Heraldo
de Aragón
La  Ronda
de  Boltaña
4
de octubre
de 2001

Buerba

  Buerba está en el corazón del "país de anochecida" al que canta La Ronda de Boltaña, un territorio imponente y triste, bello y duro, por cuyo futuro luchan un puñado de apasionados. Protegido por los Sestrales de Añisclo, bajo la sombra mágica de Las Tres Sorores, Buerba se resistió a morir cuando el Sobrarbe -a golpe de emigración, de malas carreteras, de pueblos inundados- comenzó a desangrarse de su gente. En invierno, hasta ahora, había sólo dos casas habitadas en Buerba -"banderas de humo" sus chimeneas, como dice La Ronda-, parroquianas de José Antonio, el cura rural de Boltaña; ahora, dos parejas madrileñas resucitan las casas amortadas de piedra y de ventanas de ojos abiertos y azules, como su cielo protector.

  Cada año, cuando comienza el otoño, Buerba celebra su fiesta patronal. Desde hace varios septiembres, acude La Ronda a tocar y cantar casa por casa. A la entrada del pueblo, se oyen el acordeón y la gaita, la flauta y la guitarra, y las voces de los rondadores, recias y acompasadas. En cada casa ofrecen vino y pastas a los músicos y también a los visitantes. Bailamos un pasodoble soñado sobre el mediodía. No hay cobertura para el móvil. Seguimos a La Ronda como niños encantados por el flautista de Hamelín. En la vieja escuela del pueblo, decorada por Isabel, Jovita, María José y otros amigos con papel de estraza -¡ay, el alcalde, que no se enrrolla!- nos dan de comer, sin preguntar quiénes somos y de dónde venimos. Corren el vino dulce y la amistad, el sol del atardecer incendia los Sestrales, y todavía hay tanto que bailar en la plaza. Un bingo. El cascabillo. La cadeneta. Ricardo, el cucharero, abrazado a Manuel, con los ojos enrasados, guardando para el largo invierno pedazos de felicidad -la felicidad ha de ser algo muy parecido a esto, un encantamiento con fecha de caducidad-. Cae la noche y se encienden las farolas -hace dos años que ha llegado la luz eléctrica a la plaza del pueblo- y se empiezan a encender también las preguntas: qué futuro hay para Buerba, para todos los pueblos de este magnífico, triste, "país de anochecida" y para todos los que se parten el alma por él.

Encarna Samitier.
("Heraldo de Aragón"
-la columna-
4 de octubre de 2001)