Diario del Alto Aragón
La  Ronda
de  Boltaña
11
de noviembre
de 2003

Señas de identidad

La Ronda de Boltaña ofreció su concierto nº 500 en el barrio de San Martín de Huesca

HUESCA.- El barrio oscense de San Martín vivió su acto festivo más multitudinario el domingo con el concierto de La Ronda de Boltaña. Tras las migas del mediodía, el popular grupo del Sobrarbe consiguió abarrotar la carpa instalada en la Plaza de Toros y celebrar así por todo lo alto su concierto nº 500. Resulta curioso constatar que lo que comenzó como un grupo de amigos que se reunían para rondar, sin más pretensión que ésa, ha acabado por convertirse en la formación más exitosa y emblemática de la música aragonesa actual. Y eso sin perder en ningún momento su espíritu originario, el de un grupo de amigos que disfrutan haciendo música. Está claro que ninguno de ellos es un virtuoso de su instrumento ? ni falta que hace. Porque lo que cuenta en la Ronda de Boltaña es la ilusión que ponen en lo que hacen y el deseo de servir de vehículo a unas señas de identidad aragonesas, que ellos se encargan de reivindicar y dejar bien claras en sus actuaciones. Porque un concierto de la Ronda de Boltaña no sería lo mismo sin el discurso que lo acompaña y que inspira también las letras de muchas de sus canciones: la dignidad de la montaña, la oposición al trasvase y a los pantanos, la Bolsa de Bielsa, la ley de lenguas, la despoblación del Pirineo, la identidad aragonesa y, por supuesto, la vida de cada día vista desde Sobrarbe.

El público disfrutó, cantó y bailó con su actuación, que duró nada menos que dos horas y media, tan solo interrumpidas por un sorteo benéfico y por el regalo de una pañoleta con el lema “¡Viva San Martín!”, que la organización de las fiestas del barrio le entregó al grupo. No en vano, fue en el marco de las fiestas de San Martín, en la Plaza del Justicia, que hizo su debut en Huesca hace ya varios años la Ronda de Boltaña.

Comenzaron su actuación con una versión instrumental de “El villano”, y a partir de allí fueron enlazando una tras otra las canciones más populares de sus tres discos, como “Niña bonita”, “Días de albahaca”, “¡Tiembla, porrón!”, “Baixando t´a escuela”, “Una huella en la nieve”, “Luz de otoño”, “Habanera triste” (que dedicaron a los que comenzaban su ayuno en contra de los embalses de Biscarrués y Yesa), “Pasacarreras de carnaval”, “O viento rondador”, “Mermelada de moras” o “Bajo dos tricolores”, que enlazaron con el “Himno de Riego” republicano. Canciones de amor y desolación, de lucha y fiesta, que sonaron a medio camino entre la lírica y le épica. Canciones que permiten trazar una conexión entre los intérpretes de la nueva canción aragonesa de los años 70 y la tradición de las rondallas mediterráneas, o entre el folklore aragonés y el repertorio de aquellas orquestas que recorrían nuestra geografía con sus polkas, pasodobles, valses y mazurcas. El concierto concluyó con “El país perdido” y una nueva versión de “El villano”, esta vez cantada. Pero, sin abandonar el escenario, siguieron con su actuación hasta clausurarla definitivamente con “El duende de San Martín”, en honor al barrio oscense que les acogía, y con un pasodoble turolense. Un buen broche final, sin duda.

Luis LLES