«Cuando
caminan, cabalgan a lomos de mula vieja, y no conocen
la prisa ni aun en los días de fiesta. Son buenas
gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y
en un día como tantos, descansan bajo la tierra».
Antonio Machado, Soledades, 1903.
1. Introducción
Si en el capítulo
anterior Carmen Santaliestra nos hablaba sobre su padre
(Casolas), en este quien nos ocupa es su marido José
Fuster Susana (mi padre), que trajinó
hasta mediados de los años 60, convirtiéndose
así en el último arriero de Naval (Figura
1), y posiblemente también de la provincia de
Huesca y de Aragón. Él fue quien me facilitó
gran parte de la información de mi artículo
Una tradición extinguida: Los arrieros de
Naval (Fuster, 1983).

Figura 1. Vista general
aérea de Naval.
2. El personaje
José Fuster
Fenex (Figura 2), nació en Naval el 18 de enero
de 1925, en Casa Susana (Figura 3). Venía de
familia de arrieros. Su padre, José Fuster Prado,
natural de Lo Grau y fallecido hacia 1947,
fue un excelente arriero. A su vez era hijo de Fernando
Fuster (también de Lo Grau) y de María
Prado (natural de Jaca e hija, a su vez. de José
Prado Betés, sobrestante de Obras Públicas,
jefe o responsable de carreteras).

Figura 2. José
Fuster durante el servicio militar, hacia 1944. Archivo
Susana.

Figura 3. Dos vistas
de Casa Susana en su ubicación original,
esquinera entre las calles Landas y Obradores. Archivo
Susana.
La madre de José,
Dolores Fenex Lafarga (Figura 4), nacida en Naval en
1900, también fue arriera durante muchos años.
Dolores era hija del navalés Antonio Fenex Muzás,
conocido como El Requeté (Figura 4),
quien murió tras la Guerra Civil, y de Asunción
Lafarga, La Molinera, que hacía honor
a ese apodo en el Molino Bajo de Naval (Figura 5). El
padre de Antonio, que compartía nombre con su
hijo, era de Hospitaled, en la vecina comarca del Sobrarbe,
mientras que su madre, la navalesa Susana Muzás,
fue mesonera y gran cocinera y quien dio nombre a la
casa.

Figura 4. Dolores Fenex
Lafarga (izquierda) y su padre, Antonio Fenex Muzás
El Requeté (derecha). Archivo Susana.

Figura 5. Ruinas del
molino bajo de Naval en 2022. Juan M. Rodríguez.
José tuvo dos
hermanas, Dolores y Asunción, que emigraron siendo
jóvenes a Barcelona. Realizó su mili
en La Aljafería de Zaragoza (Figura 2), donde
se sacó el carnet de conducir y condujo camiones
militares. A su regreso, comenzó a festejar
en 1949 con mi madre, Carmen Santaliestra, de Casa Casolas
(ver capítulo anterior), con quien se casó
en Naval el 17 de junio de 1953 (Figuras 6 y 7). Se
establecieron en Casa Susana, en la calle Obradores,
esquina con calle Landas, junto al lavadero público
(Figura 8). Fruto de este matrimonio nacieron sus tres
hijos: María Dolores, Lolín,
en 1954, cuatro años después José
Antonio, y dos más tarde, Bizén (Figuras
9 y 10).

Figura 6. Foto de boda
de Carmen y José (1953). Archivo Susana.

Figura 7. Libro de
familia de Carmen y José. Archivo Susana.

Figura 8. Casa Susana
(centro de la imagen) y, a su derecha, el lavadero público
de Nabal. Archivo Susana.

Figura 9. José
y Carmen con María Dolores “Lolín”
en 1955 (izquierda) y con sus tres hijos en 1962 (derecha).
Archivo Susana.

Figura 10. Foto escolar
de los tres hijos, hacia 1968. Archivo Susana.
Tras la Guerra Civil,
los arrieros volvieron a retomar la actividad pero,
para poder desplazarse, tenían que llevar una
especie de salvoconducto o carnet que les expedían
en el cuartel de la Guardia Civil. El carnet de José,
firmado por el comandante del puesto de Naval, fue expedido
el 2 de abril de 1949, cuando tenía 24 años
(Figura 11).

Figura 11. Carnet o
salvoconducto de la Guardia Civil (1949). Archivo Susana.
Desde sus inicios en
el oficio hasta bien avanzada la década de los
sesenta, José siempre dispuso para los viajes
de tres caballerías y un carro. Desde finales
de los cincuenta, los compaginaba con algunos viajes
en camión en los que llevaba sal. Como se ha
comentado anteriormente, el último viaje con
el carro lo efectuó hacia 1965 o 1966, a la edad
de 40 ó 41 años. En los años setenta
comenzó a trabajar en la empresa Cerámica
Industrial, de Barbastro y Monzón, pero
mantuvo sus caballerías (Figura 12). hasta que
se jubiló en los primeros años ochenta.

Figura 12. Últimas
caballerías del arriero Susana. Archivo Susana.
Durante sus años
como arriero, José también trabajaba sus
tierras y, de hecho, siguió cuidando de sus huertos
y fincas, a las que se desplazaba en moto (Figura 13),
hasta su fallecimiento en Barbastro el 6 de noviembre
de 2003, justo cuando acababa de celebrar sus bodas
de oro (Figuras 14 y 15).

Figura 13. José
con su antigua moto Guzzi (izquierda), y con su moto
Suzuki y dos de sus nietas (derecha).
Archivo Susana.

Figura 14. Año
2003: José y Carmen cumplen sus bodas de oro.
Archivo Susana.

Figura 15. José
y Carmen, en la última foto del antiguo arriero.
Archivo Susana.
3. La arriera
Dolores de Susana
Tanto el padre de José
(José Fuster Prado) como su madre (Figura 4),
Dolores Fenex (o Fenés, según los documentos)
ejercieron la arriería. Ella realizaba sus propios
viajes a localidades cercanas (Lo Grau, Artasona,
Olbena, Coscujuela de Fantova, etc),
con un burro y un par de cuévanos de vajilla
de Naval, que era el único género que
transportaba. Ponía un puesto en las plazas de
los pueblos donde cambiaba las piezas de los alfares
de Naval por grano y judías de la tierra baja,
productos que se traía de vuelta para posteriormente
venderlos. No corría el dinero, la única
manera de vender era cambiando y Dolores valía
mucho para esto, «era
muy papelera». Mi abuela también
hizo algún viaje en carro con su madre (La
Molinera, la abuela de José) o con su marido
de Lo Grau. Nuestro José también
hizo algunos viajes con su madre hasta el año
1955 por lo menos. Carmen no recuerda que la madre de
José fuera a la montaña. Con su hijo ya
casado, Dolores se trasladó a Barbastro y trabajó
en la fonda La Pelela. Tras jubilarse, volvió
a la histórica Casa Susana de Naval. No obstante,
falleció en Barcelona, donde residían
sus hijas, en 1983.
4. Rutas
José Fuster
Susana recorría tanto la montaña
como la tierra plana, con carro (Figura 16) o con camión.
Estas eran sus principales rutas:
1) Tierra baja: Monzón,
Peralta, Azanuy, Torres del Obispo, Guinaliu,
Benabarre, Berbegal, Lagunarrota. En estos viajes a
veces le acompañaba su madre. En Guinaliu
(Aguinaliu) se quedaba con la abuela; en una ocasión
vino uno de esta localidad, seguramente de la casa donde
paraba, para las fiestas de domingo Dolores y cenó
en su casa.
2) Montaña:
Valle Broto, Vallibió, La Solana (se
quedaba en Mesón de Frechín), L’Aínsa
(donde también paraba), y Laspaúles. A
la montaña iba solo José. Si no
vendía suficiente por una zona, pasaba a otra.
También estuvo mucho tiempo transportando yeso
(de la Yesera de Naval) a los cuarteles de Boltaña.

Figura 16. Uno de los
carros de arriero utilizados por José. Archivo
Susana.
Susana hacía
muchos viajes, estaba poco en casa. Los viajes con el
carro duraban 7 u 8 días. Cuando iba a porte,
con camión, le costaban 2 días aunque
algunas veces madrugaba (salía de noche) y le
daba tiempo a volver por la noche e incluso, más
raramente, a llegar a comer.
5. Productos
Las mercancías
que llevaba Susana para vender eran principalmente
vajilla y sal de Nabal (Figuras 17 y 18). A
la montaña solo llevaba vajilla. La tradición
alfarera de la villa, específicamente la ollería,
se remonta a siglos (Álvaro, 1971-1974). En 1940,
tras finalizar la Guerra Civil, durante la que se colectivizó
la producción alfarera (Figura 19), Naval contaba
Naval con 14 obradores o alfares con 22 alfareros trabajando
en ellos. Solo una década después, en
1950, el número de alfareros era de 8 como queda
constatado en el programa impreso de las fiestas de
la Virgen de los Dolores de septiembre de ese año
(Figura 20). Veinte años después, en 1970,
el número de alfareros se había reducido
a dos: Francisco Buetas Buil (Figura 21) y Ángel
Echevarría Trillo (Figura 22), ambos vecinos
cercanos de casa Susana (Casa El Pinchán y Casa
Atoriz, respectivamente).

Figura 17. Salinar
de La Rolda, con la villa de Naval al fondo. Archivo
Susana.

Figura 18. Salinar
de La Rolda en la actualidad. Archivo Susana.

Figura 19. Billete
de 10 céntimos, con alfarero de fondo,
durante la colectivización de la actividad alfarera
durante la guerra civil.

Figura 20. Alfareros
en el programa de las fiestas de 1950.

Figura 21. El alfarero
Paco Buetas, que fue alcalde de Naval, en su
alfar.
Archivo Susana.

Figura 22. El alfarero
Ángel Echevarría Trillo, en el alfar con
su hijo David,
actualmente el único artesano en activo en Naval.
Achivo Susana.
Entre las cosas que
bajaba de la montaña destacaban las
judías, los huevos y las pieles. En el mesón
de Frechín dejaba mucha mercancía que
adineraba allí mismo. En una ocasión,
la familia del mesón le envió una caja
de manzanas por el coche de línea mientras que,
en otras ocasiones, Carmen les mandaba olivas para matar
en el invierno.
José hizo unos
viajes muy buenos cuando la gente de estos pueblos de
la montaña empezó a emigrar masivamente
ya que compraba las herramientas, trillos de pedernal
o de cilindros, aperos de labranza, etc. de las casas
que se iban (Figura 23). En una ocasión compró
varios carros y los bajó en reata.

Figura 23. Trillos
de cilindro, de pedernal y aperos de la montaña
en el pajar de Casa Susana. Archivo Susana.
En una segunda época,
muchas veces iba con el camión de El Chabalín
de Naval, repartiendo cuencos (ver anexo del capítulo
5) y la célebre sal de Naval (Cajal, 1969; Fuster,
1987; Monesma, 1998; Rodríguez, 2015) por las
tiendas. No obstante, la ganancia ya iba reduciéndose.
A la tierra plana
llevaba los mismos géneros, pero solía
portar la sal con camión. La sal fue, junto a
la alfarería, el producto estrella de Naval desde
sus orígenes y con seguridad una de las causas
que motivó el gran desarrollo de la arriería
en Naval (Figura 24). En el siglo XXI la producción
de sal se ha reducido al Salinar de la Rolda y ha pasado
a ser secundaria con respecto a la actividad como balneario,
para uso recreativo y turístico (Figura 25).

Figura 24. Producción
de sal en las eras del Salinar de la Rolda. Archivo
Susana.

Figura 25. Actividad
balnearia del Salinar de la Rolda. Archivo Susana.
Los productos que llevaba
a la tierra plana los cambiaba por judías
o grano (ordio para las caballerías),
o se los pagaban con dinero. José paraba en Monzón,
donde vivía una hermana de su padre, de los
Fuster de Lo Grau. Monzón era su
base de operaciones y desde donde partían sus
rutas por la zona. Si iba con el carro, 6-8 días.
Algunas veces compró aventadoras de trigo, cuando
se las quitaban en la tierra baja por la llegada
de la maquinaria moderna, y las subía a Nabal.
En una ocasión trajo una grande para la Agrupación
de la Era, pero no dio muy buen resultado y la
acabaron quemando.
6. Las caballerías
La manera habitual
de adquirir las caballerías era comprarlas en
la Feria de Barbastro (Balbastro en aragonés).
Sin embargo, alguna vez no era así, como cuando
vio un caballo muy majo y lo compró en Casa Gayán
de Sarbisé. A finales de los años
40, cuando Carmen lo conoció, José iba
con el carro y con tres caballerías: dos caballos
y un burro. En los últimos años de arriero
(yo mismo lo recuerdo) seguía teniendo tres caballerías:
un caballo blanco (Figura 26) y dos mulos, que le duraron
hasta los ochenta (uno se murió y el otro lo
vendió) (Figura 12). Al final tenía dos
mulos que, con el burro de Casa Casolas, seguían
haciendo un total de tres caballerías.

Figura 26. El caballo
blanco Tordillo trillando en la era del lavadero,
hacia. 1963. Archivo Susana.
7. Anécdotas
José daba una
cantidad de dinero de la ganancia de cada viaje a Carmen
para que la guardase. La cifra podía oscilar
dependiendo del viaje, pero se situaba en torno a los
100 duros. Poco a poco, ahorró más de
1.000 duros y los gastó en comprar un caballo
que no era de carga; sin embargo, lo devolvió,
le reintegraron el dinero y lo volvieron a guardar.
Y con ese dinero hicieron el viaje de novios a Zaragoza
en junio de 1953. Entonces eran pocos los que podían
hacerlo. Estuvieron 10 días en la pensión
San Gil y compraron regalos para todos; allí
cerca se hicieron una foto en Fotos Madrid, que es la
que está enmarcada en la casa de Nabal
(Figura 6).
Cuando se aproximaba
el momento del regreso de José de cualquiera
de sus viajes, sus hijos montábamos guardia en
la era Diego donde se ubicaba (y se sigue ubicando)
el lavadero público (Figuras 8 y 27); desde allí
hay una buena vista sobre la carretera de acceso a Naval.
Cuando lo veíamos llegar, los críos íbamos
a la carretera a esperarlo. Realmente hacía mucha
ilusión, aunque nunca había certeza de
la llegada, no había teléfono para avisar
y siempre era una suposición.

Figura 27. Dos imágenes
del lavadero de Naval, desde donde los hijos de José
veían llegar a su padre de sus viajes.
Archivo Susana.
En una ocasión
José hizo un viaje a la montaña y, mediante
trueque, bajó tres calderos preciosos que acabó
vendiendo a la dueña de casa Rajo para
mondongos, hacer jabón, etc. A Carmen le habría
hecho también mucha ilusión, pero…
tuvo que conformarse.
Como he señalado
anteriormente, la abuela de mi abuela paterna (es decir
mi tatarabuela), Susana Muzás, mesonera y muy
reconocida cocinera, fue quien dio nombre a Casa Susana.
En Naval cuando una familia cambia físicamente
de vivienda en la misma localidad, se lleva consigo
el nombre de la Casa. Así, los moradores de la
antigua Casa Susana, sita en la calle Obradores se trasladaron
a otra casa situada en la Plaza Mayor, esa casa (la
antigua Casa Letán) pasó automáticamente
a denominarse Casa Susana (Figura 28).

Figura 28. Actual Casa
Susana (antigua Casa Letán) en la Plaza Mayor
de Naval. Archivo Susana.
Por otra parte, como
también se ha señalado anteriormente,
el abuelo de mi abuelo paterno, es decir, mi tatarabuelo
José Prado Betes, de Jaca, era sobrestante de
Obras Públicas, un jefe o responsable de carreteras.
¡Quién me iba a decir a mí, como
Director General de Carreteras del Gobierno de Aragón
que he sido, que tenía todo un precedente en
la familia! Pero si se trata de buscar precedentes profesionales,
entonces está claro que mi oficio tendría
que haber sido el de arriero porque, al menos, mi padre,
mi abuelo y abuela paternos, y mi abuelo y bisabuelo
maternos fueron arrieros.
8. Referencias
Alvaro, M. I. 1971-74.
La ollería de Naval (Huesca). Argensola,
71-78: 71-94.
Cajal, P. 1969.
X siglos de historia de Naval (Huesca) y sus Salinas
y anecdotario del autor. Edición del autor,
Barcelona.
Fuster, V. 1983.
Una tradición extinguida: los arrieros de
Naval. IV Congreso Nacional de Artes y
costumbres populares, 179-194, I.F.C. Zaragoza.
Fuster, V. 1987.
Las Salinas de Naval: una historia milenaria.
ROLDE, 41-43: 114-119.
Monesma, E. 1998.
Los salineros. Transformación natural de
agua salada en sal de consumo: Evaporación y
cristalización. Video disponible en YouTube.
https://www.youtube.com/watch?v=vvUq1eL-kLc.
Rodríguez,
J. M. 2015. La Sal y las salinas de Naval. El oro
blanco del Somontano.
Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca.
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