Letra: Manuel Domínguez. Música:
Martín Domínguez.
A finales de los años 50 del pasado siglo
XX, el viejo oficio de los arrieros se extinguió incluso
en aquellos últimos rincones del Alto Aragón donde la
ausencia de carreteras o vías férreas los hacían imprescindibles
como transportistas de mercancías y noticias. Su desaparición
coincidió con el inicio del terrible y brutal éxodo
de aquellos montañeses a los que habían servido de único
nexo de unión con el mundo que se abría debajo de sus
valles. La canción, totalmente inspirada en un extraordinario
y enciclopédico estudio (incomprensiblemente aún sin
publicar) de Juan Miguel Rodríguez Gómez, intenta describir
ese triste momento en el que el último arriero que sube
y los primeros montañeses que bajan, se cruzan (dos
mundos que mueren) en ese lugar mágico (e imaginario)
donde el tiempo no cuenta (la solitaria mula se convierte
por un instante en poderosa recua de pasados siglos)
y la Montaña y el Llano se encuentran (¿o se separan?).
¿Deseas conocer algo más
de "En la cruz de las tormentas (El último arriero)"?