«A
subida Matidero, a perdizión de Nabal. Se rompión
os pucheros y un pichinal». Dicho
popular.
En palabras de Privato
Cajal (1969), «Cotón
es el nombre de todo el barrio alto y primitivo de Naval,
que arranca del castillo; nombre, por lo visto, de origen
árabe, que aún conserva. Y a pesar de
las placas con el apellido Gasos, al que está
dedicada su larga y tortuosa calle, los habitantes de
dicho barrio se siguen considerando vecinos de Cotón»
(Figura 1). El patrón de Cotón es San
Antón, hecho que no es de extrañar ya
que era el gran protector de las caballerías
y precisamente ese barrio de Naval fue hogar de numerosos
arrieros durante siglos. Allí mismo se sigue
celebrando su fiesta (17 de enero) en la que, como rezaba
la edición de 2010 del Heraldo de San Antón
(el famoso periódico anual), «peregrinos
provenientes de diferentes lugares del mundo llegan
a la villa de Naval». El epicentro
de la fiesta se sitúa entre la capilla del santo
(Figura 2) y la vecina Casa Luquetas (Figura 3). Y de
casa Luquetas era el arriero del que se trata en este
capítulo.

Figura 1. Barrio de
Cotón (calles resltadas en amarillo) en 1900,
indicando la ubicación de Casa Luquetas
y de la capilla de San Antón. Archivo Casa Luquetas
(Naval).
Don Leoncio Lacambra
Solanilla, el protagonista, nació el 13 de enero
de 1900 en Naval. Sus padres fueron Antonio Lacambra
Santamaría y Teresa Solanilla Ballabriga. Desde
temprana edad, desarrolló una conexión
profunda con la tierra y la naturaleza, lo que le llevó
a dedicar una parte de su vida al trabajo en el campo
y los huertos. De hecho, pronto destacó por su
habilidad en segar con la hoz en las tierras bajas,
convirtiéndose en un gran especialista.

Figura 2. Altar de
la capilla de San Antón. Juan M. Rodríguez,
2023.

Figura 3. Escudo de
casa Luquetas, Naval. Juan M. Rodríguez.
Además de su
trabajo en las tierras, la vida de Leoncio estuvo marcada
por los numerosos viajes que, en su calidad de arriero,
realizó de pueblo en pueblo, enfrentándose
a condiciones climáticas adversas y desafíos
constantes. En las casas donde le acogían como
parte de la propia familia, como en Casa Grasa de Olsón,
Leoncio les agradecía su hospitalidad uniéndose
a ellos cuando recolectaban o segaban, dada su maestría
en esas labores. En el terreno personal, Leoncio formó
una gran familia. Se casó con María Latorre
Muzas (Figura 4), también vecina de Naval y nacida
el 20 de junio de 1907, y juntos criaron a sus siete
hijos: Mª Teresa (28 de julio de 1930), Antonio
(5 de enero de 1932), Carmen (10 de enero de 1936),
Ángel (24 de mayo de 1940), José (13 de
agosto de 1945), Pilar (14 de septiembre de 1948) y
Jesús (25 de agosto de 1951), quienes heredaron
de su padre su amor profundo por la familia y a la tierra
que los vio nacer y crecer, NAVAL.

Figura 4. Leoncio Lacambra
y María Latorre, en las fotografías que
aparecen en su libro de familia.
Archivo Casa Luquetas (Naval).
Leoncio pasaba de 10
a 15 días fuera de casa, expuesto a la intemperie,
mientras recorría los montes y los caminos rurales
con su hijo Antonio y su fiel burro cargado con banastos
llenos de alfarería, adquirida de los artesanos
de Naval, como tío Vicente, José Arazán
y Francisco Buetas. En los mercados locales, Leoncio
ofrecía estas piezas a cambio de dinero o, en
ocasiones, realizaba trueques por legumbres u otros
productos de la zonas por las que pasaba. También
obtenía mediante trueque el cerdo que engordaría
para hacer la matanza, con el aprovechamiento de sus
carnes y la consiguiente elaboración de perniles
o embutidos para consumir durante los siguientes meses.
Estos viajes eran una
prueba de resistencia y determinación, ya que
debía enfrentarse a condiciones climáticas
extremas, desde el calor abrasador del verano, cuando
su piel siempre tenía un tono muy moreno, hasta
las heladas del invierno. La vida nómada que
llevaba era sin duda una existencia muy dura, donde
cada día representaba un desafío nuevo.
A pesar de las adversidades, Leoncio persistía,
motivado por la responsabilidad de sostener a su familia
y por su amor por la vida rural. Su fortaleza física
y mental se ponía a prueba constantemente, pero
su espíritu indomable y su dedicación
a su oficio lo llevaban a seguir adelante, dejando una
marca imborrable en los paisajes que recorría
y en las vidas de aquellos que lo conocían.
Cuando Leoncio y su
hijo Antonio vendían toda la mercancía
que llevaban en los banastos de su burro, recogían
más mercancía que le proporcionaba transportes
Viñola, desde Naval a Aínsa, lo que le
permitía continuar su viaje, manteniendo así
su actividad comercial en movimiento y asegurarse un
suministro constante de productos en su ruta itinerante.
Su ruta habitual incluía prácticamente
toda la comarca de Sobrarbe, desde Bárcabo a
Broto, Torla, Valle de la Fueva hasta Plan, Gistaín
y pueblos colindantes (Figura 5). Leoncio y Antonio
eran también muy conocidos por el Alto Alcanadre.
Anselmo Otín Asín, de Casa Inacio de Matidero
(la casa donde se alojaban cuando paraban en ese pueblo),
recordaba muy bien su habilidad para la venta y su complicidad
con la gente de esos pueblos. Casa Inacio estaba levantada
a partir de una torre defensiva del siglo XVI, con aspilleras
abiertas en sus paramentos oeste y norte. Lamentablemente
es una casa casi irreconocible en la actualidad.
La vida de Leoncio
dio un vuelco devastador cuando Antonio, su mano derecha
y compañero de alegrías y fatigas en su
actividad arriera, cayó gravemente enfermo con
apenas 20 años. Pasó varios meses ingresado
en el Hospital de Huesca, debido a un fuerte constipado;
a pesar de los esfuerzos médicos, Antonio no
logró recuperarse y lamentablemente falleció.
La situación fue especialmente triste para su
madre, quien estando embarazada de su hijo Jesús,
no pudo acudir al hospital para despedirse de su querido
hijo.

Figura 5. Leoncio vendiendo
los productos típicos de los alfares de Naval
en Arcusa. Archivo Casa Luquetas (Naval).
Para Leoncio, esta
pérdida supuso un antes y un después en
su vida. La ausencia de su hijo mayor dejó un
vacío profundo en su corazón y en los
del resto de la familia, en los que Antonio había
dejado una huella imborrable. Pero Leoncio no tuvo más
opción que seguir adelante para cuidar y criar,
junto con su mujer, a sus otros hijos que aún
eran pequeños. Con valentía se enfrentó
a la difícil tarea de ser el pilar de la familia
y de guiarlos y cuidarlos en ese momento de profunda
tristeza. Aunque la vida les había arrebatado
un ser tan querido, Leoncio entendió que debía
seguir adelante por el bienestar de su familia encontrando
la fuerza necesaria para ello. Aunque el dolor nunca
desapareció de sus vidas por completo, la vida
continuó y con ella la esperanza de disfrutar
de días mejores para él y su familia.
Qué mejor manera
de finalizar esta breve reseña de la vida y actividad
profesional de Leoncio Lacambra que con su propia firma
(Figura 6).

Figura 6. Firma de
Leoncio Lacambra, tal y como aparece en su Libro de
Familia. Archivo Casa Luquetas (Naval).
Referencias
Cajal, P. 1969. X
siglos de historia de Naval (Huesca) y sus salinas y
anecdotario del autor. Edición del autor,
Barcelona. |