La Ronda de Boltaña. Página hecha por los músicos para vosotros, los rondadores.




NOCHE DE RONDA

No sé, pero a mí me parece que lo de La Ronda de Boltaña es algo especial, distinto. Una los ve salir al escenario y tiene la impresión de estar ante probos funcionarios que acaban de dejar la visera y los manguitos, esforzados agricultores que tienen el tractor aparcado ahí al lado y algunos otros profesionales más que tienen la música como "hobby". Luego, cuando comienzan a sonar bandurrias, laúdes, guitarras, gaitas y flautas, el grupo se transforma en algo más que una ronda tradicional.

Los miles de personas que se apretujaron la noche del 9 en la plaza de Lopez Allué pudieron comprobarlo. Pudieron comprobar la transubstancia de esos músicos sobrarbeses en una especie de orquesta nacional de la comarca, con su himno nacional y su repertorio tan festivo como, en muchas ocasiones, reivindicativo.

Yo estaba en un rincón, procesando la cerveza que me había puesto en un local vecino, un mocetón alemán que cogía los barriles como si fueran dedales de costurera, y no daba crédito a mis oídos, a pesar de que ya me habían advertido. Hubo un momento en que, incluso llegue a creer que el cielo se abriría y la tierra temblaría, cuando los del escenario hicieron un poco de chacota con el beato Escrivá de Balaguer y lo compararon con Mosén Bruno Fierro, pero no. No sucedió nada.

Pasado el susto inicial, hasta una servidora se marcó luego un par o tres de bailes al son de la Orquestina del fabirol, otras muestra de la cantera musical que sobrevive en las tierras de Sobrarbe. La pena fue que no pude hacerlo con el armario teutón, que seguía manejando barriles de cerveza a pulso y me tuve que conformar con un peñista de diseño -había que ver el modelo que llevaba, incluido el pañuelo-, que pasaba por allí.

La velada nocturna, que el cuerpo no estaba para muchas jotas, la terminé en los veladores de los Porches de Galicia, que no estaban en huelga afortunadamente, y sí llenos de gente con ganas de ver lo que discurre por esa especie de pasarela de moda que es el pasadizo que queda entre las terrazas de ambos lados de la calle.

Allí, el personal se toma un refresco y se pone morado de ver y ser visto, a la espera de las primeras horas del alba. Horas que a mi me pillaron en la cama reponiendo fuerzas.


 Carolina Urdués
 Diario del Alto Aragón
 11-Agosto-1.998

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