy extendidas en el Alto Aragón. La lista de
pueblos que, de una forma u otra, las siguen celebrando
es realmente amplia: Abiego, Aínsa, Alcubierre,
Alerre, Almunia de San Juan, Alquézar, Ansó,
Azanuy, Azlor, Bierge, Biescas, Biniés, Biscarrués,
Castejón de Monegros, Costean, Eriste, Escarrilla,
Guasa, Guaso, Iscles, Labuerda, Laluenga, Lagunarrota,
Lanaja, La Puebla de Fantova, La Puebla de Roda, Lasieso,
Linás de Broto, Luzán, Morrano, Naval,
Oliván, Orna, Osso, Peraltilla, Radiquero, Sabiñánigo
Alto, Selgua, Tamarite, Tierrantona, Usón, Villarreal
de la Canal, Viu de Linás y Yésero. El
sentido purificador del fuego tenía un especial
significado el día de estos santos. En muchos
de estos lugares se encendían las típicas
hogueras mientras que en otros plantaban un pino que
quemaban para prevenir o hacer desaparecer las pestes.
También encendían hogueras en Aragüés
del Puerto, Azara, Bailo, Banastás, Barbuñales,
Binacua, Buera, Castiello de Jaca, Colungo, Fago, Gurrea
de Gállego, Huerta de Vero, Lascellas, Ponzano,
Panticosa, Peralta de Alcofea, Pertusa, Pozán
de Vero, Rodellar, Santa Cilia de Jaca, Santa Cruz de
la Serós, Torres de Alcanadre, Torres de Barbués,
Villanúa...
Tampoco son pocos los
pueblos que tienen una ermita dedicada a los santos
Sebastián y Fabián (juntos o por separado)
(Figura 1). De hecho, el culto a los santos de la peste
arraiga en los siglos XV y XVI como devoción
omnipresente en ermitas alejadas de los núcleos
de población. Sirvan como ejemplos Albelda, Arbués,
Javierregay, Oto, Martés, Usón, Radiquero…
A otra ermita de San Sebastián acuden conjuntamente
de Ejep, Perarrúa, Torre de Obato, Arués
y El Mon mientras que en Laguarres van con los de Pociello.
El día de los santos Sebastián y Fabián,
los pueblos de Fiscal, Berroy, Borrastre, San Juste,
Lardiés y Arresa iban a la ermita de San Salvador
y San Miguel mientras que los de Baldellou iban de romería
a la ermita de la Virgen de Vilavella. Ese mismo día,
Angüés celebraba su feria anual.
En muchos otros casos,
han desaparecido o no se celebran con la profusión
de festejos de antaño por celebrarse en una estación
desapacible y por la despoblación: Agüero,
Aineto, Anzánigo, Artasona, Beranuy, Binué,
Canfranc, Chía, Formigales, Igriés, Jasa,
Javierregay, Lagunarrota, Lastanosa, Lecina, Liesa,
Ligüerre de Cinca, Literá, Loporzano, Riglos
o Santaliestra y San Quílez. Asimismo, le festejaban
en los actuales despoblados de Bolturina, Caserras del
Castillo, Grustán, Jánovas, Olaria, Sarsa
de Surta, Soperún, Tierrantona y Trillo.

Figura 1. Retablo de
San Fabián y San Sebastián. Ermita de
San Fabián y San Sebastián, Radiquero,
1917. Maestro Pedro García de Benabarre, segunda
mitad del siglo XV. El retablo fue destruido en 1936.
Archivo Mas.
Curiosamente, en algún
caso, las celebraciones tienen su origen en fechas bastante
más recientes. Así, la festividad de San
Sebastián adquirió rango de fiesta local
en Grañén después de que la epidemia
de gripe de 1918, que tanto afectó a muchos pueblos
limítrofes, apenas tuviera incidencia en esa
villa.
San Roque, el tercero
de estos santos liberadores de la peste, llega más
tarde pero su devoción también fue popular,
sobre todo a partir del siglo XVII (Figura 2). Según
la tradición hagiográfica, Roque, de origen
francés pronto decidió llevar una vida
de peregrino. En sus andanzas por Italia, encontró
una ciudad devastada por la peste: poniendo en peligro
su propia vida asistió y animó a los enfermos
y curó a muchos de ellos. Después continuó
su peregrinación y en Plasencia sintió
los primeros síntomas de la enfermedad. Se retiró
a un bosque para morir en soledad y no contagiar a nadie.
En su retiro, un perro lo alimentaba llevándole
pan todos los días, y un ángel curaba
sus heridas. Es uno de los santos más fácilmente
reconocibles de la iconografía cristiana ya que
es el único que muestra en el muslo un bubón
pestilente y, además, está acompañado
por un perro que lleva un pan en la boca.
En consecuencia, la
devoción a San Roque como abogado contra la peste
estaba más que justificada. Sin embargo, fue
la universal devoción a San Sebastián,
venerado como abogado contra las epidemias desde hace
mucho tiempo atrás, la que postergó un
tanto la popularidad de San Roque. No obstante, muchos
pueblos del Somontano celebran fiestas en honor a San
Sebastián, el 20 de enero, y a San Roque, el
16 de agosto, encendiendo en ambos casos hogueras en
las que arde un fuego purificador (Figuras 2 y 3).

Figura 2. San Roque
y San Sebastián. Calvera, siglo XVI. Museo Diocesano
de Barbastro. Juan M. Rodríguez.

Figura 3. Ermita de
San Roque en La Puebla de Castro, antiguo punto clave
en las comunicaciones entre Barbastro y la Ribagorza.
Juan M. Rodríguez.
San Sebastián
tiene el honor de pertenecer a otro club selecto, por
el que existe gran devoción en todo Sobrarbe:
Los santos barbudos. Le acompañan San Victorián
(12 de enero) y San Antón (17 de enero). En algunos
sitios añaden a San Vicente Mártir (o
de Huesca) (22 de enero), a San Blas (3 de febrero)
e incluso a otros santos. La tradición asocia
el frío de mediados de enero con la barba de
los santos. Ya lo dice el refrán «por
San Antonio hace un frío del demonio; por San
Sebastián, un frío que no se puede aguantar,
y por San Vicente, el sol toca los torrentes, y allá
donde no toque, no plantes ni casa, ni árbol,
ni viña». Si revisamos la iconografía,
resulta evidente que San Victorián y San Antón
siempre hacen gala de una copiosa barba, mientras que
la de San Blas es más modesta y está más
cuidada. Pero San Vicente y, especialmente, San Sebastián
se presentan con caras completamente lampiñas.
No obstante, siempre serán santos barbudos, no
como ese tal San Roque al que, a pesar de su buena barba,
se le exilió al mes de agosto ¡a quién
se le ocurre, con el calor que hace entonces! En muchas
localidades se realizan hogueras en honor de unos u
otros, aunque San Sebastián y San Antón
se llevan la palma (Figura 4). Como se indica en el
cartel anunciador de 2023, «las
hogueras reviven la tradición del fuego, símbolo
solar. Mientras la tierra duerme, el fuego calienta
los hogares, purifica las almas, protege contra los
maleficios y trae la bendición sobre las personas,
los animales y las cosechas».

Figura 4. Al calor
de los santos barbudos. La tradición se mantiene
en Sobrarbe. Cartel de hogueras en 2023 (Oficina Municipal
de Turismo de Aínsa).
San Antón tiene
un privilegio añadido ya que, era junto con San
Hipólito (aunque este en menor medida), el gran
protector de los animales, especialmente de las caballerías,
tan importantes antaño para la economía
del Alto Aragón. Por lo tanto, no es de extrañar
que sea especialmente venerado en Naval, gran centro
arriero del Alto Aragón. De hecho, es el patrón
del Barrio de Cotón, el bario más antiguo
de Naval y donde se concentraban los míticos
moros de Naval. Por supuesto, se hace una hoguera
en el barrio, al lado mismo de la capilla de San Antón,
un pequeño edificio rectangular de nave única
y bóveda de cañón del siglo XVII.
La capilla prácticamente colinda con Casa Luquetas,
sinónimo de gran saga de arrieros. ¡Cuántos
pucheros vendió el mítico Leoncio Lacambra
en Arcusa, Matidero, Laguarta, Sarsa de Surta…!
(Figura 5). Precisamente, en esa casa se celebra una
gran comida de hermandad de los navaleses en honor a
San Antón, con los hijos de Leoncio como organizadores
de lujo.

Figura 5. Fiesta de
San Antón 2023 en el barrio de Cotón (Naval).
La hoguera se está preparando. Enfrente Casa
Luquetas y a la derecha la capilla de San Antón.
Juan M. Rodríguez.
Referencias
Adell, J.A., García,
C. San Sebastián. Blog de José A.
Adell y Celedonio García. 17 de enero de
2011. http://garcia-adell.blogspot.com.es/2008/01/san-sebastin.html
Chavala, M.A. 2012.
Santos capotudos, arrieros y carreteros. Diario
del Alto Aragón, 29 de enero de 2012.
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