«No
quiero más patria que tus brazos
cabe en ellos mi país
de Monte Perdido y el valle del Ara
y la deshojada flor de La Solana
a valle Vio y Navaín,
¡Como podré nunca olvidar estos valles
Si todo me habla de ti!»
Manuel Domínguez. 1996. Luz de
otoño. La Ronda de Boltaña.
1. El origen: Cámpol
Leandro Viñola Castillo
nació en Cámpol, en el valle de La Solana. Siendo el
pueblo natal del artífice de esta historia, daremos
algunos detalles sobre el mismo, ubicado mirando a mediodía,
en lo alto de un cerro, a 1066 metros de altitud. El
núcleo central constaba de una única calle (calle Santa
Marina), a lo largo de la cual se desparramaban las
casas (Ezquerra, Martín Périz, Sánchez, Pedracort, Anto
López, Duaso y Sixto), la abadía, la iglesia y la escuela.
Casa Martín Périz y Casa Duaso se unieron por matrimonio
y antiguamente existió otra casa más (Gaitero).
En 1791, Baltasar
Méliz, a la sazón rector de Cámpol, informaba que en
la localidad «hay diez y seis
casas, hombres sesenta y dos y mujeres cincuenta y siete.
No hay ninguna otra industria aparte del cultivo de
la tierra que no basta para mantener a la población
y de ganado, hoy en día, se saca más perjuicio que provecho»
(Baselga, 1999). En 1846, Pascual Madoz describía la
localidad de la siguiente manera: «situada
en terreno quebrado, disfruta sin embargo de buena ventilación
y clima saludable. Tiene 13 casas, 6 en Campol y las
7 restantes en sus barrios de Puyuelo, Billamana y San
Felices, y la casa de San Martin de Puitorans; en cada
uno de estos puntos hay además una iglesia y otra en
Campol, de la que dependen aquellas; en esta reside
la parroquia, que tiene además el anejo de la de Giral;
es su titular Sta. Marina, y se halla servida por un
cura y un sacristán; el curato es de primera clase ó
de entrada, y su presentación corresponde al marqués
de Camarasa; el cementerio ocupa un parage ventilado:
los vecinos del lugar y sus barrios se surten para beber
y demas usos domésticos, de las aguas de varias fuentes
que brotan en el término, el cual confronta por N. con
el valle de Vio; por E. con el de Boltaña; por S. con
los de Labelilla y Lacort y con el río Ara, y por O.
con los de Gere y Giral: el terreno es muy quebrado
y de mala calidad; le atraviesan varios arroyos que
solo llevan agua en tiempo de lluvias, y desaguan en
el espresado río Ara; tienen para su paso unos puntarrones
ó palancas de madera, y fertilizan en varias épocas
algunos huertecillos; el monte cria matorrales para
leña, algunos quegigos y hayas y yerbas de pasto aunque
con mucha escasez. Los caminos son locales y muy malos
por causa del terreno. El correo se recibe por Boltaña,
donde hay que ir á buscarlo por los interesados. Productos:
trigo, avena, patatas y verduras, pero todo en muy poca
cantidad, cria caza de perdices y algún ganado aunque
en corto número. No se conoce ninguna clase de industria,
y el comercio se reduce al cambio de alguna producción
por los artículos que faltan. Población: 5 vecinos,
30 almas. Contribución.: 1,594 rs. 9 mrs».
Según el censo de 1900, el conjunto se componía de nueve
viviendas y diez edificios auxiliares, amén de un albergue.
En ese entorno, aparentemente
hostil, nació la persona que, a base de mucho esfuerzo
y tenacidad, crearía una de las empresas de transporte
más importantes de España. A modo de anécdota, parte
de la familia Viñola que quedó en Cámpol están enterrados
en un pequeño y bellísimo mausoleo al borde del antiguo
camino entre Cámpol y Yeba, un excelente balcón de la
ribera del Ara (Figuras 1 y 2).
Figura 1. Camino de
Cámpol (al fondo) a Yeba. A la izquierda, mausoleo de
los Viñola. Juan Miguel Rodríguez.
Figura 2. Interior
del mausoleo de los Viñola. Juan Miguel Rodríguez.
2. De Cámpol
a la empresa de transporte más conocida de España
Leandro salió un buen
día de su pueblo para prestar el servicio militar en
Manresa (Barcelona), donde conoció a Inés Morros Codina,
su futura esposa. Una vez finalizado el servicio militar,
permaneció algunos años en la capital de la comarca
del Bages trabajando en una fábrica de aceite y en un
almacén de trapos. Leandro e Inés se casaron en 1925
en Manresa (Figura 3), localidad en la que nació su
primer hijo (Esteban) quien, con el tiempo, se convertiría
en el otro gran protagonista de la evolución de la empresa
familiar.
Figura 3. Día de mercado
en Manresa en los años en que Leandro e Inés vivieron
en dicha ciudad. Tarjeta postal. Fotografía: Fons Martín.
Sobre el año 30 regresaron
a Sobrarbe, estableciéndose en Aínsa, en un piso de
Casa Mauricio. En el año 1933, nació su hija Asunción,
pero, desafortunadamente, Inés falleció poco tiempo
después de dar a luz. Pocos años después, Leandro se
casó con Matilde Español Clemente de Campodarve, aunque
ya no tuvo más hijos.
En 1934, se inició
la construcción de su nueva casa en el actual número
9 de la Avenida Sobrarbe (actualmente Casa Chéliz) (Figura
4), junto a la Fonda Pirineos, también de la misma época.
Curiosamente, esos dos edificios fueron los únicos de
la Avenida Sobrarbe que no fueron incendiados durante
el repliegue del ejército republicano. La razón parece
ser que no les dio tiempo ante la inminente llegada
del ejército franquista. La guerra le dio un pequeño
susto a Leandro, quien tuvo que afrontar un consejo
de guerra «sumarísimo de urgencia
por auxilio a la rebelión» en 1938, del
que resultó absuelto por no haber ningún indicio contra
él, según la sentencia dictada en Huesca el 9 de agosto
de aquel año.
Figura 4. Puente sobre
el río Ara en Aínsa, poco después de acabada la guerra.
La primera casa de la derecha era Casa Viñola. Fuente:
gensobrarbe.
En los primeros años
de la posguerra vivieron tres familias en el citado
inmueble: los Viñola en el bajo, los Chéliz-Broto en
el primero izquierda y los Sierco-Bielsa en el primero
derecha; además, el edificio disponía de un garaje,
que alojaba el camión que compró Viñola (Figura 5),
y un pequeño local comercial. Ese local se destinó al
comercio de ultramarinos, frutas, pescados y licores
y estuvo gestionado al menos hasta el año 1949 por el
propio Viñola y su socio Vistué de Gabardilla (Figura
6). Precisamente, Leandro solía compartir con sus vecinos
algunas barquillas de naranjas, fruta relativamente
escasa en la época, en las fiestas de San Sebastián
y San Victorián. Posteriormente, la tienda fue alquilada
a Miguel Buisán, de Lacort, y Amalia Fita, de Cájol.
Figura 5. Leoncio Viñola,
vendiendo con su primer camión.
Figura 6. Calendario
del año 1949 de Viñola y Vistué. Fuente: Ignacio Pardinilla.
Inicialmente, Leandro
se desplazaba con su camión hasta el puerto de Tarragona
e iba vendiendo o intercambiando (trocando)
el género en su camino de regreso a Aínsa. Bien joven
(a finales de los 40), Esteban se incorpora como conductor
en la aventura familiar, que empieza a crecer rápidamente.
Tanto es así que van cambiando de camión, fundan la
empresa Transportes Viñola y, en 1952, la familia y
su negocio se traslada a Barbastro, adonde ya había
bajado Asunción a estudiar en un internado. La familia
se integró tan bien en la sociedad barbastrense que
Esteban se convirtió en alcalde de la capital del Somontano
(1979-1983) en las primeras elecciones tras la restauración
de la democracia (Figura 7).
Figura 7. Esteban Viñola,
primero de la izquierda, primer alcalde de Barbastro
tras la restauración de la democracia en España. Fuente:
El Cruzado Aragonés (1979).
La casa de Aínsa fue
vendida a Francisco Chéliz Lacambra en noviembre de
1954 aunque mantuvieron un almacén junto al comercio
de Casa Rivera para su servicio de transporte entre
Barbastro, Aínsa y Boltaña. Entre finales de los 50
y principios de los 60, Transportes Viñola se transformó
en Transportes Aragón, empresa que dispuso de una flota
de hasta 30 camiones y que, además de la sede central
de Barbastro, tenía otras en Huesca, Barcelona, Zaragoza
y Lérida.
Según Luis Vigo, transportista
barbastrense de tercera generación, Transportes Aragón
era, en su sector, «la empresa
más conocida en España, tuvieron una gran flota de camiones,
talleres propios, fueron pioneros en muchas cosas y
dieron trabajo a numerosas familias» (Huguet,
2025). Tras la senda de Viñola se crearon numerosas
empresas de transporte en Barbastro (Figura 8) y, según
Vigo, «la mayoría de los transportistas
eran de pueblos de la montaña que bajaron aquí porque
fue una puerta abierta» (Figura 9).
Figura 8. Reportaje
sobre la evolución del transporte en Barbastro. Diario
del Alto Aragón, 4 de febrero de 2025.
Figura 9. Transportes
Casasnovas, uno de los competidores de Transportes Viñola
en el valle del Ara y en el de Bielsa. Fuente: Jorge
Mayoral (Fundación Hospital de Benasque).
3. La historia
desde la perspectiva familiar
Los años primeros del
siglo XX eran especialmente difíciles en los entornos
rurales de nuestro país, cuánto más en el Pirineo aragonés.
Esta zona casi aislada, sufriendo los crudos inviernos
y con unas más que deficientes comunicaciones fue el
germen del que nació la empresa, fruto de la iniciativa
del abuelo Leandro.
El señor Leandro,
Leandro Viñola, había nacido en 1900 en Cámpol, tierra
de La Solana, cerca de Boltaña. De una humilde familia
de campesinos altoaragoneses y, como le gustaba recordar:
«Yo voy con el siglo y nací
en 13, viernes y viernes santo». Fueron
muchos hermanos, entre 13 (según él) y 5 (según su hijo).
Como era habitual en aquel momento, el mayor quedó en
casa y el resto salieron a buscarse la vida. La iniciativa
del Sr. Leandro le lleva a montar una frutería en Aínsa
y, con el tiempo, a tener un pequeño camión con el que
proveerse de mercancía.
Eran frecuentes los
viajes a Barcelona a donde habían emigrado muchos de
sus paisanos, llevando paquetes, comprando frutas y
verduras para surtir su negocio, y sufriendo las detenciones
y mordidas de la guardia civil por el camino. Quizá
en uno de aquellos viajes conoció a su mujer Inés, nacida
en Manresa, con la que casó y tuvo dos hijos: Esteban
y Asunción. Pero la vida es cruel y, en el segundo de
los partos, Inés falleció víctima sin duda de las precarias
condiciones sanitarias de la época. Leandro, solo, se
volcó en el cuidado de sus pequeños y volvió a casar
con Matilde, de Campodarve, que los crió desde niños.
Llegaron los conflictivos
años de la guerra civil y, con un poco de estraperlo
y un mucho de trabajo, consiguió sacarlos a todos adelante.
Tenía ya por entonces la ayuda del hijo mayor, Esteban,
muchacho despierto y trabajador y con extraordinaria
habilidad mecánica. De hecho, con solo 13 años, Esteban
consiguió montar un vehículo recogiendo piezas de viejos
restos de la contienda dejados por las tropas italianas
y otras que habían pasado por el pueblo. Era el año
1939 y a partir de entonces, rechazando la opción de
poder estudiar en Barcelona, se dedica a acompañar a
su padre en la aventura laboral. Aprende a conducir,
aprende mecánica, lee con fruición todo aquello que
le enseñe sobre motores, vehículos, etc.
Poco a poco el pequeño
negocio se transforma y se convierte en Transportes
Viñola; se hacen frecuentes los viajes a los pueblos
de la comarca, y a Barbastro, Barcelona... (Figura 10).
En la posguerra se pasaba hambre en las grandes ciudades
y los sacos de patatas y los pollos llegados del pueblo
sabían a gloria.
Figura 10. Anuncio
del trayecto Broto-Barcelona (año 1940) y factura (año
1945).
En los años 40, el
negocio se traslada a Barbastro ya con un local en condiciones
(Figura 11), taller de reparaciones, varios vehículos,
trabajadores y aprendices (Figura 12), y una red de
agencias en Aragón y Cataluña: Huesca, Barcelona, Lérida,
Zaragoza, Monzón, Almacellas, Tamarite... (Figura 13).
Por aquel entonces Transportes Viñola ya era muy conocida
en toda su área de influencia.
Figura 11. Instalaciones
de Transportes Viñola en la calle del Muro (actual calle
Corona de Aragón) de Barbastro (año 1941). Fuente: Jorge
Mayoral (Fundación Hospital de Benasque).
Figura 12. La empresa
crece rápidamente. Fuente: Jorge Mayoral (Fundación
Hospital de Benasque).
Figura 13. Tarjeta
de la empresa. Fuente: Jorge Mayoral (Fundación Hospital
de Benasque).
En los 60, la empresa
crece rápido y se transforma con la entrada de nuevos
socios: Manuel Nasarre, Martín Solano, Luis Solano y
José Molina; y desde entonces pasa a llamarse Transportes
Aragón (Figura 14). Aumentan el número de agencias,
de vehículos, de rutas, de empleados, se crea Silos
Aragón para transporte de mercancías líquidas y
plásticos, se realizan rutas internacionales, etc.
Figura 14. Algunos
vehículos de la flota de Transportes Aragón. Fuente:
Jorge Mayoral (Fundación Hospital de Benasque).
Pero la crisis pega
duro, los tiempos cambian y los antiguos socios desaparecen.
Los nuevos gestores no consiguen adaptarse a los cambios
y la gerencia amortiza los activos con demasiada rapidez.
Las cuentas no cuadran y, en 2006, la empresa se vende.
Apenas dura un par de años más y, en el año 2008 los
nuevos propietarios terminan con la historia de una
empresa que fue referente en Aragón durante casi 75
años.
Para finalizar este
capítulo se incluyen diversas fotografías que muestran
la evolución de Transportes Viñola a Transportes Aragón
(Figuras 15-22, sin numerar).
Referencia
Huguet, A. 2025, Memoria
sobre ruedas repasa la evolución del transporte en Barbastro.
Diario del Alto Aragón, 4 de febrero, página
30.
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