SASÉ

 

   Será mentira, seguro; pero hay quien dice -quien escribe incluso en los periódicos- que la D.G.A. se ha llegado a plantear como "última solución" para el problema de la "ocupación" de Sasé, la de demoler el pueblo.

    ...Adiós, pues, bosquecillo de chimeneas; adiós, solar de nuestros mayores; adiós, viejos hogares para siempre apagados. Lo que no han podido todavía el tiempo y las nieves, lo podrán la insensatez de tus guardianes y el silencio de tus hijos. Deshojada flor de la Solana, adiós.

    Pero no será verdad. No puede serlo. Seguro que esta vez Sobrarbe tiene algo que decir, y quienes una vez más pretenden decidir sin nosotros nuestro futuro, tendrán que oírnos. ¡Alto ahí!, ¡que nadie toque Sasé!. Ni unos, ni otros. Pero, menos que nadie, quien pretenda derruirlo. Vamos a sentarnos, y hablaremos. ¡Hay que hablar de tantas cosas!... Con el pueblo aún en pie y toda nuestra historia por escribir, hablaremos, si queréis, de Sasé y del resto del país; de las gentes que se fueron y no han sabido volver; de los que nos quedamos y no hemos sabido hacer que volvieran; de los recién llegados, que ni se fueron ni han vuelto, pero hoy están aquí. ...¿Estarán mañana?. ¿Estaremos nosotros?... ¿Por qué no hablamos de eso?.

    Señores de la D.G.A., custodios de nuestro patrimonio, ¿quién ha decidido que el único valor a conservar en el valle de La Solana es el forestal?; ¿quién les ha dicho que el Pirineo sería el Pirineo sin sus gentes, sin sus casas y sus canciones?. Este es nuestro país, nuestro hogar, un lugar para vivir. Que quede claro: nunca renunciaremos a vivir en él. Queremos para nuestros hijos tanto los árboles como las chimeneas de Sasé. Solana entera es un tesoro incalculable de arquitectura popular, tan valioso como el bosque que lo rodea. ¡Que nadie tale un árbol ni espalde una casa!; ¡que nadie tampoco deje que caigan!.

    Pedimos desde aquí a la Mancomunidad del Sobrarbe, a los ayuntamientos, a todo el que vive en este país, y a todo el que, aún sin vivir en él lo ama, que antes de que el rumor de la demolición de Sasé vuelva a oírse, se haga saber a quien corresponda que ésa es la única solución que jamás aceptaremos.

    Es hora de unirnos, gentes de la montaña, y reconocer que tenemos un grave problema (y no precisamente la "ocupación" de un pueblo tristemente "desocupado"). Si no conseguimos frenar a quienes pretenden hacer de nuestro hogar una simple "reserva natural" que visitar -no donde vivir-; un "paraíso" sin gente ni historia, no habrá futuro para nosotros. Si, por el contrario, logramos entre todos un proyecto de desarrollo armónico, donde se respete el medio natural respetando antes que nada al pueblo que en él habita, tendremos no sólo porvenir, sino también árboles y chimeneas humeantes. Una gran casa -se llame o no Sasé-, donde habrá sitio para todos. ¡Vamos a intentarlo juntos!

 

"La Ronda de Boltaña", 31 de octubre de 1997.