



MELANCOLIA
Tres calles mas allá del lugar donde escribo se levanta eterna la obra de la Sagrada Familia, y desde el balcón, después de un "paisaje de antenas y de cables", se iluminan desparejadas las ventanas de las torres que jalonan la Villa Olímpica. A la derecha, si la niebla no lo impide, se recorta la silueta del Castillo de Montjuic. Los sábados y domingos hay que estar atento a las 11 y poco para no quedarse sin el "Heraldo" y entre semana el correo electrónico se encarga ahora de traer y llevar noticias de aquellos que se quedaron, y con los que no queremos dejar de cambiar impresiones sobre la última película que hemos visto o aquella carta que traía el otro día el "Pirineo". A veces, de tanto vivir a caballo entre dos tierras y con cien amigos por aquí y allá desperdigados, ya ni sabemos si tenia razón la madre de Joan Manuel Serrat (aragonesa emigrada a Barcelona) cuando decía que era de la tierra que da de comer a sus hijos.
Sale a relucir todo esto a raíz del último disco de La Ronda de Boltaña. Después de meses dándoles la tabarra con para cuando el próximo disco, escuchando los adelantos que con cuentagotas desgranaron por Jasa, Ochagavía, Huesca o Jaca, han vuelto a la carga con un puñado de letras excelentes y con una dosis de melancolía que al principio se antoja excesiva. Luego, digerido el disco a fuerza de escuchado, la melancolía ocupa el lugar que los rondadores suelen poner en sus temas, y uno se da cuenta que muchas veces ha pensado que "no fue fácil deciros adiós" o que "el recuerdo vuelve tierno hasta el pan duro de ayer". Las reivindicaciones de estos "guerrilleros culturales del Alto Aragón" -como los llama Iñaki Peña en su programa "Trébede" de Radio 3- siguen estando ahí, pero ahora se disfrazan mas que nunca de canciones de amor, de apuesta por el poder de evocación de los sueños, de defensa de unos ideales, de eso que tan bien funciona en las canciones y que no suele ser otra cosa que melancolía.
Esperaba uno esas canciones protesta que tan poco parecen estilarse en estos tiempos, y se encuentra con unos músicos mas cerca del último Serrat que del primer Labordeta. Caracolas, mermelada de moras, jinetes sin cabeza, noviembres tristes, mayorales de un palotiau que bailan sombras, pantanos llenos de buen Somontano y hasta una surrealista escoba con sidecar. Mucho más de lo que esperaban quienes veían a estos Sobrarbenses como un grupo especialista en hacer himnos que pongan a los montañeses en pie. Esto último lo siguen siendo, pero también todo lo demás.
Paseando por Barcelona, donde tantos rótulos de comercios llevan apellidos que antes menudeaban en los censos del pirineo, uno quiere creer que quizá no sea tan difícil deshacer el camino que otros hicieron y volver a saborear aquella mermelada de moras que dicen "pone las casas en pié". Mientras tanto, queda una duda. Dice el libreto que acompaña al disco:"hemos sido La Ronda de Boltaña entre agosto de 1998 y junio de 2001". ¿Es eso una despedida?.
Enrique
Vicien Mañé