«La
historia andada. Recorrido de caminos enmarcados con
una explicación histórica».
Lema del blog Caminos de Barbastro, Daniel Vallés.
1. Introducción
Mi abuelo materno Antonio
Turmo Turmo nació en el año 1889 en Casa
Molí de El Món de Perarrúa. Es
la única casa que todavía se mantiene
en pie en el pueblo (Figura 1). Siendo el menor de 8
hermanos, como a otros jóvenes de la Ribagorza,
pronto le tocó ir a trabajar temporadas a Francia
donde aprendió a ser barbero cortando el pelo
a sus compañeros. Cruzaban andando por el Portillón
de Benasque antes de las primeras nieves para volver
cuando el puerto se abría para San Medardo, en
el mes de junio. Luego estas cuadrillas trabajaban en
sus propias casas o en las labores del campo que había
durante el verano. En uno de esos viajes se trajo una
bicicleta Peugeot que le acompañó durante
toda su vida.

Figura 1. Casa Molí.
Món de Perarrúa. Daniel Turmo.
Nació 9 años
después que se inaugurara el ferrocarril entre
Barbastro y Selgua en 1880. Originalmente, como así
se aprobó en 1861, iba a ser un ferrocarril tirado
por animales, los llamados tranway, pero luego
se transformó el proyecto para que fuera tirado
por una maquina de vapor, la denominada burreta
por lo lento que iba al ascender por la subida de la
Almunieta. Esta estación de tren de Barbastro
fue determinante para posibilitar el acarreo de material
pesado para las infraestructuras que se desarrollaron
en el Pirineo de Sobrarbe y Ribagorza en los comienzos
del siglo XX.
Así que a Antonio
le tocó vivir la transición entre el transporte
con animales de tiro y los vehículos a motor,
al igual que la transformación de una sociedad
tradicional de montaña con la llegada de las
grandes obras mineras e hidroeléctricas que cambiaron
el paisaje y posibilitaron la creación de puestos
de trabajo. También, fueron la antesala para
que se produjera la emigración que tuvo décadas
más tarde, en las décadas de los 50 y
60, que deshabitó gran parte de los pueblos.
Las obras del salto
hidroeléctrico de El Run en la Ribagorza le permitieron
lograr un trabajo continuo en el valle, dejando tanto
la venta ambulante que realizaba con un burro por los
pueblos (ayudando a su hermana, que tenía una
tienda en Santaliestra) como la emigración invernal
a Francia. El material de construcción de este
salto y del de la central de Seira llegaba en tren hasta
Barbastro. Luego se llevaba en camión hasta El
Grado. Desde aquí se subía con decenas
de caballerías por el puerto de San Roque para
luego descender por la Puebla de Castro a Graus y continuar
por la ribera del río Ésera, donde se
habían construido vías para facilitar
el transporte de las piezas de gran peso en algunos
tramos. Como vemos, el camino tradicional al valle de
Benasque pasaba junto al poblado romano de Labitolosa
(Figura 2). No fue hasta finales de los años
70 que la carretera pasó por el congosto de Ólvena
por donde ahora pasa. En el blog Caminos de Barbastro
se puede conocer como eran las comunicaciones en la
zona en la época romana.

Figura 2. Poblado romano
de Labitolosa. Por aquí pasaba el camino tradicional
de Barbastro al valle de Benasque.
Juan M. Rodríguez.
2. El mesón
de Argoné
Entre Campo y Seira,
un poco antes de llegar al Puente de Argoné,
se encontraba el Mesón de Argoné, entonces
un lugar estratégico en las comunicaciones y
del que todavía se conservan algunos muros. Antonio
también trabajó en este mesón y
allí fue donde conoció a su mujer María
Barrabés Espuña, nacida en 1900 en Casa
Román de Merli. Cuando se habla del Mesón
de Argoné es necesario hablar de Andrés
López Vidaller, Andresón, quien
realizó el servicio de bagajes entre Graus y
Campo desde principios del 1910 hasta finales de 1919
(año en el que fallece su hermano José),
una época que coincide con la que mi abuela estuvo
trabajando en el mismo.
Andresón
era hijo de José López Arasanz y de Vicenta
Vidaller Brualla. Nació en una casa documentada
en Puicinca y casó, ya mayor, con Florentina
Raso, con quien no tuvo descendencia. Su vida transcurrió
a la sombra de sus dos hermanos: Vicente, fundador del
Café de López de Graus y de José,
que echó sus raíces en Campo, desde donde
fue el primer promotor del manantial de Las Vilas del
Turbón, y que entre otros diversos negocios llegó
a gestionar el correo entre Barbastro y Benasque, dando
trabajo durante muchos años a Andrés.
No se le conoce domicilio propio hasta que hacia 1900
aparece en Graus. Entre 1910 y 1918 se le localiza en
el Mesón de Argoné y en 1913 aparece en
el amillaramiento de Campo, donde consta como propietario
de un caballo, un asno y 20 cabras.
En 1922, una vez fallecido
su hermano José y finalizado el contrato de bagajes
(correo) que le ataba a Argoné, fue a parar a
Besians, bajando finalmente a Graus donde se retira.
Andrés falleció en la calle Santa Ana
nº 4 en 1937 con 88 años. Su vida giró
siempre alrededor de su oficio de conductor de carruajes
tal y como consta en el censo de 1900. «Desde
el pescante de la tartana feba chillá el llátigo
espabilan a la reata, llaman a las bestias por su nombre
y dan gritos al aire…» (Figura
3). El trayecto que realizaba era entre Graus y Campo,
aunque durante una época llegó a llevar
el correo hasta El Run. Antes de salir, repasaba cuidadosamente
el estado de las ruedas en previsión de incidentes.

Figura 3. Tartana de
Andresón, del mesón de Argoné
(Andresón es el tercero de empezando por la izquierda,
con gorra y bastón). Fuente: The López
Project.
3. Minas de
Parzán
En el mesón
se hacia una parada para cambiar a las caballerías
que seguían hasta Benasque. El correo tardaba
aproximadamente 14 horas desde Barbastro a Benasque.
Para comprender la importancia de este mesón
en el tránsito al valle de Benasque vamos a describir
cómo era el viaje desde Barbastro. A principios
del siglo XX (antes de que se construyera la carretera
por el Ventanillo en los años 20) para venir
desde Barbastro había que coger una diligencia
hasta Graus (que paraba en la Posada Ducay, actualmente
cafetería López) y, posteriormente, una
tartana hasta el Mesón de Argoné. Desde
aquí en caballería por la parte de arriba
del congosto hasta El Run, donde se tomaba otra tartana
hasta Benasque.
Mi tío José
María me contaba que su madre tenía que
levantarse a las cinco de la mañana para, a su
vez, despertar a los arrieros para que pudieran preparar
las caballerías para hacer el viaje hacia Graus
o hacia Benasque. ¡Le decían de todo menos
bonita! Supongo que era muy pronto para despertar a
alguien, aunque aquellos tiempos estaban acostumbrados
a esos horarios. No obstante, siempre me he preguntado
cómo hacía mi abuela María para
poder despertarse a esa hora.
Tras casarse hacia
1918 mis abuelos se marcharon a trabajar a las Minas
de Parzán, viviendo en Bielsa donde regentaron
una taberna-barbería en la que tenían
un gramófono para animar a la clientela que venía
a cortarse el pelo y a jugar a las cartas mientras esperaban
que les tocara su turno. La bebida estaba prohibida
en las minas por lo que el fin de semana había
un gran ambiente en las 8 tabernas que había
en Bielsa, adonde acudían muchos mineros solteros
con ganas de diversión.
Aparte de su actividad
en la taberna-barbería durante los fines de semana,
María trabajaba en el lavadero de mineral y Antonio
en la mina Luisa situada a 2.500 metros de altitud.
La ruta de subida desde el lavadero hasta la mina es
de 6,2 kilómetros y 1.332 metros de desnivel.
Todavía se conserva el trazado del camino por
el que podían pasar las caballerías. Al
llegar arriba sorprende encontrarnos casi intacta la
estación del teleférico (Figura 4). Podemos
ver muchas bocas de entrada a la mina, así como
los cimientos de los barracones donde dormían
los obreros, entre ellos mi abuelo Antonio (Figura 5).
Al otro lado se encuentra la boca de la mina Robert,
que estaba unida con la mina Luisa. El escalofriante
camino de las pardas atravesaba el Circo de
Barrosa a media ladera y se dice que por allí
pasaban los mulos acarreando mineral a Francia. También
se comenta que era un paso para el contrabando. En en
el blog Caminos de Barbastro podemos disponer
de más información en la entrada Minas
de Parzán.

Figura 4. Teleférico
de la Mina Luisa (2015). Daniel Vallés Turmo.

Figura 5. Panorámica
de Mina Luisa. Abajo a la izquierda (indicado con una
flecha amarilla)
se pueden observar los restos de los barracones donde
dormían los obreros (2016). Fotografía:
Juan M. Rodríguez.
El origen de esta mina
se debe a la sociedad franco belga Minas de Parzán
creada en 1912 para explotar el mineral de plata (galena
argentífera). Llegó a contar con 230 trabajadores
en sus mejores momentos en la temporada de marzo a noviembre.
Debido a que no había carretera hacia el sur,
se creó un teleférico que trasladaba el
mineral a Francia por el puerto del Saltorz hasta el
Pont de Moudang, donde camiones o carros de bueyes lo
trasladaban a la estación de tren de Arreau.
En el Museo de Bielsa podemos encontrar información
sobre su historia.
La sociedad constructora
de vías aéreas Etcheverry patentó
en 1911 un teleférico con pinzas desembragables
que fue utilizado para llevar el mineral a Francia debido
a las dificultades de trasladarlo por la parte española.
Cada vagoneta podía transportar 300 kilos (el
equivalente de tres mulos). Realmente, el sistema constaba
de dos teleféricos: uno que bajaba el mineral
de la mina Luisa y otro que lo transportaba a Francia.
El primero permanece casi intacto y tenía un
desnivel de 970 metros y un recorrido de 4 kilómetros.
El segundo está casi desmantelado. En el antiguo
poblado ya no está la estación de salida.
Su distancia era de 10 kilómetros y tardaba dos
horas y media en llegar. Andando cuesta unas ocho horas
hacer ese mismo recorrido. En el blog Caminos de
Barbastro podemos disponer de más información
de esta excursión en la entrada Parzán
a Moudang. Todavía quedan partes de este
teleférico en la parte francesa, pero los postes
y el cable de la subida al puerto ya no existen. La
gente del lugar los fue cortando y luego se bajaban
en carro hasta el chatarrero Borbón de Barbastro
que los compraba. Eran tiempos difíciles y había
que conseguir dinero de donde fuera. Mis tíos
me hablaron de esos viajes que hacían algunos
vecinos del valle a escondidas de la Guardia Civil.
En 1921, y debido al
cierre de las minas y a la finalización de las
obras hidroeléctricas de Lafortunada, el matrimonio
se traslada a Labuerda y se establece primero en la
plaza y, después, en la que se llamará
Casa Barbero (que había sido utilizada anteriormente
como cuartel de la Guardia Civil). La elección
de dicha localidad se debió a que en esos momentos
se esperaba la construcción de la presa de Labuerda.
Más concretamente, se planteaba hacer un canal
que fuese desde el salto de Laspuña hasta Coroniellas
(frente al actual camping de Labuerda) y desde allí
realizar un salto hacia el río Ara. De esta forma
se completaría el aprovechamiento hidroeléctrico
del río Cinca.
En 1922 nació
Antonio, el primer hijo de la pareja y, a pesar de la
noticia de que finalmente la obra prevista no se iba
a realizar, deciden quedarse en Labuerda. Al año
siguiente nació mi tío José María
y en 1925 mi madre Amparo (Figura 6). Tras ellos nacieron
cuatro hijos más: Margarita, Consuelo, Emilio
y María Teresa.

Figura 6. María
(embarazada de Amparo) y Antonio con sus hijos Antonio
y José María (1925).
Colección familia Turmo.
En la casa regentaron
una barbería (habitualmente los hombres iban
a la barbería el sábado) y una pequeña
tienda, aunque Antonio dedica gran parte de la semana
a recorrer los pueblos de la comarca de Sobrarbe para
comprar y vender mercancías con la tartana que
había comprado. Esta tartana había sido
utilizada para hacer el servicio de Correos (Figura
7). La imagen que tenemos de una tartana es la de las
carretas que aparecen en las películas del oeste
americano.

Figura 7. Tartana frente
a Laspuña (entre 1913 y 1918). Kurt Hielscher.
Hispanic Society of America. Archivo UCM.
En 1929 Antonio compra
un Ford T que tenían los ingenieros de la Sociedad
Hidroeléctrica Ibérica (más tarde
denominada Iberduero y, actualmente, Iberdrola) desde
1921 con matrícula HU-164 pero, tras un pequeño
percance en Boltaña, lo vende ese mismo año
para continuar su actividad nuevamente con una tartana.
La documentación del coche estaba firmada por
el Gobernador Civil y en ella podemos ver que tenía
una potencia de 18 caballos (Figura 8). El número
de motor (4.126.214) indica el éxito que tuvieron
las ventas de ese modelo. Las características
de coche estaban en inglés y tenía que
estar acompañada de una traducción notarial.
Resulta gracioso leer como el vehículo tenía
como extra un claxon eléctrico.

Figura 8. Documentación
original del Ford T de Antonio. Daniel Vallés
Turmo.
4. Abastecimiento
del Sanatorio de Pineta
Precisamente sería
con la tartana con la que abasteció de alimentos
frescos (que compraba en Tierrantona) al Sanatorio de
Pineta en el periodo comprendido entre su inauguración
en 1931 y su cierre al comienzo de la Guerra Civil.
La construcción
del sistema hidroeléctrico del Cinca hizo que
mejorasen las carreteras para el traslado del material
desde la estación de ferrocarril de Barbastro.
Se amplió el puente de hierro de Santa Fé
de Barbastro, se mejoró la carretera hasta Naval
por Salas para luego seguir por el Puerto del Pino hasta
Aínsa. La empresa Hidroeléctrica Ibérica
construyó la carretera que permitió el
paso por Las Devotas para llegar a Bielsa. Con anterioridad,
el camino iba por Tella.
El Doctor Isaac Nogueras
Coronas encargó el proyecto del Sanatorio de
Pineta a Joaquín Porqueras en 1929. En agosto
de ese año se publicó el anuncio del concurso
de obra en el diario ABC por parte de la empresa Sanatorios
del Pirineo Aragonés S.A., que ya contaba con
el Sanatorio de Boltaña (en el lugar donde actualmente
se ubica el hotel Monasterio de Boltaña). Hacia
1930 las fotografías de Ricardo Compairé
muestran a un Sanatorio de Pineta en plena fase de construcción.
A pesar de que únicamente se construyó
una de las dos alas pensadas inicialmente, se trataba
de un edificio de extraordinarias proporciones para
la época. Su inauguración tuvo lugar el
22 de junio de 1931 con la presencia de autoridades
civiles, militares y religiosas.
El objetivo del sanatorio
era fundamentalmente el tratamiento de las enfermedades
del pulmón. Allí los pacientes podían
respirar aire puro. Solían estar tapados con
mantas en unas tumbonas instaladas en las terrazas,
tal como observó mi tío Antonio cuando
acompañó a su padre en una ocasión.
Antonio, un hermano de Isaac Nogueras ejercía
de médico en Barcelona siendo un gran difusor
de las bondades del sanatorio y, en consecuencia, un
gran captador de clientes. Se realizaron anuncios en
diversos medios, como La Vanguardia, para informar que
todos los sábados salía un automóvil
para el sanatorio. El viaje debía durar unas
15 horas en aquella época.
Para abastecer al sanatorio,
Antonio iba cada lunes de Labuerda a Tierrantona, donde
adquiría las mercancías necesarias. Allí
pernoctaba y al día siguiente hacía el
camino inverso con la carga. El miércoles iba
a Pineta para dormir en Casa Agustín en la plaza
de Bielsa y regresar el jueves a casa. En total, cuatro
días a la semana. El recorrido que hacía
mi abuelo para ir a comprar a Tierrantona y volver para
ir Pineta era de aproximadamente 110 kilómetros.
El 17 de agosto del
2013 hice el recorrido que seguía mi abuelo para
ir a comprar a Tierrantona y subir luego a Pineta en
coche, acompañado de mi tío Antonio Turmo
Barrabés de casi 91 años, que en alguna
ocasión acompañó a su padre. El
lunes, aún de noche, Antonio cogía la
tartana para dirigirse a Aínsa, luego hacia Banastón,
para pasar cerca de Gerbe y dejar el carro en el Molino
de Arro, hoy en ruinas, junto al río Lanata (Figura
9). En aquella época la carretera sólo
llegaba hasta Arro. El recorrido en coche desde Labuerda
hasta Tierrantona por la actual carretera es de unos
21 kilómetros. Antonio, cogía un camino
de herradura en el Molino de Arro que atajaba el actual
recorrido, yendo únicamente con la caballería
y pasando por Luján antes de llegar a Tierrantona.
Luego regresaba deshaciendo el mismo camino. Mi tío,
en Gerbe, me habla de otro camino que cogían
para ir con su padre a El Món de Perarrúa,
y que pasaba por Muro de Roda, Pamporciello, Ermita
de San Agustín, Formigales y Troncedo. Es una
de las variantes del llamado camino antiguo de La Fueva,
muy utilizado para ir a la feria de Graus. En el blog
Caminos de Barbastro podemos disponer de más
información en la entrada El camino de la
feria.

Figura 9. Ruinas del
molino de Arro, donde otrora Antonio Turmo dejaba el
carro en su desplazamiento a Tierrantona. Marta Puyol
Ibort. SIPCA.
Antonio compraba la
mercancía en Casa Cambra de Tierrantona, donde
existe un bar actualmente. Solía coger huevos,
pollos, tocino y cualquier encargo que tuviera del Sanatorio.
Casa Cambra era un establecimiento que compraba y vendía
por toda La Fueva. A su vez, bajaban a Mediano por el
camino de Palo, pasando por el llamado puente del Diablo,
para avituallarse con las mercancías que venían
de Barbastro. Cada día un arriero hacía
un viaje a Mediano y en verano se hacían hasta
dos. Hago una fotografía a mi tío Antonio
donde estaba la entrada de la tienda (Figura 10). Su
padre se quedaba a dormir esa noche para volver al día
siguiente a Labuerda. Alegra ver que sigue abierto un
negocio, aunque en este caso es un bar.

Figura 10. Antonio,
tío del autor, junto a la antigua entrada de
Casa Cambra (Tierrantona).
Daniel Vallés Turmo.
Regresamos con el coche
a Labuerda para juntarnos con la ronda que recorre el
pueblo. Fotografío a mi tío en la calle
Barranco mirando hacia Casa Barbero (todavía
existe) donde nació y donde su padre guardaba
la tartana cargada de mercancía para salir de
madrugada (Figura 11). El ambiente es muy animado entre
la música, los asistentes y el aperitivo que
se ofrece en cada casa. Una hora más tarde le
rondan a Antonio delante del Hotel Turmo, muy ligado
también a la historia familiar, tal y como se
comentará posteriormente. Al acabar, se ofrece
a los rondantes un exquisito caldo que sienta muy bien
a pesar de que hace un día caluroso de agosto.
Comemos poco, porque
no hemos dejado de picotear durante la ronda, y nuevamente
en el coche nos dirigimos hacia el Sanatorio de Pineta;
son unos 34 kilómetros desde Labuerda. Mi tío
José María me comenta que, cuando el carro
estaba muy cargado, su padre les avisaba para que empujaran
el carro en la subida que hay desde la calle Barranco
a la plaza y luego en el trozo que hay antes de llegar
a la carretera.

Figura 11. Ronda en
Labuerda. A la derecha, Antonio, tío del autor,
mirando
hacia Casa Barbero. Daniel Vallés Turmo.
Al pasar por la Lafortunada,
mi tío me enseña Casa Tomás donde
mi abuelo tenía alquilada una alcoba cuando trabajó
en las obras de la central. Al acabar la jornada, cortaba
el pelo y la barba y, como en Bielsa, tenía una
mesa para que los clientes jugasen a las cartas. Tenía
un perrito adiestrado para que, con el consentimiento
de los clientes, cogiera los billetes que sobresalían
de los bolsillos y se los llevaba a mi abuelo. Es verano
y hace calor, pero subiendo la rampa que hay pasado
el Mesón de Salinas, recuerdo que el abuelo Antonio
utilizaba herradura de hielo en invierno, con unos clavos
que sobresalían para que el caballo no patinara.
Llegamos al sanatorio
(Figura 12). Sorprende su grandiosidad. El aparcamiento
está lleno de coches. El albergue está
al completo con un campamento de familias. Entramos
en el recinto exterior para examinar el edificio. Nos
sorprenden unos niños disfrazados. Un responsable
del albergue nos acompaña al interior. Resulta
curioso que compren el pan de Turmo de Labuerda, establecimiento
que puso en marcha mi tío y sus hermanos hacia
1950, tras la muerte de su madre María. El primer
horno fue construido con losas de Escalona y piedra
toba de Gerbe.
Con el comienzo de
la Guerra Civil, en julio de 1936, el sanatorio fue
utilizado por el Ejército Republicano, siendo
bombardeado en 1938 con motivo del frente de la Bolsa
de Bielsa y quedando inutilizado. El ejercito republicano,
en su retirada hacia Francia en febrero de 1938 por
el Puerto Viejo, requisó la tartana y la caballería
de mi abuelo. Una vez que el ejército había
pasado a Francia, Antonio subió para recuperarlos.
Encontró la tartana en el hospital de Parzán
en Barrosa pero el caballo se lo habían llevado
en la retirada. Cogió un burro que vagaba cerca
para bajar el carro a Labuerda. A los pocos meses, una
persona vino a recoger el animal porque le habían
dicho que se encontraba en Casa Barbero.

Figura 12. Antonio
en el sanatorio de Pineta. Daniel Vallés Turmo.
Tras la guerra el sanatorio
fue adquirido por La Alianza de Barcelona, siendo re-inaugurado
en 1949 pero sin darle apenas utilidad. En 1964 es utilizado
para colonias por las Escuelas Pías (Colonias
Padre Turull). En actualidad se utiliza como albergue
juvenil abierto a todo público.
5. Comercio
ambulante
Tras la Guerra Civil,
ya no se reanudó el comercio con el Sanatorio
y Antonio tuvo que dedicarse al comercio por los pueblos.
Para las fiestas llevaba una Rueda de la Fortuna en
la que por unos céntimos se probaba suerte (Figura
13). Este artilugio solía estar a cargo de mis
tíos, mientras sus padres se dedicaban a la venta.
El premio podía ser tabaco para los adultos y
dulces o algún juguete para los niños.
Mi tío Antonio me ha contado muchas historias
de las veces que acompañó a su padre con
el carro vendiendo fruta, cerámica y ropa, según
las necesidades que fueran surgiendo.

Figura 13. La rueda
de la fortuna. Daniel Vallés Turmo.
Tras la guerra, como
no había dinero, había que intercambiar
la mercancía por huevos, que luego se mandaban
con el coche de línea al comprador: Casa Morancho
de Barbastro. Este comercio de huevos les permitió
continuar haciendo la venta ambulante. La cría
de gallinas fue un verdadero motor económico
en aquella época, ayudando a salir adelante a
muchas familias.
En este comercio eran
muy importantes los mesones ya que proporcionaban no
sólo cobijo y alimento sino también, en
muchas ocasiones, socorro, cuando los caminos se recorrían
andando o en caballerías. Un caballo o un mulo
podrían cargarse con un máximo de 120
kilos. Así, el transporte de mercancías
se solía hacer con caravanas de caballerías.
En todas las comarcas había arrieros que se dedicaban
a transportar mercancías, pero los de Naval eran
particularmente conocidos.
Todavía quedan
en pie los establos donde dormían las caballerías
en el Mesón de Hoz. No así la herrería,
de la que sólo quedan las ruinas. Junto al mesón
había dos balsas donde bebían los animales.
Merece la pena visitar este entorno de la cabañera
que iba del Somontano al Pirineo. También queda
en pie el Mesón de Samitier, construido en el
Plan de Carreteras de 1860 con el fin de dar servicio
a los carros y viajeros. Uno de los huéspedes
ilustres fue el fotógrafo y pirineísta
francés Lucien Briet en el año 1910. El
anfitrión, Mariano Carruesco, le acompañó
para que conociera el entorno. Precisamente, el 24 de
junio de 2017 reuní en el Mesón de Samitier
a las jóvenes del Mesón
de Hoz y Samitier para que se conocieran y compartieran
experiencias (Figura 14).

Figura 14. Cruz Pardina
y Saturnina Ciprés, las jóvenes del
mesón (2017).
Daniel Vallés Turmo.
La joven del Mesón
era la que venía de fuera y se casaba con el
heredero. Como convivían varias mujeres, se las
diferenciaba con ese nombre y así les siguen
llamando incluso hoy, cuando las dos han superado los
86 años. Cruz Pardina (del Mesón de Hoz)
y Saturnina Ciprés (del Mesón de Samitier)
recuerdan como si fuera ayer la forma en que se daban
las comidas. Al mediodía, sopas de pan y ajo
y carne de conserva o de algún conejo que se
mataba. Para cenar, verdura, ensalada y lo que hubiere.
Para beber, un porrón de vino sobre la mesa.
Agua, sólo si se pedía. Desgraciadamente
Cruz nos dejó un mes después de haber
realizado esa fotografía. En en el blog Caminos
de Barbastro podemos conocer su historia en la
entrada Las jóvenes del mesón.
Pregunto a mi tío
Antonio de Labuerda si había dormido alguna vez
en el Mesón de Samitier. Me dice que una vez
durmió con su padre. Era vísperas de Navidad.
Fueron a Clamosa a comprar higos secos (Figura 15).
Dejaron el carro el Mesón de Ligüerre y,
junto con el caballo y la mula, siguieron el camino
junto a barranco hasta el cajón que había
para atravesar el río (Figura 16). Cuando querías
pasar por el cajón tenias que llamar a voces
o silbando para que bajaran de la Caseta Olivera, que
eran los propietarios. Todas las personas que visitaban
Clamosa en aquella época tenían que pasar
por el cajón; solo en pleno verano y muy ocasionalmente,
cuando bajaba muy poca agua se podía atravesar
el río andando.

Figura 15. ¡Aquellas
higueras de Clamosa! Emilio de Casa El Pon con una turista
de Barcelona.
Mercedes Pesque Sánchez.

Figura 16. Cajón
de Clamosa. Mercedes Pesque Sánchez.
Mi abuelo atravesó
el río y mi tío se quedó esperando.
Ya era casi de noche cuando volvió su padre.
Cargaron los animales con los dos sacos y partieron
al Mesón de Ligüerre. No había sitio
para dormir. Engancharon el carro y siguieron hasta
el Mesón de Samitier donde sí había
cama. Recuerda que tenía sabañones y le
dieron miel para que se calmara el dolor. Al día
siguiente fueron a Labuerda. Los higos los vendía
mi abuelo en Bielsa, en la plaza mayor, utilizando un
almud de madera como medida.
Cuando hablo de mesones,
mi tío Antonio siempre me habla del de Naval.
Cuando subía cargado desde Barbastro, le dejaban
una caballería de apoyo para subir el Puerto
del Pino. Luego el macho volvía solo al mesón.
Igualmente me recuerda como le tocaba dormir, en muchas
ocasiones, en la cuadra junto al caballo.
6. Mis tíos
Antonio y José María
Los hijos mayores de
mi abuelo, Antonio y José María, siguieron
la tradición del comercio ambulante (Figura 17).
Antonio comenzó con la compra y venta de pieles
de conejo que intercambiaba por veta e hilos de la Dalia
que compraba en Almacenes Artero de Barbastro. Luego
ya siguió con la tradición que había
aprendido de sus padres, al principio con carro, pero
después con un coche Citroën 2 caballos.
Yo mismo le acompañé con ese coche a vender
por los pueblos en el año 1980. Recuerdo que
entraba tocando el claxon y se paraba en la plaza del
pueblo esperando que vinieran los clientes. Además
de pan se vendían productos de la tienda.
La muerte temprana
de la madre obliga a los hermanos a reorientar el negocio.
Es cuando comienza la construcción de la panadería
y la tienda junto al barranco que baja de San Vicente.
Posteriormente se añadiría el bar y el
hotel. Actualmente, descendientes de Antonio Turmo Turmo
(Asunción -hija de mi tío Antonio- y su
esposo Joaquín) siguen suministrando pan en la
Panadería Turmo de Labuerda. Además de
pan y repostería mantienen la tradición
de tienda que comenzó el abuelo Antonio.
José María,
al volver del servicio militar, compró un taxi
de Barcelona que había sido reconvertido en tocinera
y se dedicó al transporte de cerdos. Precisamente
llevando cerdos a la feria de Graus es como tuvo las
primeras noticias de la que a la postre sería
su mujer, Amalia de Casa Peix de Serraduy. Me contó
que le gustaban los camiones ya de niño. Tenía
cierta envidia del hijo de Viñola (que tenía
su edad) cuando lo veía subiendo con el camión
por la carretera. Aquellos camiones transportaban cantidad
de paquetes, incluyendo gallinas y conejos vivos, en
aquella época en que los pueblos se fueron despoblando
y mucha gente se desplazó a Barcelona o su entorno.
¡Aquellos pisos de Barcelona donde se criaban
gallinas, conejos y cerdos! Mi tío Ramón,
que hacía la ruta de Transportes Viñola
(posteriormente Transportes Aragón) entre Barbastro
y Barcelona, me contaba todas las peripecias de aquel
trasiego de paquetes y animales.

Figura 17. José
María y Antonio Turmo (2017). Daniel Vallés
Turmo.
Un año después
de la muerte de su madre, José María hace
el camino de Labuerda a Morillo de Liena en bicicleta.
La dejó en Casa Correu para subir andando hasta
Merli. Posteriormente, su tío Joaquín
le acompañó andando hasta Serraduy pasando
por Carrasquero. Allí finalmente conoció
a la que sería su mujer, casándose a los
pocos meses en Serraduy. En aquellos años la
carretera llegaba únicamente hasta esa localidad
y el coche de línea se cerraba en una cochera
ubicada donde actualmente está el Hotel El Peix.
Posteriormente, se fue alargando poco a poco hasta que,
finalmente, se abrieron los túneles de Obarra.
A finales de los años 40, mi tío José
María hacía la ruta del Alto Isábena
todos los martes, llegando hasta las Herrerías.
Como los pueblos estaban a mitad ladera debían
tener buenos cláxones para que se oyeran. Además,
cada camión tenía un perro que se bajaba
y adelantaba para avisar de la llegada. Los vecinos
bajaban con sus caballerías para comprar las
mercancías y llevarlas a sus pueblos. Su primer
camión transportaba unos 6.000 kilogramos, el
equivalente a lo que podía portar una caravana
de unas 50 caballerías o 15 tartanas. Este dato
nos indica el motivo por el que fueron desapareciendo
los arrieros primero y los carros después. Actualmente
un camión medio transporta cinco veces más,
unas 30 toneladas.
En los años
50 todavía convivían camiones y caballerías.
Así, mi tío Antonio cruzaba el río
Cinca los lunes para tomar nota a los vecinos de Araguás,
a los pies de la Peña Montañesa. Al día
siguiente esperaban junto a la carretera para recoger
el pan y los pedidos realizados. Los de Tella bajaban
a Lafortunada. En Serraduy se tomaban los recados en
Casa Peix. Así lo hacían los de Soperún
e Iscles, en la cara este de la Sierra de Sis. Mi tío
José María subía con el camión
por Lascuarre y Cajigar hasta el Coll del Vent donde
llegaban con caballerías para transportar las
mercancías. Sobre todo, pacas de hierba y piensos
para alimentar a la ganadería.
En algunos pueblos
de nuestro Pirineo las caballerías y los carros
siguieron siendo utilizados hasta el último tercio
del siglo XX. En casa conservo una guía de la
Dirección General de Tráfico de 1967 (Guía
del conductor. Carros y ganado) perteneciente a
mi padre Pedro, natural de Sarsa de Surta, y que se
utilizaba para enseñar a conducir con el carro
cuando iban por las carreteras (Figura 18). Deseo que
este artículo sirva para guardar en la memoria
la forma de vivir de unas generaciones que han tenido
que adaptarse a un cambio de vida radical pasando de
un mundo tradicional a otro tecnológico manteniendo
la alegría y la serenidad a lo largo de su existencia,
en muchas ocasiones penosa. Yo nací en el año
1966. Conocí a mi abuelo Antonio el tiempo que
pasó en Barbastro hasta que murió en 1977.
Lo recuerdo llevando en un carro la hierba para alimentar
a los conejos que teníamos en la falsa. Era una
persona optimista. Llevo en mi memoria las palabras
que nos decía: «pobretes
pero alegretes».

Figura 18. Portada
del libro Guía del Conductor (1967). Daniel Vallés
Turmo.
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http://caminosdebarbastro.blogspot.com.es
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