



Avanza despacito octubre, -un año hace ya...- y hoy vuelve a llover sobre las montañas, como si el otoño tuviera ojos y memoria para llorarte. Yo sí los tengo, pero no quisiera llorar. Ni recordarte. Preferiría cantar, cantarle a ese perdido país que tú y nosotros y tantos más teníamos a medias, y saber que a miles de kilómetros hacia el este o el oeste, pero siempre a ocho mil metros por encima, tú le cantabas también -y todavía-. Pero no me sale la voz. Y la de la lluvia es hoy una música tan triste... Haré, pues, como el otoño, -y no quisiera-: escuchando llover en tus montañas, llorar despacito con octubre, y no olvidarte.
La Ronda de Boltaña.
Octubre de 2002