«Chistén
está en un alto y San Juan en una cuesta; dichoso
valle de Plan, cuantos suspiros me cuestas».
Dicho popular.
1. Introducción
La combinación
de ubicación, paisaje y hospitalidad hacen de
Casa L’Albeitar de Guaso un lugar único
al que siempre apetece volver. Pero en aquella tarde
de verano, la conversación con la persona de
mayor edad de la casa sobre los arrieros y carreteros
que navegaron por Aínsa, le daba un aliciente
si cabe aún mayor a la visita. Antonio Fumanal
Fes (24/01/1926 - 08/02/2012) tenía entonces
dificultades para desplazarse en el espacio, pero una
gran agilidad para moverse por el tiempo (Figura 1).

Figura 1. Antonio Fumanal
Fes. Archivo Fumanal (L’Albéitar, Guaso).
El primer nombre que
saltó a la palestra fue el de José (Pepe)
Fes Bielsa (Figura 2), nacido en 1864. Le resultaba
particularmente cercano pues era de casa de su madre:
Casa La Luisa de Aínsa. Este hombre, de los del
antiguo transporte a carga, se dedicaba al
intercambio de productos entre Aínsa y Bielsa.
De Bielsa bajaba principalmente tablas de la serrería
local y, como era una época en la que no se podía
dar puntada sin hilo, en el viaje de subida llevaba
aquellos productos que la gente de la zona (Bielsa,
Parzán, Espierba…) le había encargado
previamente (patatas, judías, etc.). También
se dedicaba a la compraventa de vino y aceite. José
se casó con Cecilia Latorre Bernad, de Casa Latorre,
y tuvieron tres hijos: Cecilia, Pilar y José
María. Lamentablemente, José Fes falleció
a los 51 años de un ataque al corazón
mientras se encontraba en ruta por la zona
de Las Devotas y fue enterrado en Badaín. Su
hijo José María El Rubio era
todavía un niño cuando murió su
padre, motivo por el que la familia decidió que
Cecilia fuera la heredera. Años más tarde,
José María siguió los pasos de
su padre y, entre otras ocupaciones que tuvo a lo largo
de su vida, también se dedicó al comercio.
A finales de los años 40, montó una panadería
en el barrio Sudiera de Banastón, que sustituyó
al antiguo horno de la familia Palacín.

Figura 2. José
Fes Latorre. Archivo Fumanal (L’Albéitar,
Guaso).
También se acordaba
de Carmen «de Barbastro»,
más concretamente, de Casa Santiago. Una mujer
dedicada a la venta ambulante en un mundillo dominado
abrumadoramente por hombres. Viuda y con dos hijos,
subía con el autobús desde Barbastro hasta
Aínsa y, desde allí iba con un burro a
Fanlo y recorría el valle de Vio vendiendo telas,
lencería, ollas… Y de un tal Santiago,
del Buixitar de Banastón, que heredó la
clientela de su suegro navalés. Y es que, hablando
de arrieros, antes o después tenían que
salir los de Naval («aunque
también subía alguno de Abizanda»).
Antonio recordaba colectivamente a los muchos cazoleros
de la villa de la sal que pasaban por Aínsa,
cruce de caminos para varios valles pirenaicos. Comían
o pernoctaban en Tozola, el mesón de
Pedro y Feliciana, el único que hubo durante
algún tiempo. Posteriormente, abrió el
mesón de Filomena, con unas cuadras muy grandes,
«justo donde está
ahora la CAI», en la antigua carretera
de Barbastro a Boltaña. En el mesón, los
arrieros sacaban uno de los famosos pucherets
de los obradores navaleses; el mismo cacharro que, una
vez consumido el preciado líquido, el arriero
ofrecía como pago en especie. De forma individual,
se acordaba de Chavalín, de Joaquín de
El Aguador y de Fantova («el
padre del de la tienda en Plan», que
pasaba con un carro tirado por un par de burros hasta
que lo cambió por un pequeño camión,
y de su abuelo, cuya corpulencia era tal que cuando
el carro iba bien cargado se tenía que bajar
en las subidas para que los animales no sufrieran demasiado).
2. El difícil
acceso a los valles de Bielsa y Gistau
Precisamente, varias
generaciones de arrieros de Casa Aguador y Casa Fantova
de Naval tuvieron en común el destino final de
sus viajes: los valles de Bielsa y de Gistau. Y, como
José Fes, hasta allí llegaban antes incluso
de que se hiciese, hacia 1921, la carretera que permitía
atravesar el, hasta entonces temible, Paso de las Devotas,
entre Lafortunada y Salinas. La recreación que
del mismo hace Carlos Calvera en una reciente novela
no distaba mucho de la realidad:
«Tras
abandonar Huesca el día 2 de marzo [de
1840], y en una sucesión
de recorridos demoledores a través de caminos
de carro y sendas de leñadores, fui sumergiéndome
progresivamente en un paisaje de fantasía irreal,
constituido por congostos y hoyadas de una fiereza casi
prehistórica, en cuyos fondales, saltando de
peñascal en peñascal, bramaba el curso
de las aguas heladas precipitándose invisibles
bajo un manto de nieblas perpetuas. Poco antes del anochecer
y tras dos días de marcha agotadora, alcancé
la última aldea que custodiaba la entrada al
Paso. El pueblo en sí – llamado La Infortunada
– no presentaba más que un par de casonas
antiguas habilitadas como fonda y algunos cobertizos
de piedra para estabular las monturas.
Encerrado
sobre sí mismo como un baluarte levantado contra
el medio físico de sus entornos, semejaba un
bastión de civilización perdida en estos
confines de desolación blanca y brutal. La Infortunada
era el último punto habitado antes de adentrarse
en el horrible paso que el curso del río Cinca
hendía en las montañas; era parada obligada
de resuello, tanto para las partidas de machos que subían
vino hacia Bielsa como para las que bajaban carbón
y contrabando desde el otro lado del valle. (…)
No en vano, antes de iniciar mi viaje hacia el corazón
del Pirineo, me había documentado acerca de este
valle inhóspito que permanecía aislado
del resto del país por el intransitable estrecho
de las Devotas».
De hecho, se trata
de un tramo que, en pleno siglo XXI, sigue dando algún
que otro quebradero de cabeza (Figura 3). Una crónica
del Diario del Alto Aragón, del 28 de
noviembre de 2006 informaba que «de
madrugada se produjo un importante desprendimiento en
el kilómetro 68,50 de la A-138, en la entrada
del Túnel de las Devotas. Cayeron numerosas piedras
de grandes dimensiones y mucha tierra, posiblemente
por las lluvias de estos días. Se trata de un
punto habitual de avalanchas y como tal peligroso. El
alcalde de Tella-Sin, Mariano González, hace
un nuevo llamamiento a Carreteras del GA para que acondicionen
el tramo, dado el riesgo que suponen para los automovilistas
los continuos incidentes de este tipo».

Figura 3. En pleno
siglo XXI, el Paso de las Devotas sigue dando algún
que otro quebradero de cabeza.
La primera carretera (flecha amarilla) se puede ver
todavía debajo del trazado de la actual. Juan
M. Rodríguez.
Más recientemente,
el 24 de abril de 2022 y bajo el titular Espectacular
desprendimiento en la carretera de Bielsa por las intensas
lluvias, el Heraldo de Aragón informaba
que «el desprendimiento
se ha producido sobre las 7 de la mañana de este
domingo, afortunadamente sin causar daños personales,
ya que en ese momento no pasaba por la carretera ningún
conductor. Ha ocurrido en la A-138, a la altura de Lafortunada
(Tella-Sin), concretamente en el congosto de las Devotas,
donde la vía discurre entre enormes paredes de
roca y el río Cinca. Sobre la carretera han caído
piedras y también árboles cubriendo toda
la calzada y originando un socavón, así
como daños en las biondas, que tendrán
que ser reparados para devolver la vía a la normalidad.
El corte del tráfico no ha sido la única
consecuencia. El derrumbe también ha afectado
a las telecomunicaciones en esa parte de la comarca
del Sobrarbe. El alcalde del municipio de Tella-Sin,
donde se ha producido el incidente, ha comentado que
por ese lugar pasan los cables de telefonía».
Antes de la carretera,
la situación era francamente peor y cada vez
que el río bajaba crecido, lo cual no era infrecuente,
el paso resultaba infranqueable para personas y caballerías
(Figura 4). Entones, José Fes –como todos
los que hacían esa ruta- tenía que desviarse
en Lafortunada y atravesar el quejigar de Tella para
poder llegar a Bielsa. ¡Un buen rodeo y muchos
metros de desnivel! Con Devotas o sin Devotas, el acceso
a los diversos pueblos del valle (Saravillo, Sin, Señés,
Serveto, Plan, San Juan de Plan y Gistaín) seguía
siendo complicado. Las alternativas eran (a) el camino
desde Badaín que, tras superar varios collados,
llegaba a Saravillo, (b) el camino desde Salinas pasando
por Sin; o (c) el río Cinqueta cuando sus aguas
eran suficientemente escasas como para poder transitar
por él. Es decir, que solo se podía
acceder al valle mediante caminos de herradura únicamente
transitables con caballerías o a pie.

Figura 4. El Paso de
las Devotas, punto crítico entre Aínsa
y los valles de Bielsa y Plan. El Mataire,
1914.
Archivo Municipal de Bielsa.
En los años
30 del siglo pasado se abrieron los túneles de
La Inclusa (Figura 5) aunque la carretera no llegó
a Plan hasta algunos años más tarde (1954).
Desde entonces hasta la fecha, el valle únicamente
ha contado con ese acceso para vehículos, por
donde apenas cabe un vehículo pesado y en el
que existe un riesgo palpable de desprendimientos. De
hecho, no son raras las noticias sobre ese tipo de percances
en la prensa. Por ejemplo, el Heraldo de Aragón
del 5 de febrero de 2017 decía que: «Un
desprendimiento de piedras en la carretera A-2609, único
acceso al valle de Chistau, en la comarca de Sobrarbe,
ha dejado incomunicados durante varias horas a los pueblos
de Saravillo, Sin, Señés, Serveto, Plan,
San Juan de Plan y Gistaín, que suman unos 500
habitantes. Aunque se ha procedido esta mañana
a la reapertura parcial del acceso gracias a la retirada
de piedras de un carril, no se descarta que haya que
volver a cerrarlo porque se ha trasladado maquinaria
pesada para poder limpiar toda la vía y también
podría producirse nuevos desprendimientos».
Lo mismo el 17 de marzo de 2020: «Un
desprendimiento de piedras ocurrido el lunes en la carretera
del valle de Chistau (A- 2609) ha vuelto a evidenciar
el mal estado de esta vía que comunica las localidades
de Saravillo, Sin, Señés, Serveto, Plan,
San Juan de Plan y Gistaín, en la comarca del
Sobrarbe. "Hay que tomar medidas porque algún
día habrá una desgracia", se lamentaba
el alcalde de Plan, José Serveto, recordando
que estos municipios llevan años reclamando una
mejora integral. Los vecinos del valle de Chistau llevan
años movilizándose por la mejora de la
vía, el único acceso para estos pueblos».

Figura 5. El difícil
acceso a Plan: túneles de La Inclusa. Juan M.
Rodríguez.
De hecho, la mejora
de la actual carretera y la construcción de otra
que conecte este valle con el de Benasque han sido reivindicaciones
permanentes de los sucesivos alcaldes de los pueblos
del valle en las últimas décadas.
3. Casa Aguador
Ramón Juste
Olivera es el actual dueño de Casa Aguador. Afortunadamente,
ha conservado como oro en paño toda una serie
de documentos relacionados con la actividad arrieril
de su abuelo (Joaquín Olivera Labazuy) y su bisabuelo
(José Olivera Lanao), desarrollada entre finales
del siglo XIX y las primeras décadas del siglo
XX (Figura 6). Este pequeño archivo personal
es un auténtico tesoro que nos ha permitido conocer
que el catálogo de productos que suministraba
al valle de Gistau no se limitaba al vino, aceite y
poco más, sino que era mucho más amplio
de lo que pensábamos anteriormente. También
que, en aquella época, los profesionales autónomos
también tenían que enfrentarse al celo
de Hacienda y al “papeleo” de rigor (alta,
baja, contribución territorial, cédulas,
presupuestos, pedidos, etc.).

Figura 6. Familia Aguador.
A la izquierda, con chaleco, Joaquín Olivera
Labazuy.
Ramón Juste Olivera (nieto), es el niño
del centro. Archivo Casa Aguador (Naval).
Empezaremos por los
papeles oficiales. El 15 de febrero de 1930, la Inspección
de Hacienda de la provincia de Huesca hace constar «que
no habiéndose provisto en plazo legal de la patente
de “arriero trajinero” el vecino de Naval
D. Joaquín Olivera Labazuy fué requerido
previamente por conducto de la Alcaldía para
que aceptase la clasificación y liquidación
de lo que le correspondía satisfacer para tal
industria y año en ejercicio como comprendido
en la tarifa 1ª sección 3ª clase 4ª
nº 1». La Inspección «le
invita a rectificar voluntariamente esta situación
tributaria, colocándose en la que legalmente
le corresponde, evitando así las responsabilidades
en que de otro modo podría quedar incurso»
(Figura 7).

Figura 7. Documento
de la Inspección de Hacienda de la provincia
de Huesca (15 de febrero de 1930).
Archivo Casa Aguador (Naval).
El 17 de febrero,
la Administración de Rentas Públicas practica
la correspondiente liquidación. Joaquín
Olivera debía satisfacer las cantidades requeridas
por orden de pago dirigida al Tesoro
«en el plazo improrrogable de
diez días, pasados los cuales sin verificarlo,
se expenderá la oportuna certificación
de apremio para su cobro por la vía ejecutiva»
(Figura 8). Las cantidades por satisfacer para
la patente de arriero para el año 1930 eran las
siguientes: 122 pesetas en concepto de «cuota
para el Tesoro»; 15,86 pesetas como «recargo
municipal, 13 por 100» y 6,89 pesetas como
«premio de cobranza»; total: 144,75
pesetas. El pago en el plazo establecido no llevaría
aparejada ninguna «penalidad» (Figura
8). Tal y como sucede en la actualidad, el premio de
cobranza se refería a los honorarios de quien
recaudaba las obligaciones de pago.

Figura 8. Documento
de la Administración de Rentas Públicas
(17 de febrero de 1930).
Archivo Casa Aguador (Naval).
La contribución
territorial se dividía en aquella que afectaba
a la riqueza urbana (registro oficial de edificios y
solares) y la que se realizaba sobre la riqueza rústica
amillarada. El pago se podía efectuar
anualmente (un solo pago) o se podía fraccionar
trimestral o semestralmente. A modo de ejemplo, el líquido
imponible correspondiente a la riqueza urbana de José
Olivera ascendía en el año 1934 a 84 pesetas.
El importe de la contribución era un 20,995%
del líquido imponible (cuota para el Tesoro,
incluyendo el premio de cobranza: 17%; el recargo para
atenciones de primera enseñanza: 2,72%; y un
recargo adicional: 1,275%). En total, 17,64 pesetas.
Como el contribuyente se acogió al pago semestral,
el recibo fue de 9 pesetas (Figura 9). La cédula
personal, en este caso recaudada por el ayuntamiento
en nombre de la Diputación provincial, era otro
documento imprescindible, especialmente para personas
que tenían que desplazarse frecuentemente, como
era el caso de los arrieros. Por este concepto, José
Olivera tuvo que abonar por una cédula de tarifa
2ª clase 12 otras 6 pesetas adicionales para la
del año 1935 (Figura 10).

Figura 9. Contribución
territorial. Año 1934. Archivo Casa Aguador (Naval).

Figura 10. Cédula
personal de José Olivera. Año 1935. Archivo
Casa Aguador (Naval).
El último documento
oficial, realmente muy interesante, es el que presentó
Joaquín Olivera en el ayuntamiento de Naval notificando
su baja como “transportista” (Figura 11).
Así, entregó una declaración
«dando parte de haber cesado en
el ejercicio que constituía su industria el día
30 de diciembre de 1939 y cuyos pormenores son los siguientes:
Baja del impuesto de transporte de un carro de dos ruedas
tirado por dos caballerías, con recorrido de
mas de 30 kilometros». La proximidad del
cese de la guerra se evidencia en la apostilla «Año
de la Victoria» al lado de la fecha y firma
del declarante (Figura 11). Tal y como era preceptivo,
el secretario del ayuntamiento debía comprobar
«si es cierto o no que el industrial que suscribe
ha cesado en el ejercicio de su industria, manifestando
en caso afirmativo si ha sido sustituido por otro individuo»,
lo que certifica ese mismo día sin que conste
ningún sustituto (en otros tiempos era habitual
que la titularidad como transportista pasara de padres
a hijos) (Figura 12). Como se comentó en el capítulo
dedicado a Antonio Bellosta, la guerra hizo estragos
en las comunicaciones y poblaciones del Alto Aragón
y no fueron pocas las sagas de arrieros que, en aquellos
momentos, abandonaron su actividad definitivamente.

Figura 11. Baja como
“transportista” de Joaquín Olivera
en el Ayuntamiento de Naval (anverso).
Archivo Casa Aguador (Naval).

Figura 12. Baja como
“transportista” de Joaquín Olivera
en el Ayuntamiento
de Naval (reverso). Archivo Casa Aguador (Naval).
La parte más
abundante de la documentación conservada en Casa
Aguador (que, obviamente, es la punta del iceberg de
la que debió generar este arriero a lo largo
de su vida laboral) se refiere a los pedidos y listas
de compras y ventas, con nombres de proveedores y clientes,
fechas, cantidades y precios, en el periodo comprendido
entre 1931 y 1934 (Tabla 1).
Tabla 1. Principales productos
que transportaba Joaquín Olivera (Casa Aguador,
Naval)
entre Barbastro y el valle de Gistau entre 1930 y 1936.
|
Producto |
Cantidad |
Precio (pesetas) |
| Aceite |
1 kilo |
1,70 |
| Harina |
50 kilos |
Entre 39 y 43,50 |
| Vino |
1 decalitro |
3,25 |
| Garbanzos |
1 kilo |
2,15 |
| Atún en lata |
12 latas |
6,30 |
| Azúcar |
6 kilos |
Entre 8,40 y 9,90 |
| Tapioca |
2 onzas |
2,00 |
| Arroz |
50 kilos |
Entre 29 y 33 |
| Jabón |
36 kilos |
41,40 |
| Sardinas |
1 lata (6 kilos) |
10,50 |
| Leche |
6 litros |
9,60 |
| Bacalao |
2 piezas |
Entre 4,90 y 5,85 |
| Alpiste |
2 kilos |
2,40 |
| Aceitunas |
1 lata |
5,00 |
| Escabeche |
1 lata |
1,30 |
| Azafrán |
¿? |
0,50 |
| Fideos |
12 kilos |
10,80 |
| Garbanzos |
3 kilos |
6,00 |
| Harina Ceres |
1 saco (50 kilos) |
72,50 |
| Salvado "con
envase" |
Saco |
9,00 |
| Tocino ventresca |
11,80 kilos |
33,05 |
| Ventresca |
4,95 kilos |
14,85 |
| Leche condensada |
12 latas |
1,70 cada lata |
| Café |
Bidón 7 kilos |
8,50 |
| Cama con somier 120 |
1 unidad |
67,50 |
| Silla |
1 unidad |
6,75 |
En general, Olivera
vendía sus artículos al por menor a cualquier
particular entre Puértolas y Gistaín (Salinas,
Saravillo, Señes…) aunque había
clientes, como algunos comerciantes de Plan, que regularmente
le hacían grandes pedidos. Las mercancías
que llevaba podían tener tres orígenes:
(1) pequeños productores locales (Naval, Mipanas,
Coscojuela de Fantova, Salas Altas, Salas Bajas, etc.);
(2) los grandes almacenes que ya existían en
Barbastro, bien surtidos de casi todo tipo de productos
y cuya importancia en ese momento ya era mucho mayor
que la de los pequeños productores locales; y
(3) mercancías consignadas en la estación
de Barbastro que habían llegado hasta allí
tras ser solicitadas, por ejemplo, por un comercio de
Plan a un productor de cualquier otro sitio de España.
Los documentos muestran
que, en este último caso, José Olivera
(el bisabuelo) era el encargado de ir a la estación
a cargar la mercancía y que lo hacía aproximadamente
una vez a la semana. Cada vez que iba a la estación
tenía que pagar 3 pesetas en concepto de «por
cargue carro» (Figura 13). El encargado de
cobrar era Joaquín Estarán, la misma persona
responsable de solicitar los vagones que se necesitasen
para el envío de mercancías desde Barbastro
a cualquier otro punto de España.

Figura 13. Recibo
«por cargue carro». Estación
de Barbastro, 1931. Archivo Casa Aguador (Naval).
Entre sus mejores clientes
se encontraba Manuel Mur (Tejidos y Confecciones,
Plan, Huesca), que solicitaba regularmente los
servicios de Joaquín Olivera para que le suministrase
los géneros más variados. El servicio
de transporte entre Barbastro y Plan podía incluir
una tasa por los portes del ferrocarril (cuando
tenía que subir género que Mur había
solicitado por ferrocarril) más otra tasa variable
que dependía de los kilos totales transportados
desde la villa del Vero, independientemente de que correspondiesen
a mercancías consignadas en la estación
o a las adquiridas en los almacenes y tiendas de Barbastro.
Así, a modo de ejemplo, la «nota de
portes» fechada en Plan el 26 de febrero
de 1933 incluye los «portes del ferrocarril»
(2,80 pesetas), los «portes de 131,5 kilos
de peso de artículos varios» desde
la estación (19,75 pesetas), un saco de pan,
7 kilos de cacahuetes (10,85 pesetas), naranjas (7,25
pesetas), 12 mechas (1,80 pesetas), «esquerolas»
(1,25 pesetas) y 55 kilos de aceite (90,10 pesetas)
(Figura 14). En total, 144,60 pesetas, de los que había
que descontar 4 pesetas «entregadas de mas
en el viaje pasado».

Figura 14.«Nota
de portes». Establecimiento Manuel Mur (Plan).
Archivo Casa Aguador (Naval).
La documentación
disponible permite conocer que los viajes de Joaquín
Olivera a Plan se sucedían con una cadencia mensual,
independientemente de la época del año.
Mur enviaba una carta a Joaquín Olivera indicándole
los artículos que debía subir en su siguiente
viaje especificándole, en algunos casos, en qué
establecimientos de Barbastro los tenía que adquirir
(«de casa del Sr. Ignacio Pala»,
«de casa de Don Luis Alfos», …).
El espectro de artículos que Olivera llevaba
a Mur era realmente amplio e incluía, además
de los citados anteriormente, vino, ajos, cebollas,
caparros (alubias, pochas), azúcar,
chocolate, peras, ordio, brochas de distintas
calidades y precios, palotes (mangos de madera
para palas, rastrillos, etc), esparto, lejía,
sosa, hierro, cemento (en sacos de 200 kilos), etc.
(Figuras 15 y 16). En el caso del hierro y el cemento
los documentos especifican que los tenía que
subir solo hasta Plandescún. La calidad del cemento
y del yeso que llevaba era tan buena que muchos en la
zona le conocían por el apodo de El Yesero.

Figura 15. Nota de
portes. Establecimiento Manuel Mur (Plan).

Figura 16. Nota de
portes. Establecimiento Manuel Mur (Plan).
Es de suponer que
el resto de los artículos los llevara hasta Plan.
Frecuentemente, Mur recalcaba en sus encargos que la
calidad del género fuese la adecuada («200
naranjas que sean buenas», «dos
docenas de lechugas buenas», «dos
docenas ajos que sean buenos», «doce
a quince kilos de uva moscatel blanca que sea buena»
…), o que llegasen con una presentación
determinada («200 naranjas empapeladas»),
mientras que en otros casos el arriero ya sabía
lo que tenía que subir («pan el de
costumbre», «pan si puede doble
ración que el de costumbre»). En algunos
casos, el pedido era particularmente concreto «un
tintero grande, negro, vaterman» (en alusión
a la famosa marca Waterman).
Antonio Ferré,
de Casa Cuello de Plan, era otro buen cliente. El principal
artículo que solicitaba a Aguador era harina,
con pedidos mensuales de 50 kilos (Figura 17). Además,
también le compraba otros productos (jabón,
arroz, pasta de sopa, pasta de canelones, vino…).
Figura 17. Nota de
portes. Establecimiento Casa Cuello (Plan). Archivo
Casa Aguador (Naval).
Ignacio Buisán,
también de Plan, era otro buen comprador de harina.
En cambio, Alfredo Palacín, de la misma localidad,
le solicitaba productos estrechamente relacionados con
las matacías: arroz, especias molidas, canela
fina molida, pimentón dulce y tripas (Figura
18). Además, como se ha comentado anteriormente,
también vendía en cantidades más
pequeñas a cualquier casa del valle. En sus notas
tenía apuntado qué llevaba para cada persona
(«Alfredo», «Manuel» o «Sargento»
de Plan; «Vicente Escalona» o «José
Ballarín» de Gistaín; «Plácido
Ferrer» de Señes, etc.) y, a medida que
les entregaba los productos, los iba tachando de la
lista (Figura 19).

Figura 18. Nota de
portes. Alfredo Palacín. Archivo Casa Aguador
(Naval).

Figura 19. Lista de
encargos. Cuando se entregaba uno, se tachaba de la
lista.
Archivo Casa Aguador (Naval).
Los artículos
comestibles y no comestibles que vendía en aquella
zona eran de lo más variado e incluyen, aparte
de los citados hasta ahora, los siguientes: café,
azúcar, azafrán, galletas, fideos, tapioca,
bacalao, sardinas, atún, escabeche, embutidos,
lentejas, garbanzos, alubias, habas, aceitunas, manzanas,
pimientos, licores, alcohol, gaseosas, litines, jaulas
para pájaros, alpiste, cañamones, bicarbonato,
agua oxigenada («con precinto»)
y otros medicamentos (Neuronal, Lacteol…),
carbón, telas, agujas, papel, tinta, sillas,
camas, somieres, palanganas, pintura, pistones, tacos,
pólvora, velas, vasos, tachuelas, tornillos,
tuercas, alambre, caloríferos, paletas…
Por supuesto también artículos necesarios
para la otrora importante actividad
minera de la zona (mecheros para lámparas de
mina, gomas para las lámparas…).
Si los clientes eran
importantes, los proveedores no le iban a la zaga. Ya
se ha señalado que, por aquel entonces, los grandes
almacenes de coloniales e industrias alimentarias
(harinas, aceites…) de Barbastro se habían
convertido en los principales suministradores de los
artículos con los que Aguador comerciaba (Figura
20).

Figura 20. Establecimientos
de interés en los alrededores de la estación
de Barbastro. Años 60.
Archivo Enrique Padrós.
Entre ellos, se encontraban
los siguientes:
• El Bazar San
José de Valentín Lafarga, en la calle
General Ricardos, 73 (Figura 21).

Figura 21. Factura
del establecimiento Valentín Lafarga. Archivo
Casa Aguador (Naval).
• Justo Aixelá,
Agencia de Transportes y agente de Abonos Barrau y compañía
(Figura 22).

Figura 22. Cartel publicitario
de Abonos Barrau y Cia. Archivo UCM.
• La Sra. Viuda
de Coscojuela.
• Ebanistería y Almacén de Muebles
Mariano Puertas.
• Ignacio Marro, empresa de material de construcción
y «sanidad moderna», , uno de los
principales proveedores de Pórtland para Olivera
(Figura 23).

Figura 23. Factura
del establecimiento Ignacio Marro. Archivo Casa Aguador
(Naval).
• La Harinera
Barbastrense (Mediano H.nos y Lagüens,
S.L.) (Figura 24).

Figura 24. Factura
de La Harinera Barbastrense (Mediano H.nos
y Lagüens, S.L.).
Archivo Casa Aguador (Naval).
• Srs. Obarro
Gómez y Paul. Fabrica de Aceites y Jabones La
Olearia de Barbastro (Figura 25).

Figura 25. Etiqueta
y publicidad de La Olearia. Archivo UCM.
• Ramón
Salazar. Almacén de Aguardientes, Vinos y Licores.
(Figura 26).

Figura 26. Factura
del establecimiento Ramón Salazar. Archivo Casa
Aguador (Naval).
• La Competidora.
Hija de Francisca López. Fábrica de Aguardientes,
Licores y Jarabes. Entre sus especialidades se encontraban
el «Anís de la Jota» (Figura 27),
el «Licor del Pueyo» y el «Coñac
Espagne».

Figura 27. Marca del
Anís de la Jota. La Competidora, Barbastro.
Oficina Española de Patentes y Marcas.
• Carbónicas
Sánchez (Figura 28).

Figura 28. Publicidad,
membrete, botella de agua carbonatada y
sifón de la Fábrica de Gaseosas Sánchez.
Archivo UCM.
• Espumosos Ramón
de Agustín Borrás (Figura 29).

Figura 29. Sifones
de Espumosos A. Ramón. Agustín Borrás,
Barbastro. Archivo UCM.
• Espumosos Angelín
(Figura 30; Huguet, 2015).

Figura 30. Sifón
y carro de reparto de Espumosos Angelín.
En el centro, Ernesto Agraz Viván, último
dueño de la empresa. Fuente: Huguet (2015).
• Vicente Lagüéns.
Carnecería y Salchicheria. Especialidad en Embutidos
del País. Calle de los Argensola, 20.
• Luis Alfos. Cereales, Abonos y Carbones. Agencia
de Transportes.
• Francisco Torres Lacadena. Antigua Casa de W.
Joaquin Puig y Hno. Ultramarinos y Chocolates. Coso,
37 (Figura 31).

Figura 31. Factura
del establecimiento Francisco Torres Lacadena. Archivo
Casa Aguador (Naval).
• Ignacio Palá.
Almacén de Coloniales. (Figuras 32 y 33).

Figura 32. Factura
del establecimiento Ignacio Palá. Archivo Aguador.

Figura 33. Publicidad
del Almacén de Coloniales Ignacio Palá.
Archivo UCM.
• Casa del Sr.
Artero y Sucesor de A. Moreras. Ferretería. General
Ricardos, 75 y 77 (Figura 34).

Figura 34. Factura
del establecimiento Sucesor de A. Moreras. Archivo Casa
Aguador (Naval).
Dejamos a Aguador
prosiguiendo su camino hacia Plan, en una estampa de
la más castiza arriería, incluso con su
movimiento y todo (Figura 35).

Figura 35. Aguador
con sus machos y su carro camino de Plan. Años
20. Archivo Casa Aguador (Naval).
4. Casa Fantova
El recuerdo de Aguador
en el valle de Gistau se fue diluyendo con el tiempo,
lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta
que dejó sus actividades arrieriles al estallar
la guerra civil, dándose de baja en el gremio
allá en 1939. Desde entonces, Fantova (con el
que Aguador compartió viajes entre Naval y Plan
durante muchos años) pasó a ser el único
transportista entre el Somontano y Plan. José
Fantova Sopena, la última persona de Casa Fantova
que se dedicó a la arriería pura y dura,
siguió acudiendo regularmente al valle. Su apellido
sigue evocando en los más mayores aquellos tiempos
en los que el transporte de mercancías hasta
el valle era toda una aventura.
José Fantova
nació en Naval el 8 de enero de 1925 en el seno
de una casa que constituyó todo un referente
de la arriería altoaragonesa durante muchas generaciones.
Su padre (José Fantova Escape) y su abuelo (Juan
Fantova) se dedicaban al oficio y estaba bastante claro
que tanto él como su hermano Ramón (con
el que con el tiempo constituiría una sociedad)
continuarían con la tradición familiar
(Figuras 36 y 37). Algunos años antes, en 1880,
su abuelo paterno había abierto una tienda en
Plan, donde se vendían los productos que iba
trayendo en sus sucesivos viajes. La apertura de tiendas
en las zonas donde estaba su clientela fue una costumbre
de los arrieros navaleses del último cuarto mitad
del siglo XIX y de ahí la proliferación
de comercios con el nombre de Casa Naval o
Casa Navalés por la provincia de Huesca
y limítrofes en aquel periodo.

Figura 36. José
Fantova Sopena, último arriero de Casa Fantova.
Archivo Casa Fantova (Plan).

Figura 37. José
María Fantova (nuestro informante) a la izquierda,
en brazos de su padre (José Fantova Sopena).
Archivo Casa Fantova (Plan).
En una entrevista que
le realizó Miguel Anchel Pérez el 2 de
abril de 2011, José recordaba su trabajo y las
sucesivas tiendas que la familia tuvo o sigue teniendo
en Plan: «Subía
a vender vino y de todo. Aquí venía, primero
a Plan d’Escún con un carro con el Aguador
de Naval y después a Plan, con bastes y albardas,
con un caballo y un burro. En casa Castillo de Plan
mi abuelo tenía la tienda. Después la
tuve yo en casa de Ojitos, que me decían: “Cosa,
cosa, esta casa la habéis hecho para hombrichons”.
Más tarde la puse en las casetas de Moliné
(casa Fantova), luego aquí donde vivimos y ahora
la tiene José María [su hijo]
en la Capilleta».
María Pardina,
una nieta de José, escribió hace unos
años una redacción sobre la vida de su
abuelo y en ella describía el momento en el que
el arriero pasó de subir a vender a Plan y tener
una tienda a plantearse quedarse a vivir allí:
cuando conoció a su abuela Noelia Aused, de casa
Moliné. «Estuvieron
moceando dos años y con 29 años mi abuelo
y 24 mi abuela se casaron el 31 de octubre de 1954 en
Plan. De viaje de novios fueron a Madrid donde fueron
para 15 días pero vinieron antes porque el padre
de mi abuelo se puso enfermo y a los 15 días
de casados murió. Al año, el 15 de agosto
nació su primer hijo José María,
al tercer año el 27 de enero Mª Asunción
(mi madre) y a los 9 años el 17 de abril su tercer
y última hija Noelia. Y así es como se
quedó a vivir en Plan. Construyó una casa
(en la que estamos aún viviendo) y debajo de
la casa hizo una tienda que era despachada por mi abuela;
además tenían contratada a una señora
del pueblo que ayudaba a mi abuela en la tienda, con
los hijos, en las tareas de la casa…».
El itinerario que
seguía Fantova era Naval (de donde salía
sobre las 5 de la mañana)-Barbastro-Mesón
de Mediano-Labuerda-Escalona-Mesón de Tella.
Desde allí se dirigía hacia los valles
de Bielsa y Gistau. Hasta el año 1954 (el mismo
en el que se afincó en Plan) no llegó
la carretera a Plan por lo que hasta entonces tenía
que dejar el carro en Plandescún y subir con
la mercancía cargada en las caballerías
hasta Plan, San Juan de Plan, Saravillo (donde paraba
en Casa Gabás) y Lacomuna (Sin, Serveto, Señes).
El tiempo medio del viaje, desde que salía de
Naval hasta que volvía a la villa de la sal,
era de aproximadamente una semana, aunque podía
variar dependiendo de la climatología ya que,
como en el caso de Aguador, efectuaba sus desplazamientos
a lo largo de todo el año.
Los principales productos
que vendía en el valle eran aceite, vajilla y
sal de su pueblo, telas y vino. El vino procedía
principalmente de Salas o Abizanda y en su transporte
le ayudó durante algún tiempo Antonio
Lacambra de Casa Chavalín de Naval (otro referente
en el mundo de la arriería), que ya disponía
de un modesto camión y se lo subía hasta
donde llegaba la carretera. Como en el caso de Joaquín
Olivera, José Fantova adquiría muchos
productos (algunos encargados expresamente por sus clientes)
en algunos de los almacenes de Barbastro, como Acín
o el ya citado Palá. El establecimiento de Saturnino
Acín (Fábrica de Chocolates y Pastas
para Sopa. Coloniales. Pesca Salada. Fábrica
de Cucharas de Boj) fue otro de los grandes abastecedores
de La Montaña en aquellos años (Figura
38).

Figura 38. Sobre del
establecimiento de Saturnino Acín. Archivo UCM.
Fantova, a su vez,
adquiría otros productos en el valle, casi siempre
en forma de trueque, que posteriormente vendía
en Barbastro. Entre ellos destacaban las pieles, las
patatas o las judías. Curiosamente, y a diferencia
de Antonio Bellosta (Casa Banastón, Naval), no
solía bajar quesos en sus viajes, a pesar de
la notable actividad de los ganaderos de Bielsa, Plan
o Gistaín.
En el año 1954
y con la ansiada llegada de la carretera a Plan, su
actividad transportista se modernizó: abandonó
el carro y las caballerías y las cambió
por un camión (primero un pequeño Ebro
de la época y posteriormente, uno de los míticos
Pegaso Comet (Figura 39). El camión le proporcionó
mucha más rapidez, versatilidad y capacidad de
carga y siguió comercializando numerosos productos
(lana, patatas, pieles, judías, arroz, vino,
telas, vajilla…) entre Plan y Barbastro, y viceversa.

Figura 39. Los primeros
camiones de Fantova: pequeño Ebro de la época
y uno de los míticos Pegaso Comet.
Archivo Transportes Vigo.
En la entrevista citada
anteriormente, y a la pregunta «¿Ha
sido feliz en su trabajo?» José
daba algunas pistas sobre las características
de todo buen arriero «Sí,
aunque la vida actual es mucho mejor que la de antes,
es lo que nos ha tocado. Atendía bien a todo
el mundo. Tenía secadero de pelo de cerdo que
dejaba en la falsa de casa Moliné. Compraba lana
y pieles. Tenía paciencia y era de fiar».
Eso sí, tras tantos años en Plan, su lugar
de nacimiento todavía le tiraba mucho y, así,
cuando le preguntaron si se consideraba aragonés,
su respuesta fue contundente: «Ya
lo creo, aragonés y navalés. A Naval lo
adoro».
José Fantova, otro de los últimos representantes
de aquellos aguerridos arrieros navaleses, falleció
en Plan el 10 de agosto de 2016 a la edad de 91 años.
5. . Referencias
Calvera, C. 2015. El
Paso de las Devotas. Gráficas Editores,
Barbastro.
Huguet, A. 2015. Espumosos
Angelín. El Cruzado Aragonés, 27
de febrero de 2015.
Sitios
web
https://francomolina.wordpress.com/2011/11/25/
el-gran-coliseo-de-valentin-lafarga-por-francisco-molina-solana/
http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/2015/03/16/
el_valle_gistain_urge_mejora_unico_acceso_por_carretera_351817_314.html
http://www.heraldo.es/noticias/aragon/2017/02/05/
una-avalancha-piedras-incomunica-valle-gistain-1157425-300.html
https://www.heraldo.es/noticias/aragon/huesca/2020/03/17/
otro-desprendimiento-en-plan-vuelve-a-evidenciar-el-mal-estado-de-la-carretera-1364272.html
https://www.heraldo.es/noticias/aragon/huesca/2022/04/24/
espectacular-desprendimiento-en-la-carretera-de-bielsa-por-las-intensas-lluvias-1569372.html
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