La de Otal de Sobrepuerto fue una ronda que
no olvidaremos nunca. Tras andar dos horas y media desde el túnel de
Cotefablo (no dispone de pista de acceso), llegamos al pueblo deshabitado,
en el que los antiguos vecinos se agrupan cada año para celebrar la
fiesta. Invitaron a comer a casi doscientas personas. Nos descubrimos ante
tanta generosidad y empeño.