Bajo dos
tricolores.

 

La  Ronda
de  Boltaña
País de anochecida
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Hay imágenes
que resultan tan dolorosas y bellas
que cuando te asaltan -sea en mitad de la noche o entre las lineas
de algún aburrido documento de los del trabajo-, ya no sabes si las has visto realmente o aca-
ban de escaparse -con esos venenosos y rojos labios de parisina que imploran un beso, y la
camisa de fuerza aún puesta- del estremecido país de anochecida
de un sueño.
Recortado contra el cielo de la tarde de París -es un 24 de agosto,
el de 1944- uno de los primeros tanques de la División Leclerc en-
tra en la ciudad por fin liberada. Sobre la torreta ondean dos ban-
deras: la tricolor francesa con la cruz de Lorena de la Resistencia,
y la desgarrada tricolor de un país que ya no existe, la República
española. Sobre el metal que arde, con letras blancas y apresura-
das, hay escrito un nombre: "Belchite", "Ebro", -..."Teruel" tal
vez.-
...Yo, a veces, leo -o sueño leer-: "Bielsa". (...y entonces lloro,
¡siempre lloro!)
Un paso atrás (...aunque dicen que el tiem-
po es espiral y no hay detrás ni habrá de-
lante en la memoria. Sólo -chira que chira-
una culebra de días, sobre sí misma "chira chirando".)
Aragnouet, Vallée d´Aure (uno de Les Quatre Vallèes, antiguo feudo
de la Casa de Aragón). Junio -nunca sabré el día- de 1938, en el Piri-
neo francés. La "condesita del Sobrarbe" -otra y siempre la misma-
sonríe tímida a la cámara del fotógrafo, su madre a un lado y su rubia
muñequita al otro, entre los marciales y tripudos gendarmes que co-
mo su desgraciado país -¡que no quería ver la que se le venía enci-
ma!- miran hacia otra parte.
Madre, hija y muñequita acababan de dejar detrás lo que no sale en la foto, lo que la canción
os intenta contar.
La ventisca de aquella helada primavera -que moría llorando sangre como la agonizante espe-
ranza de un pueblo derrotado-, borró en el Puerto Viejo de Bielsa sus huellas.
Nunca lo hará de nuestra memoria.
Alix 1938