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El carrusel de la memoria:
3. Aguador y Fantova: de Naval a Bielsa y Plan
  Ramón Juste Olivera, Juan Miguel Rodríguez Gómez
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«Chistén está en un alto y San Juan en una cuesta; dichoso valle de Plan, cuantos suspiros me cuestas». Dicho popular.

1. Introducción

La combinación de ubicación, paisaje y hospitalidad hacen de Casa L’Albeitar de Guaso un lugar único al que siempre apetece volver. Pero en aquella tarde de verano, la conversación con la persona de mayor edad de la casa sobre los arrieros y carreteros que navegaron por Aínsa, le daba un aliciente si cabe aún mayor a la visita. Antonio Fumanal Fes (24/01/1926 - 08/02/2012) tenía entonces dificultades para desplazarse en el espacio, pero una gran agilidad para moverse por el tiempo (Figura 1).

Figura 1. Antonio Fumanal Fes. Archivo Fumanal (L’Albéitar, Guaso).

El primer nombre que saltó a la palestra fue el de José (Pepe) Fes Bielsa (Figura 2), nacido en 1864. Le resultaba particularmente cercano pues era de casa de su madre: Casa La Luisa de Aínsa. Este hombre, de los del antiguo transporte a carga, se dedicaba al intercambio de productos entre Aínsa y Bielsa. De Bielsa bajaba principalmente tablas de la serrería local y, como era una época en la que no se podía dar puntada sin hilo, en el viaje de subida llevaba aquellos productos que la gente de la zona (Bielsa, Parzán, Espierba…) le había encargado previamente (patatas, judías, etc.). También se dedicaba a la compraventa de vino y aceite. José se casó con Cecilia Latorre Bernad, de Casa Latorre, y tuvieron tres hijos: Cecilia, Pilar y José María. Lamentablemente, José Fes falleció a los 51 años de un ataque al corazón mientras se encontraba en ruta por la zona de Las Devotas y fue enterrado en Badaín. Su hijo José María El Rubio era todavía un niño cuando murió su padre, motivo por el que la familia decidió que Cecilia fuera la heredera. Años más tarde, José María siguió los pasos de su padre y, entre otras ocupaciones que tuvo a lo largo de su vida, también se dedicó al comercio. A finales de los años 40, montó una panadería en el barrio Sudiera de Banastón, que sustituyó al antiguo horno de la familia Palacín.

Figura 2. José Fes Latorre. Archivo Fumanal (L’Albéitar, Guaso).

También se acordaba de Carmen «de Barbastro», más concretamente, de Casa Santiago. Una mujer dedicada a la venta ambulante en un mundillo dominado abrumadoramente por hombres. Viuda y con dos hijos, subía con el autobús desde Barbastro hasta Aínsa y, desde allí iba con un burro a Fanlo y recorría el valle de Vio vendiendo telas, lencería, ollas… Y de un tal Santiago, del Buixitar de Banastón, que heredó la clientela de su suegro navalés. Y es que, hablando de arrieros, antes o después tenían que salir los de Naval («aunque también subía alguno de Abizanda»). Antonio recordaba colectivamente a los muchos cazoleros de la villa de la sal que pasaban por Aínsa, cruce de caminos para varios valles pirenaicos. Comían o pernoctaban en Tozola, el mesón de Pedro y Feliciana, el único que hubo durante algún tiempo. Posteriormente, abrió el mesón de Filomena, con unas cuadras muy grandes, «justo donde está ahora la CAI», en la antigua carretera de Barbastro a Boltaña. En el mesón, los arrieros sacaban uno de los famosos pucherets de los obradores navaleses; el mismo cacharro que, una vez consumido el preciado líquido, el arriero ofrecía como pago en especie. De forma individual, se acordaba de Chavalín, de Joaquín de El Aguador y de Fantova («el padre del de la tienda en Plan», que pasaba con un carro tirado por un par de burros hasta que lo cambió por un pequeño camión, y de su abuelo, cuya corpulencia era tal que cuando el carro iba bien cargado se tenía que bajar en las subidas para que los animales no sufrieran demasiado).

2. El difícil acceso a los valles de Bielsa y Gistau

Precisamente, varias generaciones de arrieros de Casa Aguador y Casa Fantova de Naval tuvieron en común el destino final de sus viajes: los valles de Bielsa y de Gistau. Y, como José Fes, hasta allí llegaban antes incluso de que se hiciese, hacia 1921, la carretera que permitía atravesar el, hasta entonces temible, Paso de las Devotas, entre Lafortunada y Salinas. La recreación que del mismo hace Carlos Calvera en una reciente novela no distaba mucho de la realidad:

«Tras abandonar Huesca el día 2 de marzo [de 1840], y en una sucesión de recorridos demoledores a través de caminos de carro y sendas de leñadores, fui sumergiéndome progresivamente en un paisaje de fantasía irreal, constituido por congostos y hoyadas de una fiereza casi prehistórica, en cuyos fondales, saltando de peñascal en peñascal, bramaba el curso de las aguas heladas precipitándose invisibles bajo un manto de nieblas perpetuas. Poco antes del anochecer y tras dos días de marcha agotadora, alcancé la última aldea que custodiaba la entrada al Paso. El pueblo en sí – llamado La Infortunada – no presentaba más que un par de casonas antiguas habilitadas como fonda y algunos cobertizos de piedra para estabular las monturas.

Encerrado sobre sí mismo como un baluarte levantado contra el medio físico de sus entornos, semejaba un bastión de civilización perdida en estos confines de desolación blanca y brutal. La Infortunada era el último punto habitado antes de adentrarse en el horrible paso que el curso del río Cinca hendía en las montañas; era parada obligada de resuello, tanto para las partidas de machos que subían vino hacia Bielsa como para las que bajaban carbón y contrabando desde el otro lado del valle. (…) No en vano, antes de iniciar mi viaje hacia el corazón del Pirineo, me había documentado acerca de este valle inhóspito que permanecía aislado del resto del país por el intransitable estrecho de las Devotas».

De hecho, se trata de un tramo que, en pleno siglo XXI, sigue dando algún que otro quebradero de cabeza (Figura 3). Una crónica del Diario del Alto Aragón, del 28 de noviembre de 2006 informaba que «de madrugada se produjo un importante desprendimiento en el kilómetro 68,50 de la A-138, en la entrada del Túnel de las Devotas. Cayeron numerosas piedras de grandes dimensiones y mucha tierra, posiblemente por las lluvias de estos días. Se trata de un punto habitual de avalanchas y como tal peligroso. El alcalde de Tella-Sin, Mariano González, hace un nuevo llamamiento a Carreteras del GA para que acondicionen el tramo, dado el riesgo que suponen para los automovilistas los continuos incidentes de este tipo».

Figura 3. En pleno siglo XXI, el Paso de las Devotas sigue dando algún que otro quebradero de cabeza.
La primera carretera (flecha amarilla) se puede ver todavía debajo del trazado de la actual. Juan M. Rodríguez.

Más recientemente, el 24 de abril de 2022 y bajo el titular Espectacular desprendimiento en la carretera de Bielsa por las intensas lluvias, el Heraldo de Aragón informaba que «el desprendimiento se ha producido sobre las 7 de la mañana de este domingo, afortunadamente sin causar daños personales, ya que en ese momento no pasaba por la carretera ningún conductor. Ha ocurrido en la A-138, a la altura de Lafortunada (Tella-Sin), concretamente en el congosto de las Devotas, donde la vía discurre entre enormes paredes de roca y el río Cinca. Sobre la carretera han caído piedras y también árboles cubriendo toda la calzada y originando un socavón, así como daños en las biondas, que tendrán que ser reparados para devolver la vía a la normalidad. El corte del tráfico no ha sido la única consecuencia. El derrumbe también ha afectado a las telecomunicaciones en esa parte de la comarca del Sobrarbe. El alcalde del municipio de Tella-Sin, donde se ha producido el incidente, ha comentado que por ese lugar pasan los cables de telefonía».

Antes de la carretera, la situación era francamente peor y cada vez que el río bajaba crecido, lo cual no era infrecuente, el paso resultaba infranqueable para personas y caballerías (Figura 4). Entones, José Fes –como todos los que hacían esa ruta- tenía que desviarse en Lafortunada y atravesar el quejigar de Tella para poder llegar a Bielsa. ¡Un buen rodeo y muchos metros de desnivel! Con Devotas o sin Devotas, el acceso a los diversos pueblos del valle (Saravillo, Sin, Señés, Serveto, Plan, San Juan de Plan y Gistaín) seguía siendo complicado. Las alternativas eran (a) el camino desde Badaín que, tras superar varios collados, llegaba a Saravillo, (b) el camino desde Salinas pasando por Sin; o (c) el río Cinqueta cuando sus aguas eran suficientemente escasas como para poder transitar por él. Es decir, que solo se podía acceder al valle mediante caminos de herradura únicamente transitables con caballerías o a pie.

Figura 4. El Paso de las Devotas, punto crítico entre Aínsa y los valles de Bielsa y Plan. El Mataire, 1914.
Archivo Municipal de Bielsa.

En los años 30 del siglo pasado se abrieron los túneles de La Inclusa (Figura 5) aunque la carretera no llegó a Plan hasta algunos años más tarde (1954). Desde entonces hasta la fecha, el valle únicamente ha contado con ese acceso para vehículos, por donde apenas cabe un vehículo pesado y en el que existe un riesgo palpable de desprendimientos. De hecho, no son raras las noticias sobre ese tipo de percances en la prensa. Por ejemplo, el Heraldo de Aragón del 5 de febrero de 2017 decía que: «Un desprendimiento de piedras en la carretera A-2609, único acceso al valle de Chistau, en la comarca de Sobrarbe, ha dejado incomunicados durante varias horas a los pueblos de Saravillo, Sin, Señés, Serveto, Plan, San Juan de Plan y Gistaín, que suman unos 500 habitantes. Aunque se ha procedido esta mañana a la reapertura parcial del acceso gracias a la retirada de piedras de un carril, no se descarta que haya que volver a cerrarlo porque se ha trasladado maquinaria pesada para poder limpiar toda la vía y también podría producirse nuevos desprendimientos». Lo mismo el 17 de marzo de 2020: «Un desprendimiento de piedras ocurrido el lunes en la carretera del valle de Chistau (A- 2609) ha vuelto a evidenciar el mal estado de esta vía que comunica las localidades de Saravillo, Sin, Señés, Serveto, Plan, San Juan de Plan y Gistaín, en la comarca del Sobrarbe. "Hay que tomar medidas porque algún día habrá una desgracia", se lamentaba el alcalde de Plan, José Serveto, recordando que estos municipios llevan años reclamando una mejora integral. Los vecinos del valle de Chistau llevan años movilizándose por la mejora de la vía, el único acceso para estos pueblos».

Figura 5. El difícil acceso a Plan: túneles de La Inclusa. Juan M. Rodríguez.

De hecho, la mejora de la actual carretera y la construcción de otra que conecte este valle con el de Benasque han sido reivindicaciones permanentes de los sucesivos alcaldes de los pueblos del valle en las últimas décadas.

3. Casa Aguador

Ramón Juste Olivera es el actual dueño de Casa Aguador. Afortunadamente, ha conservado como oro en paño toda una serie de documentos relacionados con la actividad arrieril de su abuelo (Joaquín Olivera Labazuy) y su bisabuelo (José Olivera Lanao), desarrollada entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX (Figura 6). Este pequeño archivo personal es un auténtico tesoro que nos ha permitido conocer que el catálogo de productos que suministraba al valle de Gistau no se limitaba al vino, aceite y poco más, sino que era mucho más amplio de lo que pensábamos anteriormente. También que, en aquella época, los profesionales autónomos también tenían que enfrentarse al celo de Hacienda y al “papeleo” de rigor (alta, baja, contribución territorial, cédulas, presupuestos, pedidos, etc.).

Figura 6. Familia Aguador. A la izquierda, con chaleco, Joaquín Olivera Labazuy.
Ramón Juste Olivera (nieto), es el niño del centro. Archivo Casa Aguador (Naval).

Empezaremos por los papeles oficiales. El 15 de febrero de 1930, la Inspección de Hacienda de la provincia de Huesca hace constar «que no habiéndose provisto en plazo legal de la patente de “arriero trajinero” el vecino de Naval D. Joaquín Olivera Labazuy fué requerido previamente por conducto de la Alcaldía para que aceptase la clasificación y liquidación de lo que le correspondía satisfacer para tal industria y año en ejercicio como comprendido en la tarifa 1ª sección 3ª clase 4ª nº 1». La Inspección «le invita a rectificar voluntariamente esta situación tributaria, colocándose en la que legalmente le corresponde, evitando así las responsabilidades en que de otro modo podría quedar incurso» (Figura 7).

Figura 7. Documento de la Inspección de Hacienda de la provincia de Huesca (15 de febrero de 1930).
Archivo Casa Aguador (Naval).

El 17 de febrero, la Administración de Rentas Públicas practica la correspondiente liquidación. Joaquín Olivera debía satisfacer las cantidades requeridas por orden de pago dirigida al Tesoro «en el plazo improrrogable de diez días, pasados los cuales sin verificarlo, se expenderá la oportuna certificación de apremio para su cobro por la vía ejecutiva» (Figura 8). Las cantidades por satisfacer para la patente de arriero para el año 1930 eran las siguientes: 122 pesetas en concepto de «cuota para el Tesoro»; 15,86 pesetas como «recargo municipal, 13 por 100» y 6,89 pesetas como «premio de cobranza»; total: 144,75 pesetas. El pago en el plazo establecido no llevaría aparejada ninguna «penalidad» (Figura 8). Tal y como sucede en la actualidad, el premio de cobranza se refería a los honorarios de quien recaudaba las obligaciones de pago.

Figura 8. Documento de la Administración de Rentas Públicas (17 de febrero de 1930).
Archivo Casa Aguador (Naval).

La contribución territorial se dividía en aquella que afectaba a la riqueza urbana (registro oficial de edificios y solares) y la que se realizaba sobre la riqueza rústica amillarada. El pago se podía efectuar anualmente (un solo pago) o se podía fraccionar trimestral o semestralmente. A modo de ejemplo, el líquido imponible correspondiente a la riqueza urbana de José Olivera ascendía en el año 1934 a 84 pesetas. El importe de la contribución era un 20,995% del líquido imponible (cuota para el Tesoro, incluyendo el premio de cobranza: 17%; el recargo para atenciones de primera enseñanza: 2,72%; y un recargo adicional: 1,275%). En total, 17,64 pesetas. Como el contribuyente se acogió al pago semestral, el recibo fue de 9 pesetas (Figura 9). La cédula personal, en este caso recaudada por el ayuntamiento en nombre de la Diputación provincial, era otro documento imprescindible, especialmente para personas que tenían que desplazarse frecuentemente, como era el caso de los arrieros. Por este concepto, José Olivera tuvo que abonar por una cédula de tarifa 2ª clase 12 otras 6 pesetas adicionales para la del año 1935 (Figura 10).

Figura 9. Contribución territorial. Año 1934. Archivo Casa Aguador (Naval).

Figura 10. Cédula personal de José Olivera. Año 1935. Archivo Casa Aguador (Naval).

El último documento oficial, realmente muy interesante, es el que presentó Joaquín Olivera en el ayuntamiento de Naval notificando su baja como “transportista” (Figura 11). Así, entregó una declaración «dando parte de haber cesado en el ejercicio que constituía su industria el día 30 de diciembre de 1939 y cuyos pormenores son los siguientes: Baja del impuesto de transporte de un carro de dos ruedas tirado por dos caballerías, con recorrido de mas de 30 kilometros». La proximidad del cese de la guerra se evidencia en la apostilla «Año de la Victoria» al lado de la fecha y firma del declarante (Figura 11). Tal y como era preceptivo, el secretario del ayuntamiento debía comprobar «si es cierto o no que el industrial que suscribe ha cesado en el ejercicio de su industria, manifestando en caso afirmativo si ha sido sustituido por otro individuo», lo que certifica ese mismo día sin que conste ningún sustituto (en otros tiempos era habitual que la titularidad como transportista pasara de padres a hijos) (Figura 12). Como se comentó en el capítulo dedicado a Antonio Bellosta, la guerra hizo estragos en las comunicaciones y poblaciones del Alto Aragón y no fueron pocas las sagas de arrieros que, en aquellos momentos, abandonaron su actividad definitivamente.

Figura 11. Baja como “transportista” de Joaquín Olivera en el Ayuntamiento de Naval (anverso).
Archivo Casa Aguador (Naval).

Figura 12. Baja como “transportista” de Joaquín Olivera en el Ayuntamiento
de Naval (reverso). Archivo Casa Aguador (Naval).

La parte más abundante de la documentación conservada en Casa Aguador (que, obviamente, es la punta del iceberg de la que debió generar este arriero a lo largo de su vida laboral) se refiere a los pedidos y listas de compras y ventas, con nombres de proveedores y clientes, fechas, cantidades y precios, en el periodo comprendido entre 1931 y 1934 (Tabla 1).


Tabla 1. Principales productos que transportaba Joaquín Olivera (Casa Aguador, Naval)
entre Barbastro y el valle de Gistau entre 1930 y 1936.

Producto Cantidad Precio (pesetas)
Aceite 1 kilo 1,70
Harina 50 kilos Entre 39 y 43,50
Vino 1 decalitro 3,25
Garbanzos 1 kilo 2,15
Atún en lata 12 latas 6,30
Azúcar 6 kilos Entre 8,40 y 9,90
Tapioca 2 onzas 2,00
Arroz 50 kilos Entre 29 y 33
Jabón 36 kilos 41,40
Sardinas 1 lata (6 kilos) 10,50
Leche 6 litros 9,60
Bacalao 2 piezas Entre 4,90 y 5,85
Alpiste 2 kilos 2,40
Aceitunas 1 lata 5,00
Escabeche 1 lata 1,30
Azafrán ¿? 0,50
Fideos 12 kilos 10,80
Garbanzos 3 kilos 6,00
Harina Ceres 1 saco (50 kilos) 72,50
Salvado "con envase" Saco 9,00
Tocino ventresca 11,80 kilos 33,05
Ventresca 4,95 kilos 14,85
Leche condensada 12 latas 1,70 cada lata
Café Bidón 7 kilos 8,50
Cama con somier 120 1 unidad 67,50
Silla 1 unidad 6,75

 

En general, Olivera vendía sus artículos al por menor a cualquier particular entre Puértolas y Gistaín (Salinas, Saravillo, Señes…) aunque había clientes, como algunos comerciantes de Plan, que regularmente le hacían grandes pedidos. Las mercancías que llevaba podían tener tres orígenes: (1) pequeños productores locales (Naval, Mipanas, Coscojuela de Fantova, Salas Altas, Salas Bajas, etc.); (2) los grandes almacenes que ya existían en Barbastro, bien surtidos de casi todo tipo de productos y cuya importancia en ese momento ya era mucho mayor que la de los pequeños productores locales; y (3) mercancías consignadas en la estación de Barbastro que habían llegado hasta allí tras ser solicitadas, por ejemplo, por un comercio de Plan a un productor de cualquier otro sitio de España.

Los documentos muestran que, en este último caso, José Olivera (el bisabuelo) era el encargado de ir a la estación a cargar la mercancía y que lo hacía aproximadamente una vez a la semana. Cada vez que iba a la estación tenía que pagar 3 pesetas en concepto de «por cargue carro» (Figura 13). El encargado de cobrar era Joaquín Estarán, la misma persona responsable de solicitar los vagones que se necesitasen para el envío de mercancías desde Barbastro a cualquier otro punto de España.

Figura 13. Recibo «por cargue carro». Estación de Barbastro, 1931. Archivo Casa Aguador (Naval).

Entre sus mejores clientes se encontraba Manuel Mur (Tejidos y Confecciones, Plan, Huesca), que solicitaba regularmente los servicios de Joaquín Olivera para que le suministrase los géneros más variados. El servicio de transporte entre Barbastro y Plan podía incluir una tasa por los portes del ferrocarril (cuando tenía que subir género que Mur había solicitado por ferrocarril) más otra tasa variable que dependía de los kilos totales transportados desde la villa del Vero, independientemente de que correspondiesen a mercancías consignadas en la estación o a las adquiridas en los almacenes y tiendas de Barbastro. Así, a modo de ejemplo, la «nota de portes» fechada en Plan el 26 de febrero de 1933 incluye los «portes del ferrocarril» (2,80 pesetas), los «portes de 131,5 kilos de peso de artículos varios» desde la estación (19,75 pesetas), un saco de pan, 7 kilos de cacahuetes (10,85 pesetas), naranjas (7,25 pesetas), 12 mechas (1,80 pesetas), «esquerolas» (1,25 pesetas) y 55 kilos de aceite (90,10 pesetas) (Figura 14). En total, 144,60 pesetas, de los que había que descontar 4 pesetas «entregadas de mas en el viaje pasado».

Figura 14.«Nota de portes». Establecimiento Manuel Mur (Plan). Archivo Casa Aguador (Naval).

La documentación disponible permite conocer que los viajes de Joaquín Olivera a Plan se sucedían con una cadencia mensual, independientemente de la época del año. Mur enviaba una carta a Joaquín Olivera indicándole los artículos que debía subir en su siguiente viaje especificándole, en algunos casos, en qué establecimientos de Barbastro los tenía que adquirir («de casa del Sr. Ignacio Pala», «de casa de Don Luis Alfos», …). El espectro de artículos que Olivera llevaba a Mur era realmente amplio e incluía, además de los citados anteriormente, vino, ajos, cebollas, caparros (alubias, pochas), azúcar, chocolate, peras, ordio, brochas de distintas calidades y precios, palotes (mangos de madera para palas, rastrillos, etc), esparto, lejía, sosa, hierro, cemento (en sacos de 200 kilos), etc. (Figuras 15 y 16). En el caso del hierro y el cemento los documentos especifican que los tenía que subir solo hasta Plandescún. La calidad del cemento y del yeso que llevaba era tan buena que muchos en la zona le conocían por el apodo de El Yesero.

Figura 15. Nota de portes. Establecimiento Manuel Mur (Plan).

Figura 16. Nota de portes. Establecimiento Manuel Mur (Plan).

Es de suponer que el resto de los artículos los llevara hasta Plan. Frecuentemente, Mur recalcaba en sus encargos que la calidad del género fuese la adecuada («200 naranjas que sean buenas», «dos docenas de lechugas buenas», «dos docenas ajos que sean buenos», «doce a quince kilos de uva moscatel blanca que sea buena» …), o que llegasen con una presentación determinada («200 naranjas empapeladas»), mientras que en otros casos el arriero ya sabía lo que tenía que subir («pan el de costumbre», «pan si puede doble ración que el de costumbre»). En algunos casos, el pedido era particularmente concreto «un tintero grande, negro, vaterman» (en alusión a la famosa marca Waterman).

Antonio Ferré, de Casa Cuello de Plan, era otro buen cliente. El principal artículo que solicitaba a Aguador era harina, con pedidos mensuales de 50 kilos (Figura 17). Además, también le compraba otros productos (jabón, arroz, pasta de sopa, pasta de canelones, vino…).

Figura 17. Nota de portes. Establecimiento Casa Cuello (Plan). Archivo Casa Aguador (Naval).

Ignacio Buisán, también de Plan, era otro buen comprador de harina. En cambio, Alfredo Palacín, de la misma localidad, le solicitaba productos estrechamente relacionados con las matacías: arroz, especias molidas, canela fina molida, pimentón dulce y tripas (Figura 18). Además, como se ha comentado anteriormente, también vendía en cantidades más pequeñas a cualquier casa del valle. En sus notas tenía apuntado qué llevaba para cada persona («Alfredo», «Manuel» o «Sargento» de Plan; «Vicente Escalona» o «José Ballarín» de Gistaín; «Plácido Ferrer» de Señes, etc.) y, a medida que les entregaba los productos, los iba tachando de la lista (Figura 19).

Figura 18. Nota de portes. Alfredo Palacín. Archivo Casa Aguador (Naval).

Figura 19. Lista de encargos. Cuando se entregaba uno, se tachaba de la lista.
Archivo Casa Aguador (Naval).

Los artículos comestibles y no comestibles que vendía en aquella zona eran de lo más variado e incluyen, aparte de los citados hasta ahora, los siguientes: café, azúcar, azafrán, galletas, fideos, tapioca, bacalao, sardinas, atún, escabeche, embutidos, lentejas, garbanzos, alubias, habas, aceitunas, manzanas, pimientos, licores, alcohol, gaseosas, litines, jaulas para pájaros, alpiste, cañamones, bicarbonato, agua oxigenada («con precinto») y otros medicamentos (Neuronal, Lacteol…), carbón, telas, agujas, papel, tinta, sillas, camas, somieres, palanganas, pintura, pistones, tacos, pólvora, velas, vasos, tachuelas, tornillos, tuercas, alambre, caloríferos, paletas… Por supuesto también artículos necesarios para la otrora importante actividad minera de la zona (mecheros para lámparas de mina, gomas para las lámparas…).

Si los clientes eran importantes, los proveedores no le iban a la zaga. Ya se ha señalado que, por aquel entonces, los grandes almacenes de coloniales e industrias alimentarias (harinas, aceites…) de Barbastro se habían convertido en los principales suministradores de los artículos con los que Aguador comerciaba (Figura 20).

Figura 20. Establecimientos de interés en los alrededores de la estación de Barbastro. Años 60.
Archivo Enrique Padrós.

Entre ellos, se encontraban los siguientes:

• El Bazar San José de Valentín Lafarga, en la calle General Ricardos, 73 (Figura 21).

Figura 21. Factura del establecimiento Valentín Lafarga. Archivo Casa Aguador (Naval).

• Justo Aixelá, Agencia de Transportes y agente de Abonos Barrau y compañía (Figura 22).

Figura 22. Cartel publicitario de Abonos Barrau y Cia. Archivo UCM.

• La Sra. Viuda de Coscojuela.
• Ebanistería y Almacén de Muebles Mariano Puertas.
• Ignacio Marro, empresa de material de construcción y «sanidad moderna», , uno de los principales proveedores de Pórtland para Olivera (Figura 23).

Figura 23. Factura del establecimiento Ignacio Marro. Archivo Casa Aguador (Naval).

La Harinera Barbastrense (Mediano H.nos y Lagüens, S.L.) (Figura 24).

Figura 24. Factura de La Harinera Barbastrense (Mediano H.nos y Lagüens, S.L.).
Archivo Casa Aguador (Naval).

• Srs. Obarro Gómez y Paul. Fabrica de Aceites y Jabones La Olearia de Barbastro (Figura 25).

Figura 25. Etiqueta y publicidad de La Olearia. Archivo UCM.

• Ramón Salazar. Almacén de Aguardientes, Vinos y Licores. (Figura 26).

Figura 26. Factura del establecimiento Ramón Salazar. Archivo Casa Aguador (Naval).

• La Competidora. Hija de Francisca López. Fábrica de Aguardientes, Licores y Jarabes. Entre sus especialidades se encontraban el «Anís de la Jota» (Figura 27), el «Licor del Pueyo» y el «Coñac Espagne».

Figura 27. Marca del Anís de la Jota. La Competidora, Barbastro. Oficina Española de Patentes y Marcas.

• Carbónicas Sánchez (Figura 28).

Figura 28. Publicidad, membrete, botella de agua carbonatada y
sifón de la Fábrica de Gaseosas Sánchez. Archivo UCM.

• Espumosos Ramón de Agustín Borrás (Figura 29).

Figura 29. Sifones de Espumosos A. Ramón. Agustín Borrás, Barbastro. Archivo UCM.

• Espumosos Angelín (Figura 30; Huguet, 2015).

Figura 30. Sifón y carro de reparto de Espumosos Angelín.
En el centro, Ernesto Agraz Viván, último dueño de la empresa. Fuente: Huguet (2015).

• Vicente Lagüéns. Carnecería y Salchicheria. Especialidad en Embutidos del País. Calle de los Argensola, 20.
• Luis Alfos. Cereales, Abonos y Carbones. Agencia de Transportes.
• Francisco Torres Lacadena. Antigua Casa de W. Joaquin Puig y Hno. Ultramarinos y Chocolates. Coso, 37 (Figura 31).

Figura 31. Factura del establecimiento Francisco Torres Lacadena. Archivo Casa Aguador (Naval).

• Ignacio Palá. Almacén de Coloniales. (Figuras 32 y 33).

Figura 32. Factura del establecimiento Ignacio Palá. Archivo Aguador.

Figura 33. Publicidad del Almacén de Coloniales Ignacio Palá. Archivo UCM.

• Casa del Sr. Artero y Sucesor de A. Moreras. Ferretería. General Ricardos, 75 y 77 (Figura 34).

Figura 34. Factura del establecimiento Sucesor de A. Moreras. Archivo Casa Aguador (Naval).

Dejamos a Aguador prosiguiendo su camino hacia Plan, en una estampa de la más castiza arriería, incluso con su movimiento y todo (Figura 35).

Figura 35. Aguador con sus machos y su carro camino de Plan. Años 20. Archivo Casa Aguador (Naval).

4. Casa Fantova

El recuerdo de Aguador en el valle de Gistau se fue diluyendo con el tiempo, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que dejó sus actividades arrieriles al estallar la guerra civil, dándose de baja en el gremio allá en 1939. Desde entonces, Fantova (con el que Aguador compartió viajes entre Naval y Plan durante muchos años) pasó a ser el único transportista entre el Somontano y Plan. José Fantova Sopena, la última persona de Casa Fantova que se dedicó a la arriería pura y dura, siguió acudiendo regularmente al valle. Su apellido sigue evocando en los más mayores aquellos tiempos en los que el transporte de mercancías hasta el valle era toda una aventura.

José Fantova nació en Naval el 8 de enero de 1925 en el seno de una casa que constituyó todo un referente de la arriería altoaragonesa durante muchas generaciones. Su padre (José Fantova Escape) y su abuelo (Juan Fantova) se dedicaban al oficio y estaba bastante claro que tanto él como su hermano Ramón (con el que con el tiempo constituiría una sociedad) continuarían con la tradición familiar (Figuras 36 y 37). Algunos años antes, en 1880, su abuelo paterno había abierto una tienda en Plan, donde se vendían los productos que iba trayendo en sus sucesivos viajes. La apertura de tiendas en las zonas donde estaba su clientela fue una costumbre de los arrieros navaleses del último cuarto mitad del siglo XIX y de ahí la proliferación de comercios con el nombre de Casa Naval o Casa Navalés por la provincia de Huesca y limítrofes en aquel periodo.

Figura 36. José Fantova Sopena, último arriero de Casa Fantova. Archivo Casa Fantova (Plan).

Figura 37. José María Fantova (nuestro informante) a la izquierda, en brazos de su padre (José Fantova Sopena).
Archivo Casa Fantova (Plan).

En una entrevista que le realizó Miguel Anchel Pérez el 2 de abril de 2011, José recordaba su trabajo y las sucesivas tiendas que la familia tuvo o sigue teniendo en Plan: «Subía a vender vino y de todo. Aquí venía, primero a Plan d’Escún con un carro con el Aguador de Naval y después a Plan, con bastes y albardas, con un caballo y un burro. En casa Castillo de Plan mi abuelo tenía la tienda. Después la tuve yo en casa de Ojitos, que me decían: “Cosa, cosa, esta casa la habéis hecho para hombrichons”. Más tarde la puse en las casetas de Moliné (casa Fantova), luego aquí donde vivimos y ahora la tiene José María [su hijo] en la Capilleta».

María Pardina, una nieta de José, escribió hace unos años una redacción sobre la vida de su abuelo y en ella describía el momento en el que el arriero pasó de subir a vender a Plan y tener una tienda a plantearse quedarse a vivir allí: cuando conoció a su abuela Noelia Aused, de casa Moliné. «Estuvieron moceando dos años y con 29 años mi abuelo y 24 mi abuela se casaron el 31 de octubre de 1954 en Plan. De viaje de novios fueron a Madrid donde fueron para 15 días pero vinieron antes porque el padre de mi abuelo se puso enfermo y a los 15 días de casados murió. Al año, el 15 de agosto nació su primer hijo José María, al tercer año el 27 de enero Mª Asunción (mi madre) y a los 9 años el 17 de abril su tercer y última hija Noelia. Y así es como se quedó a vivir en Plan. Construyó una casa (en la que estamos aún viviendo) y debajo de la casa hizo una tienda que era despachada por mi abuela; además tenían contratada a una señora del pueblo que ayudaba a mi abuela en la tienda, con los hijos, en las tareas de la casa…».

El itinerario que seguía Fantova era Naval (de donde salía sobre las 5 de la mañana)-Barbastro-Mesón de Mediano-Labuerda-Escalona-Mesón de Tella. Desde allí se dirigía hacia los valles de Bielsa y Gistau. Hasta el año 1954 (el mismo en el que se afincó en Plan) no llegó la carretera a Plan por lo que hasta entonces tenía que dejar el carro en Plandescún y subir con la mercancía cargada en las caballerías hasta Plan, San Juan de Plan, Saravillo (donde paraba en Casa Gabás) y Lacomuna (Sin, Serveto, Señes). El tiempo medio del viaje, desde que salía de Naval hasta que volvía a la villa de la sal, era de aproximadamente una semana, aunque podía variar dependiendo de la climatología ya que, como en el caso de Aguador, efectuaba sus desplazamientos a lo largo de todo el año.

Los principales productos que vendía en el valle eran aceite, vajilla y sal de su pueblo, telas y vino. El vino procedía principalmente de Salas o Abizanda y en su transporte le ayudó durante algún tiempo Antonio Lacambra de Casa Chavalín de Naval (otro referente en el mundo de la arriería), que ya disponía de un modesto camión y se lo subía hasta donde llegaba la carretera. Como en el caso de Joaquín Olivera, José Fantova adquiría muchos productos (algunos encargados expresamente por sus clientes) en algunos de los almacenes de Barbastro, como Acín o el ya citado Palá. El establecimiento de Saturnino Acín (Fábrica de Chocolates y Pastas para Sopa. Coloniales. Pesca Salada. Fábrica de Cucharas de Boj) fue otro de los grandes abastecedores de La Montaña en aquellos años (Figura 38).

Figura 38. Sobre del establecimiento de Saturnino Acín. Archivo UCM.

Fantova, a su vez, adquiría otros productos en el valle, casi siempre en forma de trueque, que posteriormente vendía en Barbastro. Entre ellos destacaban las pieles, las patatas o las judías. Curiosamente, y a diferencia de Antonio Bellosta (Casa Banastón, Naval), no solía bajar quesos en sus viajes, a pesar de la notable actividad de los ganaderos de Bielsa, Plan o Gistaín.

En el año 1954 y con la ansiada llegada de la carretera a Plan, su actividad transportista se modernizó: abandonó el carro y las caballerías y las cambió por un camión (primero un pequeño Ebro de la época y posteriormente, uno de los míticos Pegaso Comet (Figura 39). El camión le proporcionó mucha más rapidez, versatilidad y capacidad de carga y siguió comercializando numerosos productos (lana, patatas, pieles, judías, arroz, vino, telas, vajilla…) entre Plan y Barbastro, y viceversa.

Figura 39. Los primeros camiones de Fantova: pequeño Ebro de la época y uno de los míticos Pegaso Comet.
Archivo Transportes Vigo.

En la entrevista citada anteriormente, y a la pregunta «¿Ha sido feliz en su trabajo?» José daba algunas pistas sobre las características de todo buen arriero «Sí, aunque la vida actual es mucho mejor que la de antes, es lo que nos ha tocado. Atendía bien a todo el mundo. Tenía secadero de pelo de cerdo que dejaba en la falsa de casa Moliné. Compraba lana y pieles. Tenía paciencia y era de fiar». Eso sí, tras tantos años en Plan, su lugar de nacimiento todavía le tiraba mucho y, así, cuando le preguntaron si se consideraba aragonés, su respuesta fue contundente: «Ya lo creo, aragonés y navalés. A Naval lo adoro».

José Fantova, otro de los últimos representantes de aquellos aguerridos arrieros navaleses, falleció en Plan el 10 de agosto de 2016 a la edad de 91 años.

5. . Referencias

Calvera, C. 2015. El Paso de las Devotas. Gráficas Editores, Barbastro.

Huguet, A. 2015. Espumosos Angelín. El Cruzado Aragonés, 27 de febrero de 2015.

Sitios web

https://francomolina.wordpress.com/2011/11/25/
el-gran-coliseo-de-valentin-lafarga-por-francisco-molina-solana/

http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/2015/03/16/ el_valle_gistain_urge_mejora_unico_acceso_por_carretera_351817_314.html

http://www.heraldo.es/noticias/aragon/2017/02/05/
una-avalancha-piedras-incomunica-valle-gistain-1157425-300.html

https://www.heraldo.es/noticias/aragon/huesca/2020/03/17/
otro-desprendimiento-en-plan-vuelve-a-evidenciar-el-mal-estado-de-la-carretera-1364272.html

https://www.heraldo.es/noticias/aragon/huesca/2022/04/24/
espectacular-desprendimiento-en-la-carretera-de-bielsa-por-las-intensas-lluvias-1569372.html